Wexford

Ponemos rumbo a Irlanda, o como la suelen llamar, la “Isla Esmeralda” y no hay que ser muy listo del por qué de ese nombre: Irlanda es verde, muy verde y para un andaluz como yo, mola y mucho. No sabría como describirlo, pero cuando me encuentro con paisajes como éste, con tantos ríos o lagos, me quedo embobado.

La excusa del viaje no era más que la visita de una amiga de Lorena que llevaba varios meses trabajando de Au Pair (niñera) en el Condado de Wexford. En un país con una natalidad tan alta como Irlanda y un país como España con tan pocas salidas laborales, hacen que Irlanda esté repleta de españoles recién graduados y desperdigados por estas tierras. En fin, ese es el camino que tenemos que tomar… pero bueno, dejemos para otra ocasión el arreglar el mundo y vayamos al ajo del asunto.

El viaje sería corto y tendríamos 1 día para visitar Wexford y 2 días para Dublín, dejando para otra ocasión algunos de los must de Irlanda, como son los acantilados de Moher, la Calzada de los Gigantes o las Wicklow Mountains. Sólo se una cosa, Irlanda nos encantó y estoy seguro al 100 % que volveremos y tacharemos de la lista esos rincones.

¡Vámonos a Wexford!

¿ Cómo llegar?

Wexford se sitúa en el sureste de Irlanda, a unos 130 km y desde el mismo aeropuerto de Dublín varias compañías cubren la ruta de unas 3 horas de duración:

    • Wexford Bus: 20 € billete sencillo o 29 € si compras ida y vuelta.
    • Bus Êireann: 23 € billete sencillo o 36 € si compras ida y vuelta.

Llegada al Condado de Wexford

Una vez llegamos a la ciudad, ya nos estaban esperando y lo que es ver la ciudad poco la veríamos, ya que nos dirigíamos un poco más al Oeste en medio de la nada, cerca del pequeño pueblo de Wellingtonbridge.

Nuestra amiga vivía en una pequeña granja, pero al llegar de noche, allí no se veía nada, todo estaba muy oscuro, pero lo que si estaba claro es que era un lugar muy muy tranquilo. Dejamos el equipaje y directo a uno de los tópicos de Irlanda: sus pubs.

Primera Guinness al canto y a relajarse un poco después de un día tan duro de viaje.

Pero ¿que sabemos de Wexford?

Yo la verdad que conocía bien poco y buscando un poco por internet, esta zona es conocida por tener un clima un “poco más dulce” que al del resto de la isla y donde sus playas son protagonistas, sobre todo desde que Steven Spielberg las eligiera para rodar las escenas del Desembarco de Normandía en Salvar al Soldado Ryan.

Lo que no hay duda, es que todo transmitía autenticidad, no era el típico sitio turístico y eso a veces se agradece.

Nos levantamos bien temprano y al mirar por la ventana ya nos dimos cuenta donde nos habíamos metido: pequeñas parcelas con granjas que se sucedían una tras otra, pero eso sí, también con una casas que para nada eran simples.

Era la hora de montarse en el coche para descubrir los secretos de Wexford. ¿Nos sorprendería?

Johnstown Castle

La primera sorpresa del día, un precioso castillo/palacio eclipsado por unos jardines casi tan bonito como éste.

El castillo, que ha sido el hogar de dos familias de Wexford muy importantes, adquirió su aspecto actual hace un par de siglos. Además, fue complementado con unos jardines repletos de árboles, estatuas y un lago estratégicamente ubicado para reflejar la grisácea fachada del castillo.

La gran variedad de especies de árboles que conforman el jardín, da unas tonalidades de color diferente en cualquier época del año, así que lo mejor es contemplarlo tomando los varios senderos que recorren el recinto.

El castillo fue donado a la nación irlandesa en 1945 y hoy día alberga el museo de agricultura irlandés. Nosotros sólo visitamos los jardines, que encima para el mes de Febrero era gratuito.

Para más info:  www.irishagrimuseum.ie

Tintern Abbey

Nos desplazamos un poco más al Oeste para la segunda sorpresa del día: Tintern Abbey.

Esta abadía, que está en ruinas, describe el típico paisaje irlandés que a uno se le viene siempre a la cabeza: la de un castillo/abadía semi-derruido con un río o lago de fondo.

Y qué os puedo decir, a mi me encantó, tanto las ruinas, como el entorno; con el río cruzando un puente de piedra y desde donde parten varios senderos que recorren toda la zona.

En cuanto a la abadía en sí, llama la atención que fue construida en el año 1.200 por William Marshal, Conde de Pembroke, que durante su visita a Irlanda, se vio envuelto en una tormenta que casi le hacía naufragar. El prometió que allá donde pudiese atracar de forma segura, construiría una abadía. Una vez construida, fue colonizada por monjes de la Orden del Císter, pero no sólo ellos residieron en la abadía, pasando también por manos de familias muy importantes.

Cuantas historias y sucesos esconderán sus centenarios muros…

¿Alguien se apunta a una noche de misterio?

Duncannon Beach

Seguimos recorriendo el Condado de Wexford hacia el Oeste, llegando a Duncannon, un pueblo limítrofe con el Condado de Waterford.

Duncannon es un pequeño pueblo pesquero, pero es más conocido por su preciosa playa de arena fina. Destino turístico playero por excelencia en la zona, me gustaría saber cuantos días podrán realmente ir a la playa, porque yo no me veo en bañador por aquí.

Como curiosidad, en uno de los extremos de la playa, sobre un pequeño acantilado rocoso, se alza el Duncannon Fort, una fortaleza que es posible que te suene si has visto la película El Conde de Montecristo (2002), donde se rodaron las primeras escenas de la película.

Cabo de Hook

Abandonamos la playa y nos adentramos en el lugar más bonito o mejor dicho, más espectacular de Wexford, el Cabo de Hook.

Un lugar precioso, con rincones tan pintorescos como un pequeño muelle para barcos pesqueros rodeado de apenas cuatro casas muy antiguas.

Una única carretera se adentra hasta el final del cabo donde se encuentra desde hace muuuucho tiempo el faro más antiguo de Irlanda y uno de los más antiguos del mundo aún en funcionamiento.

El origen del faro se remonta al siglo V, cuando el misionero cristiano San Dubhán, al fundar un monasterio en la zona, necesitaba algo que ayudase a los barcos a entrar en la bahía de Waterford. Una simple baliza con un fuego alimentado con madera y mantenida por los monjes de la zona, guiaron a los barcos durante varios siglos. Fue ya en el siglo XII cuando un caballero normando construyó la torre que es posible ver hoy día.

Con tantos siglos de historia, los materiales usados han variado mucho, desde una simple hoguera alimentada a base de madera, carbón o aceite de ballena, a la electricidad de hoy día, con señales tanto lumínicas como sonoras y controlado a distancia desde Dublín.

Ponte un instante a pensar en la valentía de aquellos marineros, en un mar que rara vez está en calma y cuya seguridad dependía de esa pequeña hoguera que posiblemente poco hiciera en los días de espesa niebla. La vida en aquella época no era sencilla y mucho menos para la de un marinero irlandés.

A nosotros nos encantó y encima el mar empezó a ponerse un poco más bravo para la ocasión. Qué me gustaría poder volver para cazar el atardecer, trípode en mano y con el faro de fondo. Tiene que ser espectacular.

Sin duda fue el rincón que más me gustó del Condado de Wexford (y posiblemente del viaje). No sé, este tipo de lugares tan místicos y solitarios siempre me atraen, así que siempre que puedo, me dejo caer por alguno que haya en la zona.

¿De cuántos naufragios habrá sido testigo este faro?

Para más info: www.hookheritage.ie

Vuelta a casa

Bueno, mejor dicho, vuelta a la casa de nuestra amiga.

Nuestro bus de vuelta a Dublín salía en un par de horas y las niñas se pusieron a arreglarse un poco y a terminar de preparar las cosas. Un servidor, aprovechó para darse un garbeo por la zona, para ver que encontraba, y oye no fue nada mal.

Lo primero fue una visita a la granja del dueño.

Ahí estaban tan tranquilitas y a su ritmo, aunque había algunas afortunadas que si andaban libre por la parcela, pero poco se inmutaron al verme.

Ya fuera de la parcela, me fui encontrando con un montón de maquinaria y herramientas agrícolas oxidadas y bastante antiguas que le daban un toque más auténtico a las fotos.

Además, con tanto verde a uno no le importaba tirarse al suelo para fotografiar los detalles, vamos como podéis ver, disfruté y mucho.

 


Ya con todo listo, nos dirigimos a la ciudad de Wexford para coger el bus.

En unas 3 horas llegaríamos a Dublín, pero os aseguro que en ese momento no me hubiese importado dedicarle más tiempo al Condado de Wexford.

Sólo puedo deciros que Wexford me encantó, me sorprendió y sobre todo, merece la pena visitarla alguna vez.

Todas las fotos en su álbum de Flickr.

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