Praga: día 1

Nuestro tercer día de viaje nos llevaría a una de las ciudades más bonitas y románticas del mundo: Praga.

Fueron 2 días completos en los que nos maravillamos con sus calles empedradas, su arquitectura barroca y su cautivadora atmósfera.

En el siguiente vídeo tenéis un pequeño resumen:

¡Ahora sí comenzaba de verdad la aventura del Interrail!

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El día empezó en Berlín bien temprano, pero por alguna razón, nos levantamos un poco “pachones”, desayunando muy tranquilos en el hostel, hasta que nos dimos cuenta que no llegábamos a tiempo a la estación!!!

Teníamos que ir desde el Sur de la ciudad hasta la Hauptbahnhof, la estación principal de trenes. Un trayecto que según Google Maps era de 30 minutos, justo lo que faltaba para la salida del tren. Y todo esto, ¡en hora punta!.

La única forma de llegar era utilizando el S-Bahn, el cercanías que sólo hace varias paradas dentro del centro de Berlín.

Yo quería hacer algunas fotos de la estación, considerada como una de las maravillas arquitectónicas de Berlín, pero os vais a tener que conformar con esta foto de internet. 😦

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Lo que si hubo fueron carreras muy al estilo de Jason Bourne, buscando nuestro andén en medio de toda la jungla de escaleras mecánicas e indicaciones.

No nos preguntes cómo, ¡pero lo conseguimos! Tan sólo 2 minutos después, llegó el tren.

Lorena y yo nos miramos con cara de casi la “liamos” y solamente acabábamos de empezar el Interrail.

¡Rumbo a Praga!

Si lo deseas, puedes ir directamente al punto que más te interese:

Antes de pasear por sus calles empedradas y edificios históricos, no vienen mal unos cuantos datos prácticos.

¿Cómo llegar?

Praga tiene una ubicación privilegiada,en el centro de Europa, a tan solo pocas horas de grandes ciudades como Viena, Bratislava, Dresde, y por supuesto Berlín; siendo perfecta para formar parte de una ruta viajera por centroeuropa.

Tren

Gracias esta ubicación el tren es una de las mejores opciones para llegar. Por lo tanto, suele ser una de las ciudades fijas en los itinerarios del Interrail y eso se nota en el ambiente joven de la ciudad.

En nuestro caso, el trayecto Berlin-Praga duró 4 horas y media, en un trenes muy cómodos, vamos, el estándar de los trenes alemanes.

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Autobús

Si con el tren hay conexiones, el autobús no se queda atrás y encima es más barato. Hoy en día, hay varias compañías de autobuses cómo Megabus, Flixbus o Student Agency que lo están poniendo muy fácil para viajar bien y barato.

Lo más sencillo es usar el comparador www.goeuro.es

Avión

El Aeropuerto Internacional de Praga (Ruzyne), está situado a unos 15 kilómetros al oeste de la ciudad y cuenta con 3 terminales.

Para llegar al centro desde el aeropuerto, la mejor opción es el autobús 119, que te dejará en Dejvická y desde allí, podrás coger la línea A del Metro, todo válido con un billete sencillo de transporte público.

Moverte por la ciudad

En Praga la mejor forma de moverse es pateando la ciudad, ya que las atracciones más importantes están en el centro y además, una ciudad como ésta es para disfrutarla a pie. Eso sí, llévate calzado cómodo ya que toda Praga está empedrada, incluso la acera.

No obstante, el transporte público es barato y eficiente, funcionando de manera muy similar a la de otros países del este con pasado comunista.

Con un sólo billete sencillo, podrás utilizar durante 90 minutos todos los medios del transporte público: metro, tranvía y buses.

Precio billete sencillo: 32 CZK (menos de 1 €).

Alojamiento

En Praga el alojamiento es barato y si además sueles ir a hostels ¡esta es tu ciudad!, ya que al atraer mucho al turista joven, la oferta de este tipo de alojamientos es muy amplia.

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Precisamente este tipo de turistas con ganas de marcha era lo que queríamos evitar, así que buscamos un hostel pequeño y tranquilo. Ese fue el Hostel Ahoy!, sin duda el mejor alojamiento del viaje y eso que estuvimos en unos cuantos.

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La ubicación era perfecta, fuera de todo el jaleo pero lo suficientemente cerca cómo para llegar en 5 minutos a pie. En cuanto a las instalaciones estaban en perfecto estado y el ambiente era buenísimo; sin olvidar la amabilidad del personal,  que nos lo facilitaron todo.

Lo dicho, un hostel de 10.

Moneda

En la República Checa no hay euro, siendo uno de los pocos países que todavía no han entrado en la moneda única, aunque seguramente en los próximos años lo haga.

Mientras, hay que aprovechar que el cambio es muy favorable y que los euros cunden mucho más en este país. ¡Ya lo verás!

Y la gran pregunta, ¿llevar ya el dinero cambiado desde España o cambiarlo allí?

En mi humilde opinión, lo mejor es cambiarlo allí, sobre todo si en el mismo viaje te vas a mover por más países. El centro está repleto de casas de cambio, o también puedes sacar el dinero directamente desde un cajero. Como consejo ¡no cambies ni en el aeropuerto ni en la estación de tren, espera a llegar a la ciudad! Lo único, consulta a cuanto está el cambio y asegúrate que no te aplican uno muy desfavorable. Esto fue lo que hicimos nosotros.

Por cierto, el símbolo de la moneda es , Koruna Česká en checo.

¡A gastar!

Historia

La historia de Praga y la República Checa en general, daría para escribir cientos y cientos de párrafos, ya que debido a su posición geográfica, ha estado envuelta en multitud de guerras, ocupada por imperios y sus límites han ido cambiando durante los siglos.

Hay que tener presente que la República Checa está dividida en dos regiones: BohemiaMoravia. Praga se ubica dentro de Bohemia, nombre que viene de los boios, las primeras tribus (de origen celta) que habitaron la zona, allá por el año 400 a.C.

Durante los siguientes siglos, la zona sufrió invasiones por parte de los germánicos, eslavos y avaros, pero aun así, consiguieron que a principios del siglo IX, una ciudad se asentara: Praga.

Durante los siguientes siglos, varias dinastías reinaron el territorio y daría para grabar varios capítulos de “Juego de Tronos”.

Saltándome todos estos siglos (en el siguiente enlace podéis conocerlos con más detalle: www.lonelyplanet.es ) me traslado a principios del siglo XX, justo al final de la I Guerra Mundial. El final de esta trajo la independencia de los checos, tras siglos de ocupación del Imperio Austro-Húngaro.

Bajo la unión de Bohemia, Moravia y Eslovaquia, nació Checoslovaquia. Fueron años venideros, hasta que Hitler invadiera la zona en el año 1939. Llegaban tiempos duros y cómo no, gran parte de población judía y gitana de Praga fue asesinada.

No fue hasta el año 1945, cuando los soviéticos “salvaron” la ciudad, expulsando a los alemanes. Los checoslovacos, vieron con buenos ojos la ideología soviética y pronto el Partido Comunista llegó al poder.

Mal empresa, ya que los comunistas fueron poco a poco eliminando toda oposición, transformando el país en un Estado estalinista. Los malos tiempos volvían de nuevo, con ejecuciones y envíos a campos de exterminio a todos aquellos que se enfrentaran al régimen.

Tras la muerte de Stalin, la opresión se suavizó un poco, llegando el llamado “socialismo con rostro humano”. Se concedieron más libertades individuales, se suprimió la censura y en general, se mejoraron los derechos de los habitantes.

La U.R.S.S se asustó y eliminó de un plumazo el movimiento, dando de nuevo un paso atrás. Los checoslovacos tuvieron que aguantar dos décadas más de régimen comunista, hasta que en 1989, en plena caída de la Unión Soviética, se produjo la Revolución de Terciopelo, en la que 750.000 personas se manifestaron en el monte Letná pidiendo la caída del gobierno comunista. Lo consiguieron y Havel, uno de los líderes del movimiento, se convirtió en el Presidente.

Unos años después, en 1993, checos y eslovacos se separaron, creando dos Estados independientes: la República Checa y Eslovaquia.

Desde este momento, el país ha ido evolucionando, entrando incluso en la Unión Europea y modernizándose cada vez más. No obstante, los vestigios de la época comunista todavía se mantienen. Sólo hay que salir un poco del centro histórico para comprobarlo. Pero por suerte, su casco antiguo ha conseguido conservarse para deleite de nosotros, los turistas. 🙂

Ahora que ya sabemos algo más de Praga, es hora de recorrerla, ¿no?

Breve paseo por el Moldava y la Casa Danzante

Nuestra primera toma de contacto con la ciudad fue un pequeño paseo a lo largo del río Moldava, hasta llegar al icono más moderno de Praga: la Casa Danzante (Tančící dům).

Este edificio, levantado en 1996, fue símbolo del abandono de la época soviética. Construido sobre el solar en el que hasta la II Guerra Mundial había una casa señorial. En su día generó mucha polémica, ya que los vecinos lo veían como una estructura que rompía con la estética del barrio.

Finalmente, el proyecto se llevó a cabo, donde los arquitectos tuvieron total libertad, dando rienda suelta a su creatividad y diseñando unos de los edificios más conocidos y originales de Europa.

No hace falta tener mucha imaginación para ver los dos edificios “bailarines”.

Finalmente, tuvieron que darle la razón al proyecto, ya que dinamizó bastante la zona.

Además, hay que decir que el edificio se ha integrado perfectamente en la ciudad.

Monte Petřín

Cruzando el río Moldava, ponemos rumbo al Monte Petřín la zona verde más importante y extensa dentro de la ciudad. Está situado al Oeste, al otro lado del río y junto a la zona del Castillo.

En la Edad Media, esta colina formaba parte de los bosques que rodeaban la ciudad y su parte más meridional era una tierra de viñedos. Estos viñedos se fueron reemplazando poco a poco por árboles frutales que hoy día se mantienen, siendo la zona un lugar agradable y perfecto para desconectar de la ciudad.

Para acceder a los 318 metros de altura del monte, tendrás que utilizar alguno de los serpenteantes senderos, llenos de escaleras, que parten desde su base, poniendo a prueba tu nivel físico.

Pero que no cunda el pánico, ya que también podrás subir en el funicular que parte desde la calle Újezd, muy cerca del río. Esto fue lo que hicimos nosotros, que el viaje era muy largo cómo para ir subiendo a los sitios a lo loco.

Podrás cogerlo con un billete sencillo de transporte público.

Una vez arriba, la Torre Petřín te espera. Esta torre fue construida en 1891, para la exposición de Praga y es casi una copia de la Torre Eiffel, pero en una versión mucho más pequeña.

Para subir al mirador, tendrás que subir 300 escalones, aunque eso sí, la subida merecerá la pena por las increíbles vistas.

El precio del mirador son 120 CZK (aprox. 5 €).

Nosotros decidimos no subir. Sí, ese día íbamos un poco vagos, pero que no os preocupéis, teníamos pensado otro mirador mucho más secreto y ¡gratis!. 🙂

Pero en el Monte Petřín hay mucho más que ver a parte de su torre.

Por ejemplo, a la salida del funicular, hay un observatorio, o un poco más abajo un laberinto de espejos que harán las delicias de los más pequeños.

La Rosaleda (Růžový sad) que hay al lado del observatorio, también es preciosa y si coges algunos de los senderos, podrás ver algunas partes que aun se conservan de la Muralla del Hambre, construida en 1360 por Carlos IV, para dar trabajo a los desocupados que se morían de hambre.

Justo al lado de donde se coge el funicular, hay un Monumento a las Víctimas del Comunismo, una serie de esculturas que conforme se va avanzando van perdiendo partes del cuerpo. Simbolizan la pérdida que supone para el ser humano el vivir bajo un régimen totalitario, la verdad es que da un poco de grima y no está exento de polémica.

Como podéis ver, es un rincón para dedicarle tiempo, mínimo un par de horas.

Nosotros abandonamos el parque por el barrio de Malá Strana, dando una pequeña vuelta por la zona aunque no entramos mucho en detalle, ya que al día siguiente teníamos pensado visitarlo en condiciones.

El Muro de John Lennon

Donde si nos paramos un rato, fue en este pequeño tributo al cantante de los Beatles. Cuando John Lennon, venerado como un héroe para los pacifistas, fue asesinado en la puerta de su casa de Nueva York (el 8 de Diciembre de 1980), en muchos puntos del planeta surgieron improvisadas muestras de homenaje.

En Praga, apareció pintado en este muro un retrato de John Lennon y varias frases de algunas de la canciones de los Beatles, canciones que estaban prohibidas en los regímenes comunistas, del que el país formaba parte en aquellos años.

El muro no tardó mucho en llenarse de mensajes desafiantes a las autoridades, denunciando la opresión del régimen sobre el pueblo y el ansia de libertad, pero eran borrados al poco tiempo por la policía comunista. ¡No importaba, volvían a aparecer!

Hoy día, el muro es una atracción turística más, pero para los checos es más que eso, es un monumento hacia la libertad de expresión y al recuerdo de una generación que luchó por sus derechos.

Puente de Carlos

El Puente de Carlos (Karlův most en checo) es el más bonito de Praga y seguramente está en el top de los más bonitos del mundo. Y no es para menos.

Con 500 metros de largo y 10 de ancho, atraviesa el río Moldava, une la Ciudad Vieja (Staré Město) con la Ciudad Pequeña (Malá Strana) y fue construido por Carlos IV en 1357, reemplazando al puente de Judith, que quedó destrozado por una gran inundación.

El puente, de piedra oscura, es una preciosidad y contiene 30 estatuas de estilo barroco que se suceden una tras otra, aunque hoy día sólo son réplicas, estando las originales expuestas en el Museo Nacional.

La más famosa es la de San Juan de Nepomuceno, donde precisamente fue arrojado al río. La tradición dice que quien pide un deseo poniendo la mano izquierda en la base de la estatua, se le cumplirá.

Además, en cada uno de los extremos del puente hay una torre, la de la Ciudad Vieja  y la de la Ciudad Pequeña. En ambas se pueden subir y obtener una vistas buenísimas, eso sí, pagando unos 90 CZK (aprox. 3 €) y 50 CZK (aprox. 2 €) respectivamente.

No hace falta decir que es el lugar más fotografiado de Praga y que siempre estará a rebosar de turistas, vendedores con pequeños puestecillos y artistas callejeros ambientando el paseo.

¡Te encantará el ambiente!

Aunque eso sí, si quieres tranquilidad y fotografiarlo en todo su esplendor, tendrás que levantarte muy temprano o visitarlo por la noche.

A esa hora, el puente será para tí sólo. 🙂

Antiguo Cementerio Judío

De camino al mirador en el que teníamos pensado ver el atardecer, pasamos por uno de los rincones mas curiosos de Praga: el Antiguo Cementerio Judío.

El cementerio está ubicado en el Josefov, el barrio judío, ubicado justo al norte de la plaza de la Ciudad Vieja. El barrio, repleto de sinagogas y centro de la vida judía, consiguió sobrevivir a la ocupación nazi ya que Hitler lo quería convertir en el museo de la raza extinta.

Hoy día, la zona está repleta de tiendas y boutiques de lujo, además de poder hacer un recorrido visitando las 6 sinagogas que se han conservado.

Pero, ¿qué tiene de especial este cementerio?

Durante más de 300 años, este lugar tan pequeño, era el único punto donde estaba permitido enterrar a los judíos en Praga. Debido a la falta de sitio, los enterramientos se hacían encima de otros, con su respectiva lápida. Se estima que pueden haber unas 100.000 personas enterradas en el cementerio.

El resultado salta a la vista y cierto es, que es un poco tétrico.

El problema, es que para visitar el cementerio hay que sacarlo con la entrada conjunta de las sinagogas, que cuesta 480 CZK (aprox. 18 €). Un precio excesivo si sólo te interesa el cementerio o bien si vas muy justo de tiempo, como nosotros.

Lo que hicimos, fue asomarnos por una pequeña verja que da a la calle y en la que se puede ver una parte del cementerio.

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No es lo mismo que pasear tranquilamente por el recinto, pero algo es algo, ¿no? 🙂

Parque Letná

Cómo solo íbamos a poder disfrutar de un atardecer (el segundo día cogeríamos el tren nocturno), había que acertar sí o sí con el sitio.

En Praga rincones para contemplar el atardecer sobre la ciudad no faltan, gracias a las varias colinas que rodean el centro. Están las clásicas vistas desde el Monte Petřín, o desde el Castillo de Praga (Pražský Hrad) pero en una de las guías que leí, vi una foto del atardecer que me encantó, busque la ubicación y decidí que desde aquí lo veríamos: el Parque Letná.

Nos arriesgamos y acertamos.

¿Cómo es posible que este rincón pase casi desapercibido?

Todo hay que decirlo había muy pocos visitantes, y es que una ciudad tan frecuentada y repleta de turistas, como Praga, se agradecen estos rincones sobre todo en los atardeceres.

Lo que si había era un gran ambiente con gente joven, algunos con sus skates y otros simplemente disfrutando de una buena cerveza praguense,  escuchando la música en vivo del único bar que hay arriba. Tampoco faltaban las parejas de enamorados. Estaba claro, que era otro tipo de Praga, la Praga más tranquila y local.

¿Y por qué me gustaron sus vistas?

Porque desde aquí uno consigue tener una perspectiva completa de todos los puentes que hay sobre el río Moldava, entre ellos el de Carlos.

Para llegar a este mirador, dirígete hasta el final del barrio judío, cruza el río y sube por las escaleras. Son un poco largas, pero el esfuerzo como he dicho, merece la pena.

La noche cayó sobre Praga y aprovechamos para hacer algunas fotos nocturnas de la ciudad. Algunas ya las he mostrado y en el siguiente post veréis el resto, pero adelanto que quedaron muy chulas. 🙂

Es la hora de ir a dormir.

¡Nos vemos en el siguiente post!

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