Road Trip por el Priorat de la Costa Dorada

En nuestra 3ª escapada de #descubriendocatalunya para www.minube.com, decidimos seguir con la temática que ya tuvimos en las otras dos escapadas: pequeños pueblos, casi desconocidos, enclavados en un entorno natural.

Así pues, nos lanzamos a descubrir la comarca del Priorat con el intención de recorrerla de arriba a abajo durante 3 días.

Estamos hablando de muchos pueblecitos separados unos de los otros por apenas 10 km de carreteras llenas de curvas, pero en muy buen estado. Obviamente, para disfrutar del Priorat, necesitábamos un coche y gracias a Autoclick Rent a Car, pudimos disfrutar de un flamante Fiat 500 que, a parte de ser muy fotogénico, se comportó como un campeón.

El Priorat es sobre todo conocido por su vinos, hasta el punto de tener hasta dos denominaciones de origen diferentes (DOQ Priorat y la DO Montsant) y casi un centenar de bodegas. Así pues, si eres aficionado al vino y disfrutas con el enoturismo, esta es tu tierra.

Pero el Priorat también son paisajes, con las características terrazas de sus viñedos; sus pequeños pueblos de color terracota repartidos por toda la comarca; su naturaleza con el Parque Natural de la Sierra del Montsant que hará las delicias de los aficionados al senderismo; su patrimonio con la Cartuja de Escaladei a la cabeza… y mucho más.

¡Acompáñanos a descubrir los rincones más espectaculares del Priorat!

El Masroig

No hay mejor forma de comenzar la ruta, en un comarca con tanta tradición vinícola, que visitando una de sus bodegas más importantes: el Celler Masroig.

El Celler Masroig es una de las muchas bodegas que se pueden visitar en la conocida ruta del vino de la comarca del Priorat. Con un siglo de historia, la bodega mantiene la esencia y la personalidad que sus antecesores plasmaron, acompañándolo con la innovación del presente, siendo actualmente uno de los referentes de la DO Montsant.

Pues bien, ¿qué tiene de especial el vino que aquí se produce?

Pues básicamente la tierra sobre la que se trabaja: la arcilla roja. Ésta, hace que sus vinos tengan un carácter propio ya que la luz del sol se refleja sobre la misma, afectando al proceso de maduración de la uva. Si a eso le sumamos el microclima al que están sometidos estos viñedos (al estar  rodeado de montañas), se obtiene un vino muy singular.

La visita incluye un paseo por sus viñedos, donde podrás apreciar los cambios de colores de la tierra del rojo al blanco, ya que en este terreno también cultivan otro tipo de uva. Y  por supuesto, también hay una cata de sus vinos y ya os adelantamos, que están riquísimos.

Para que la visita no sea solo beber vino, te aconsejamos que te quedes a comer allí y degustes los embutidos y dulces de la tierra, así como el “pà amb tomaquet” con el mejor aceite que también se produce en la propia bodega.

¡La buena vida! 🙂

Precio: 10 € con reserva anticipada.
Para más info: www.cellermasroig.com

Con la “panza llena” y con varias copillas de buen vino en el cuerpo, nos fuimos a dar un pequeño paseo por el pueblo.

No os vamos a engañar, el pueblo no tiene mucho que ver, así que recorriendo algunas de sus calles, habrás visto gran parte de éste.

Eso sí, párate a contemplar la Iglesia de Sant Bartomeu, que fue construida gracias al coraje y el entusiasmo de los vecinos, los cuales aportaron su mano de obra y grandes donativos para hacerla realidad.

En lugar de perder mucho tiempo en el pueblo, dirígete mejor a la Ermita de les Pinyeres, ubicada en una colina a tan solo 2 km y medio del pueblo y en pleno parque natural, rodeada de bosques.

El enclave ofrece unas buenas vistas panorámicas del propio pueblo, el Montsant, el Rio Siurana y las Tierras del Ebro.

No tendrás problema para llegar, ya que si vas en coche, en la carretera de Masroig – El Lloar, encontrarás el desvío y podrás acceder prácticamente hasta la ermita. Si tienes tiempo y te gusta el senderismo puedes llegar caminando y disfrutar de los viñedos de la zona. O si por el contrario, te animas a subir en bicicleta, desde el pueblo organizan salidas hasta la ermita e incluso hasta el yacimiento Puig Roig.

El Molar

El siguiente pueblo sería El Molar, muy cerca de El Masroig y que al igual que éste, se trata de un pueblo muy pequeñito, con apenas cuatro calles y una iglesia.

Cuando te adentras en este pequeño pueblo parece que no vas a encontrar ni a un solo habitante. Y así será, pero ¿a quién no le gusta este tipo de pueblos?.

Su economía se basa en cultivos de secano debido a la escasez de agua de la zona. Sin embargo, hasta mediados del Siglo XX, la economía se basaba en la explotación de la minas de galena, siendo la agricultura una actividad complementaria. Actualmente, estas minas están abandonadas por falta de rentabilidad económica, estando muchas de ellas llenas de agua la cual aprovechan para regar las tierras de sus alrededores.

Si bien el pueblo tiene poco que ver, a tan solo 1,5 km del municipio podrás encontrar los restos del poblado pre-ibérico del Calvario, habitado entre los siglos VIII-VI a.C.

Además, podrás disfrutar de unas maravillosas vistas desde su mirador, contemplando el pueblo y los alrededores.

El Lloar

Antiguamente, El Lloar era un pueblo de paso para los viajeros que pasaban entre el Ebro y Tarragona, y para no perder la costumbre, nosotros también vinimos a este pueblo de paso.

Se trata de otro pueblo muy pequeño (más que los anteriores), de apenas 126 habitantes que se dedican a la agricultura, cuidando sus viñedos, produciendo aceite y manteniendo sus pequeños huertecitos familiares para el consumo propio.

A pesar del tamaño de la villa, ésta cuenta con varios puntos de interés como la Iglesia o las Cuevas de los Rogerals.

Pero para nosotros, el que más nos gustó fue El Mirador del Priorat de la Calle Sant Miquel, un balcón “natural” desde donde puedes contemplar una magnífica vista del río y todos los alrededores montañosos de la zona.

La Figuera

Terminamos el primer día en La Figuera, un pueblo que gracias al terreno accidentado sobre el que está levantado, cuenta con preciosos miradores naturales que permiten admirar buena parte de la comarca del Priorat. Dicen los entendidos “que en La Figuera se puede contemplar uno de los panoramas más bellos de nuestra tierra” y razones no le faltan.

Pero antes de visitar sus miradores (Colls de Solans, el Guixar o Sant Pau), te animo a recorrer el pueblo donde una vez más, se repite el el tipismo de los pueblos del Priorat, con su color rojizo, sus calles estrechas y sus pequeños detalles.

Dependiendo de la época del año en la que lo visites, quizás los únicos habitantes que encuentres sean una manada de lindos gatitos. 🙂

El pueblo nos encantó, pero la razón por la que venimos hasta aquí, no era más que la de contemplar el atardecer desde la Ermita de Sant Pau y su espectacular mirador.

Situada tan solo dos kilómetros y medio de la población y con muy fácil acceso, la ermita nos regala unas vistas de película, desde las cuales se pueden ver los Pirineos, las tierras del Segre, las Garrigues, los Ports, el Maestrat y Aragón.

Pero aún más, se dice que se pueden llegar a contemplar las tierras de 7 provincias: Tarragona, Lleida, Zaragoza, Castellón, Teruel, Huesca y Cuenca. No es de extrañar, que durante la Guerra Civil, este lugar fuera el observatorio de la Batalla del Ebro.

Creo que poco más podemos decir viendo las fotos.

¡Espectacular!

Falset

Falset es la capital del Priorat y aunque no estaba dentro de nuestros planes (ya que buscábamos rincones más desconocidos), hicimos una breve parada.

Aunque también es verdad que la excusa era visitar la Ermita de Sant Gregori, también conocida como la “ermita “roja”. Fue sin duda el monumento que más trabajo nos costó encontrar y todo por culpa de nuestro amigo el GPS.

Sabíamos que se podía llegar en coche, así que pusimos las coordenadas y tiramos millas. Pues bien, el GPS nos llevó hacia un camino bastante complicado para acceder con el coche y tuvimos que seguir a pie. Tras 10 minutos andando montaña arriba, nos dimos cuenta que cada vez teníamos la ermita más lejos y no llegaríamos a nuestro siguiente destino.

Por suerte,  un rato más tarde, un joven nos llevó a otro acceso a la ermita mucho más sencillo.

Ahora sí que llegamos a ella.

La ermita está construida dentro de una gran roca de gres rojizo característica de la zona, con unos sorprendentes agujeros esculpidos por el viento. Justo delante, encontraréis un pequeño balconcito bastante vertiginoso que constituye un mirador privilegiado del valle de Falset.

Si sois más atrevidos y tenéis tiempo, hay varias rutas que van desde el pueblo. Una de ellas y la más conocida es el Camino de las Ermitas con la que podrás visitar Sant Gregori y Sant Cristòfol.

Minas de Bellmunt

Las Minas de Bellmunt eran durante el Siglo XIX y XX, el núcleo minero más importante de todo el Priorat. De ellas, se extraía la galena, que tras un proceso de purificación, se conseguía el plomo que tan necesario era en aquella época.

Fue durante la guerra civil y las guerras mundiales cuando la mina tuvo más trabajo, debido a la gran cantidad de plomo que se demandaba. Estuvo en funcionamiento hasta el año 1972 y tras varias décadas en abandono, es hoy día un museo para que los turistas como nosotros puedan, mínimamente, hacerse la idea de lo difícil que era la vida de un minero.

El museo está ubicado en la Mina Eugenia, la más importante y donde se localizaban todas las instalaciones como la fundición, los talleres mecánicos o la propia Casa de las Minas.

No os lo vamos a negar, estábamos ansiosos por entrar dentro de la mina, con nuestro “casco de minero” y empaparnos de las explicaciones del guía.

La visita estuvo genial  y aunque solo se recorre un pequeña parte de la mina, es suficiente para hacerse un idea de ella.

¡Nos encantó!

Precio: 7 €

Mas info: www.minesbellmunt.com

Pantano dels Guiamets

Para la tarde del 2º día, teníamos una visita muy agradable: practicar kayak en el Pantano dels Guiamets.

Este embalse recibe las aguas del torrente de Capçanes y al igual que otros muchos pantanos de nuestro país, fue creado durante la época franquista sin importar las construcciones que hubieran en ese lugar. Es por eso que, en épocas de sequía, podemos ver algunas de las ruinas de las casas que quedaron bajo sus aguas.

Para hacer kayak en el pantano, tienes que contactar con Servikayak, una pequeña empresa instalada al borde del pantano que se dedica a ofrecer a sus visitantes varias actividades en plena naturaleza, pero siempre respetando el medio ambiente y velando por la conservación y protección del entorno.

Para llegar, solamente tienes que dirigirte hacia Els Guiamets y desviarte en el cruce hacia Capçanes. A pocos metros encontrarás otro cruce a mano derecha con el cartel de la empresa. Sigue este camino hasta el final y llegarás.

Las actividades que ofrecen van desde las rutas en kayak, patinetes o barcas para la pesca, hasta paseos a caballo por lo viñedos de la zona. También organizan rutas de enoturismo, tiro con arco, actividades para los más pequeños, etc. Si todo eso te parece demasiado activo, también puedes disfrutar de las instalaciones con sus hamacas, merenderos y barbacoas que instalan durante el verano.

¡Vamos, un mal plan!. 🙂

La ruta en kayak fue espectacular y como la hicimos con los propios dueños, enriquecedora, ya que pudimos conocer la historia del embalse y algunas de sus curiosidades.

Además, como el agua estaba muy calmada y los kayaks eran muy estables, nos atrevimos a coger la cámara réflex. Un acierto, ya que los reflejos que captamos fueron preciosos.

Justo cuando estábamos terminando nuestra ruta en kayak por el pantano del Guiamets, le comentamos a Violeta (la dueña) que queríamos ver el atardecer en el pantano. Ella nos propuso llevarnos a verlo desde los acantilados que hay justo encima del embalse, y así lo hicimos.

¡Nos montamos en su coche y para allá que fuimos!.

Primero paramos en el mirador del propio pueblo de Els Guiamets, justo a la entrada del mismo.

Sería la antesala de lo que vendría después.

El sol iba bajando y había que correr mucho para llegar a los acantilados antes que atardeciese. Y sí, llegamos a tiempo.

Violeta nos llevó a la “Ruta de las Sabines”, que aunque no es oficial, es como la llaman los vecinos del pueblo.

Se trata de un pequeño camino marcado con piedras que va bordeando todo el acantilado y con varios balcones naturales que regalan unas panorámicas espectaculares.

Creo que no puede haber mejores vistas para contemplar Els Guiamets y su pantano. Encima, el cielo se puso sus mejores galas y nos brindó un atardecer de los que hacía tiempo que no veíamos.

Una ruta que no estaba entre nuestros planes y que si no hubiese sido por Servikayak, nunca hubiésemos sabido de la existencia de ella.

Sinceramente, no sabríamos deciros cómo llegar ya que el camino es bastante complicado para acceder en un coche que no sea 4×4, pero siempre podréis preguntar a Servikayak o alguno de los habitantes del pueblo y seguro que os informarán.

Ya una vez abajo, seguimos alucinado con los colores del atardecer…

¡Gracias Servikayak por hacernos pasar una gran tarde!

Mas info: www.servikayak.com

Siurana

Siurana es posiblemente, el pueblo más espectacular de toda la Costa Daurada.

Aunque ya la visitamos, durante la 2ª escapada estuvimos solo para el atardecer y apenas pudimos disfrutar del pueblo, pero volvimos enamorados de ella.

Fue por ello, que durante la 3ª escapada, no sólo íbamos a volver a visitarla, sino también, a dormir y comer en ella.

Son varios los ingredientes que han hecho que Siurana sea tan espectacular y atraiga cada vez más a los turistas.

El primero sin duda su ubicación, que al estar colgada, literalmente, de un desfiladero hace que las vistas te quiten el hipo y que las piernas te tiemblen un poco.

Y ni que decir de la carretera que da acceso al pueblo. Una carretera preciosa, de las mejores por las que hemos conducido, atravesando las paredes verticales de la Siuranella, llenas de escaladores y la razón por la que Siurana es una de las mecas mundiales de este deporte.

Seguido de la ubicación, hay que añadir lo bonito y cuidado que está el pueblo, conservando por completo la esencia rústica de antaño. Cada casa que estaba medio derruida, ha sido restaurada hasta el más mínimo detalle, siendo el pueblo una delicia para los ojos.

Para terminar, a un pueblo bonito y bien ubicado, no le podía faltar una buena historia. La historia de Siurana está llena de batallas y asedios, habiendo sido el último reducto de la reconquista en Cataluña. No faltan las leyendas, como la del salto de la Reina Mora al precipicio, que no se sabe a ciencia cierta cuanto hay de leyenda y cuanto de real.

Llegamos por la noche y fuimos directos a nuestro alojamiento, el Refugio de Siurana Ciriac Bonet, construido sobre uno de los acantilados de piedra.

Lo que más llama la atención del refugio, es la terraza del bar, justo al borde del precipicio y con unas vistas increíbles.

Ahora bien, uno está por la noche en un paraje como éste, con un cielo limpio y con una buena temperatura, ¿qué harías? ¿estás pensando lo mismo que nosotros?.

Sí, contemplar la estrellas y eso fue justo lo que hicimos.

Sin duda, fue uno de los mejores momentos del viaje.

Ahí estábamos, solos, al borde del precipicio y en un paisaje de ensueño.

Por la mañana, tocó madrugón, ya que quería contemplar el amanecer y capturar los famosos mares de nubes que se suelen formar aquí. No hubo suerte y además fue un amanecer un poco soso, sin apenas nubes.

Pero por lo menos, pude conseguir una buenas panorámicas.

Ya con el Sol bien puesto, recorreríamos Siurana de una forma muy original con Còdol Educació, una empresa que prepara todos los Sábados y Domingos unas visitas dinamizadas y teatralizadas bastante divertidas.
Mar, nuestra guía, se presentó con unas cuantas bolsas misteriosas, una cesta y una carpeta llena de monografías relacionadas con el pueblo.

Durante la visita, fuimos recorriendo los rincones más importantes del pueblo y en cada uno de ellos íbamos descubriendo “las historias de las historias”, con más de una sorpresa. No desvelaré mucho, ya que si no, no tendría gracia. Eso sí, puedo adelantar que hay historias de nazis, republicanos, artistas, geología, robos y muchas más.

¡No os podéis imaginar la de historias que guarda y esconde este pueblo tan pequeño de apenas 20 habitantes!

Más info: www.codoleducacio.com

Para terminar nuestra visita al pueblo, había que irse con un buen sabor de boca y para ello no hay mejor manera que comer de maravilla.

Así pues, reservamos en el restaurante Els Tallers para disfrutar de uno de sus menús de degustación y madre mía, ¡qué comida!.

Se trata según las palabras del propio chef Pau, de un “restaurante con hotel”, pensado para que durante la comida, no tengas reparos a probar algunos de los vinos que componen su extensa carta.

Estamos ante un restaurante de cocina creativa donde miman sus productos y cocinan acorde con las temporadas y donde además, no encontrarás la clásica carta donde elegir lo que vas a comer, sino dos menús, ambos siguiendo los mismos criterios que comentábamos antes: productos frescos y de temporada.

Con todo ello, podrás degustar en tu paladar, toda la esencia del Priorat.

Nosotros nos quedamos alucinados con la comida, todo tan sabroso, tan delicioso, tan exquisito… desde el primer entrante hasta el postre. ¡Por cierto, se nos olvidaba! En el postre pudimos disfrutar de un “showcooking” del propio chef. 🙂

Está claro que disfrutamos al 100% de Siurana y sólo podemos decir que es una pasada de pueblo. Y por favor, si aun no lo conoces y tienes la oportunidad de visitarla, hazlo.

¡No te arrepentirás!.

Cornudella del Montsant

A los pies de la Sierra del Montsant y de paso en el camino a Siurana, este pueblo es la base de operaciones de todos los escaladores que más tarde estarán colgados de las paredes verticales de la Siuranella.

Tiene dos núcleos agregados: Albarca, un pueblo prácticamente deshabitado y que durante una época, sólo tenía dos habitantes que no se hablaban; y la famosa Siurana.

Nosotros, que paramos para desayunar, decidimos dar un paseo en busca de sus edificaciones más importantes, quedándonos asombrados con una pequeña ruta de casas peculiares y tradicionales del pueblo.

Cartuja de Escaladei

Se trata del monumento más importante de toda la comarca y aunque prácticamente lo que quedan son ruinas, sólo hay que hacer un mínimo esfuerzo para imaginar la grandeza de la primera cartuja que se instaló en la Península Ibérica.

Fue levantada en el año 1194 por la Orden de los Cartujos que provenían de la Provenza francesa y, durante los siglos, los monjes poblaron las tierras, construyeron los molinos y difundieron el cultivo de la viña. El Prior, era el que mandaba en casi todas las poblaciones de lo que hoy es la zona central del Priorat, de ahí el nombre de la comarca.

Nosotros no teníamos ni idea de quienes eran los monjes cartujos y que tenían de especial. Cuando la guía nos lo explicó, nos quedamos asombrados con las condiciones a las que se comprometían éstos monjes. Vivían encerrados y aislados completamente del exterior, sin apenas contacto con el resto de los monjes y lo más increíble, sin poder hablar (solo una vez a la semana). Se trata de una de las órdenes religiosas más estrictas que existen, y si entrabas, no podías arrepentirte. Al igual que muchas de las instalaciones religiosas de toda España, en el año 1835, con la desamortización de Mendizabal, la Cartuja quedó en abandona.

Actualmente, poco a poco se están reconstruyendo algunas partes, como el refectorio o las celdas en las que vivían los monjes y en un futuro, la iglesia.

Pero sin duda, lo que más llama la atención y que se salvó de la destrucción, es el portal barroco de la Madre de Dios.

Fue una visita muy enriquecedora.

Precio: General 3,5 € / Con guía: 6,5 €.

Mas info: www.patrimoni.gencat.cat

Cabacés

Cabacés no estaba dentro de nuestros planes, pero el último día, cuando íbamos de camino al pueblo de La Bisbal de Falset para contemplar el atardecer y al ver que no nos daba tiempo, decidimos parar en este pueblo. Fue todo un acierto, ya que el pueblo es muy pintoresco y está repleto de pequeños detalles que nos encantaron.

Situado al noroeste de la comarca del Priorat, se ubica sobre una pequeña colina que sobresale entre los barrancos de las Comes y del Montsant.

Piérdete por sus calles, descubre sus rincones y enamórate de él.

Nos encantó el “porxo del pla de la Bassada”, una pequeña plaza llena de porches, muy bonita y que estaba vigilada por un gatito muy fotogénico que lo acribille de fotos.


¡Ni se inmutó!

Es curioso, porque este pueblo tan pequeño, tiene tres ermitas, la Ermita de Sant Joan dentro del pueblo; y las ermitas de San Roque y la de la Foia, ubicadas a las afueras y a las que podrás llegar dando un pequeño paseo. Desde éstas dos ermitas, podrás acceder fácilmente al Montsant, utilizando los numerosos caminos que existen.

Nosotros por falta de tiempo nos quedamos con las ganas de hacerlos. 😦

A lo que si nos dio tiempo fue a visitar su mirador, a tan solo 5 minutos andando. Lugar elegido para contemplar el atardecer y poner punto y final a nuestra aventura por el Priorat.

Fue un road trip precioso, donde no paramos ni un segundo durante los tres días y en el que nos llevamos de recuerdo decenas de bellas panorámicas e increíbles experiencias grabadas en nuestra retina.

¡Nos vemos en la próxima escapada!

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2 Comments

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  1. ¡Qué bonito todo! Tomo nota, que Cataluña es la comunidad que menos he visitado y menos conozco. Y no por falta de ganas…
    ¡Besotes!

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