Colonia

Colonia, Köln en alemán, fue el punto de partida de un perfecto viaje que hicimos el pasado Septiembre.

Pero, ¿que nos ha llevado por aquí?

Buscando algún lugar de Europa en el que los vuelos no estuviesen por las nubes, dimos con una combinación muy buena y barata: salida de Málaga a Dortmund y vuelta desde Bruselas a Málaga. Así que bombilla encendida y a planificar un buena ruta durante una semana que abarcaba Alemania, Holanda y Bélgica. Todo muy comprimido pero planificándolo bien podríamos visitar bastantes ciudades.

Sólo tendríamos un día para Alemania y leyendo experiencias de otros viajeros, Dortmund no se veía muy interesante, vamos que en principio no había mucho que ver. Así pues, a buscar alguna otra ciudad cercana más atractiva, como por ejemplo Colonia.

¡¡Con la ruta ya hecha sólo faltaba disfrutar del viaje!!

Avión

Llegamos al aeropuerto de Dortmund, desde donde iríamos en autobús dirección a Colonia, cosa que al final no fue así. Hay que decir o que eramos muy torpes o bien no nos enterábamos de nada. Conclusión, una mujer española muy maja nos ayudo a llegar a la estación de tren Holzwickede, cambiando lo planes: tren en lugar de bus. Ventajas, llegaríamos 1 hora antes, desventajas, pues como no, el precio.

Llegamos a Colonia sobre las 13:00, entrando por el puente más famoso de la ciudad, el Hohenzollernbrücke y con la omnipresente Kölner Dom dándonos la bienvenida.

Pero, ¿que sabemos de Colonia?

Colonia es la cuarta ciudad más grande de Alemania (y de las más antiguas) y está dentro del Estado Federado de Renania del Norte-Westfalia, muy próxima a la frontera de Bélgica y Holanda. Situada a orillas del Rhin, el río se convierte en el pilar de la ciudad, con paseos o restaurantes a lo largo de la ribera.

Los inicios de la ciudad se remontan a la época romana, donde se convirtió en una importante ciudad fronteriza, llamada Colonia Claudia Ara Agrippinensium, conservando el nombre hasta la actualidad. Estas raíces romanas están aún presentes gracias al Museo Romano-Germánico, en pleno centro de la ciudad.

En la edad media, la ciudad cobró una gran importancia comercial y universitaria, gracias a su privilegiada ubicación. Ya, a principios del Siglo XX, Colonia, al igual que otras ciudades de la región, eran importantes zonas industriales, provocando el peor momento de su historia: los bombardeos de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. La ciudad quedó totalmente destrozada, salvándose de milagro la Catedral.

Foto tomada de: http://www.flickr.com/photos/recuerdosdepandora

Una imagen vale más que mil palabras.

Retomando el viaje, tocaba hacer el check-in en nuestro alojamiento, el Hostel Die Wohngemeinschaft. El hostel pintaba muy bien, ya que cada habitación era temática (ambientadas en la india, áfrica, el espacio, etc.) y la verdad que por el precio que no salió (20 € por persona) no estaba nada mal. ¿Qué habitación nos tocaría?

IMG_5656

Pues esta fue nuestra habitación, unas camas que eran maletas y muy amplias para ser un hostel.

Con todo ya gestionado quedaba lo importante, patear la ciudad.

Fuimos directo al centro, pero en lugar de coger el tram, lo hicimos andando que es como mejor se ve una ciudad y además tampoco era mucho, unos 20 minutos.

Pronto ya estábamos en la zona comercial de la ciudad, con cientos de tiendas. Eso si, nosotros pasamos de largo, porque de comprar poco 😦

Una calles más y ya estábamos en la parte vieja o Altstadt de Colonia. Ya si parecía una ciudad alemana. Hay que considerar, que al ser una ciudad totalmente reconstruida, se ha conservado o respetado muy poco de lo que había antes, siendo en gran medida edificios sosos o funcionales, por ello no esperéis un casco viejo gigantesco, porque no lo hay.

En la foto, tenemos al fondo la Iglesia Románica de San Martín el Grande, cuyas torres marcaron durante muchos siglos el punto más alto de la ciudad y es junto a la Catedral de Colonia los edificios que marcan el skyline de la ciudad.

Caminando unas calles más, llegamos a la ribera del rio Rhin, con la plaza más bonita de la ciudad, Fischmarkt, en la que varias casas coloreadas la convierten un unos de los puntos más fotogénicos de la ciudad. La plaza está llena de animados restaurantes, aunque en la foto no haya ni un alma.

La siguiente parada era sin lugar a dudas el punto más importante de la ciudad y seguramente la razón por la que se eligió Colonia: su Catedral.

Con casi 160 metros de alto por cada torre y 150 metros de largo, os podéis imaginar la grandeza de este edificio de estilo gótico. La plaza no era precisamente pequeña y aun así no entraba dentro del rango focal. Me las tuve que ingeniar para conseguir encuadrarla en tres tomas y unirlas posteriormente, pero no me puedo quejar con el resultado.

Se empezó a construir en 1248 y se acabó en 1880, menos mal que después de tanto tiempo no fuera destruido 60 años después durante la II Guerra Mundial. Pero ojo, no es que a los aliados le gustase esta catedral, sino que la utilizaban como punto de referencia para bombardear los puntos estratégicos de la ciudad. Cosas del destino.

La entrada al interior es gratuita, aunque ciertamente, no es tan espectacular como las que tenemos en España. En su interior “se suponen” que están las reliquias de los Reyes Magos, ya es cosa tuya que te lo creas. Por otro lado, todas las vidrieras tuvieron que ponerse nuevas, ya que ninguna sobrevivió por culpa de las vibraciones de las bombas.

Vista la catedral tocaba merendar un poco, ¿no? Así que buscando algo típico dimos con estos lazos de hojaldre muy pero que muy ricos.

Con las fuerzas ya repuestas, era la hora de buscar la “foto” de la ciudad, cruzando al otro lado del río a través del Hohenzollernbrücke, o cómo lo suelen llamar, el puente de los candados.

El Hohenzollernbrücke es el puente con mayor tráfico ferroviario de Alemania y tiene dos pequeñas pasarelas peatonales a los lados que te permiten cruzar al otro lado del río. Es en una de ellas, donde están colgados miles y miles de candados. Cierto es que antes me sorprendía, pero cuando vas viendo que hay un puente de este tipo en cada ciudad, te acostumbras.

Justo al llegar al otro lado, se tiene la mejor panorámica de la ciudad, un pequeño mirador con el puente de hierro y todo el skyline de la ciudad. Esta era la “foto” que buscaba. Pero yo quería más y rezaba para que las nubes diesen un respiro y saliese algo de sol para un atardecer mágico.

Y sí, salió el Sol pero también salió un nubarrón que descargó todo al agua que no había caído en todo el día.

Ahí estábamos los dos, en medio de la nada sin ningún lugar para resguardarnos esperando a que parase de llover. La duda era, nos vamos y ya en otra vida haces la foto o aguantamos como unos bellacos.

¿Qué creéis que pasó?

Se hizo, no me podía permitir dejar pasar esta imagen, aunque nuestros piececitos mojados no estaban tan conformes.

Con todo el pescado vendido, era la hora de cenar y probar la cerveza típica de Colonia, la Kölsch, porque visitar Alemania e irte sin degustar la cerveza, es pecado capital. Nos metimos en la cervecería Brauhaus Sünner Im Walfisch, vamos en la primera que pillamos que tuviese pinta alemana. ¡Esto si que era Alemania!

Con el gaznate bien refrescado ya si tocaba ir a dormir que al día siguiente había que poner rumbo a Ámsterdam.

Llegamos a la estación de trenes con la pena de no haber tenido más tiempo para catar la ciudad, pero sabiendo que Colonia sólo era el prólogo de lo que se avecinaba.

¡¡Nos vemos en Ámsterdam!!

Más: Galería completa de fotos.

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