Muntanyes de la Costa Daurada: recorrido por sus pequeños pueblos y …

En nuestra 2ª escapada de #descubriendoCatalunya, teníamos claro que queríamos conocer pequeños pueblos que estuvieran en un entorno rural y montañoso. Así que buscando en el mapa, dimos con la zonas de las Muntanyes de la Costa Daurada, repleta de pueblos y naturaleza.

¡Era justamente lo que buscábamos!.

Estamos hablando de pueblos muy pequeños, de apenas un par de miles de habitantes y poco explotados turísticamente hablando. Si a esto le sumamos la gran cantidad de senderos, caminos y pequeñas carreteras que unen cada una de las poblaciones, lo hacen perfecto para disfrutarlo a pie, en bicicleta o en coche.

Vamos, ¡el lugar ideal para descubrir rincones y desconectar de todo!

Pero un momento, os preguntaréis que es lo del “y…” del título, ¿no?.

Es una sorpresa, pero os adelanto que es otro pequeño pueblo, que aunque no forma parte de las Muntayes de la Costa Daurada, está muy muy cerca. Será el premio de llegar hasta el final de este post y ojo, ¡merece mucho la pena! 🙂

¡Súbete al coche, que nos vamos de ruta!.

Prades

Empezamos con el pueblo conocido como “vila vermella” (la villa roja), obviamente por el color de la piedra los edificios, una piedra rojiza del triásico que abunda en los alrededores.

Situado en el centro de las Muntanyes de Prades, es posiblemente el pueblo más importante de todos los que forman parte de las Muntanyes de la Costa Daurada. No obstante, fue durante la Edad Media su época más fructífera gracias, en parte, a su importante mercado de ganado.

La mayoría de sus elementos medievales han desaparecido, como el castillo, que apenas quedan unas ruinas; o su muralla, de la que sólo se conserva una pequeña parte. No obstante, este ambiente aún perdura entre sus pequeñas calles y plazas, siendo bastante agradable perderse por ellas.

Muy bonito el Planet del Pont, que junto al de la plaza principal, son las únicas puertas de acceso que se conservan de la antigua muralla. Pero sin duda el rincón más espectacular de Prades es su plaza principal, con sus porches repletos de restaurantes, la iglesia y su fuente esférica renacentista.

Capafonts

Muy cerca de Prades y tras recorrer una carretera preciosa, llegamos a Capafonts, un pueblo perfecto para pasar un buen rato rodeados de naturaleza. Así que si te gustan las excursiones, éste es tu pueblo, ya que hay una gran cantidad de senderos para recorrer. De hecho, el propio nombre del pueblo hace referencia a la gran cantidad de fuentes que hay en sus alrededores, siendo la “Font de la Llúdriga” la más conocida y abundante. En verano podrás disfrutar de su clima moderado, sin embargo, si lo visitas en invierno abrígate y déjate llevar por sus olores de chimenea.

Además de las rutas, el pueblo tiene varios puntos de interés, cómo el antiguo horno de pan del pueblo, hoy hecho museo, pero que estuvo en funcionamiento hasta el año 1985. Se recorre con una visita guiada en la que te explicarán minuciosamente, como Isidro (su último dueño) se las apañaba sin agua corriente y con herramientas que prácticamente eran de otro siglo.

Abandonando el pueblo y con una pequeña caminata de 2 km, llegarás al Santuario de Barrulles, ubicado en plena naturaleza, aunque para los más vagos como nosotros, también es accesible en coche.

Sin duda, este pequeño pueblo  tiene bien merecida una visita.

Ah, ¡no olvides probar sus magníficos quesos y embutidos!

La Febró

Muy cerca de Capafonts, en el valle alto del río de Siurana, encontramos el pequeño pueblo de La Febró, un pueblo que también destaca por su naturaleza y tranquilidad.

Desde él parten numerosas rutas, casi siempre con el objetivo de llegar a algunas de las pozas o las famosas  “Avencs” o Simas de La Febró, disfrutando de su maravilloso entorno. Nosotros, por falta de tiempo, nos quedamos con las ganas de hacer algunas de éstas rutas, pero no tengáis dudas de que las haremos. 🙂

Como monumento arquitectónico, destaca la iglesia parroquial de San Esteve. El resto, son pequeñas callejuelas, prácticamente vacías, en las que si te cruzas con alguien, seguramente sea algún senderista que venga o vaya a las rutas que antes comentaba.

Arbolí

Situado en el suroeste de las Muntanyes de Prades, este pequeño pueblo está enclavado en un terreno muy accidentado, entre la Sierra de Colls y el barranco de Arbolí. Como dije antes, es muy pequeño, pero eso no quita de que sea pintoresco y que sus rincones merezcan una visita.

A parte de la iglesia, podrás observar algunas casas muy antiguas, como la Ca l’Arrel, la más antigua, situada en el propio Carrer Major. Además, fíjate en los cartelitos de barro personalizados que cada casa tiene en su puerta. Estos son los detalles que nos encantan.

Pero si hay algo por lo que realmente es conocido el pueblo, es por ser uno de los destinos más importantes de escalada de España, aunque también, el estar muy cerca de Siurana, ayude un poco. Por ello, la gran mayoría de los visitantes vienen a Arbolí en busca de sus paredes verticales y vías ferratas. Cómo no, el refugio del pueblo está dedicado a ellos, con un letrero hecho a base de cuerda de escalada y mosquetón de adorno.

No soy muy entendido en escalada, pero por lo que se ve, hay vías para todos los niveles. ¿Quién sabe?, a lo mejor algún día volvemos y nos animamos a escalar alguna piedrecilla. 🙂

Lo que sí hicimos, fue subir a la Ermita de Sant Pau siguiendo las indicaciones de uno de los carteles, que según éste, eran unos 10 minutos montaña arriba.

¿Cuál fue la sorpresa? Pues que el que hizo la medición del trayecto o es un especialista en trekking o nosotros somos más lentos que una tortuga. 🙂

Tardamos un poco más en subir y la subida no era precisamente fácil, pero oye, ¡que lo pasamos genial!

Y tras llegar arriba, ahí estaba la ermita y con unas vistas espectaculares tanto del pueblo como de las montañas de la zona.

Alforja

Dejamos las montañas atrás por un momento para poner rumbo a dos localidades con un relieve mucho menos accidentado: Alforja y Vilaplana.

Alforja, de origen árabe, aun conserva algunos resquicios antiguos entre sus callejuelas. Si bien, el entorno que lo rodea no es ni mucho menos el de los pueblos que hay allí arriba en la montaña, su casco antiguo bien merece una visita.

Para empezar, dirígete a la plaza del mercado, donde aún se conservan los porches del antiguo mercado medieval.

Siguiendo calle arriba, llegarás a la plaza de la iglesia con su espectacular campanario.

¡Cómo me gusta el objetivo gran angular para estos rincones!

Por último, te animo a buscar el antiguo portal principal del pueblo, que en la época medieval daba acceso al recinto amurallado.

Sí, he de reconocer que me gustó mucho el casco antiguo de este pueblo.

Vilaplana

Abandonamos Alforja para dirigirnos a su vecino pueblo, Vilaplana, que como su propio nombre indica, está ubicado en un terreno llano. Pero una cosa es el pueblo y otro su término municipal, llegando hasta las montañas e incluyendo el espectacular pueblo abandonado de La Mussara..

¿Qué nos ofrece Vilaplana?

No os voy a engañar, no es el típico pueblo de postal y rústico como por ejemplo Arbolí o Capafonts, pero aún así tiene algunos bonitos rincones y motivos para una visita.

Por ejemplo, su calle principal, larga y curvada, asomando por el fondo los espectaculares riscos de La Mussara; o bien la iglesia de la Natividad, con su torre de tres pisos de altura.

Si te gusta el senderismo, vuelves a estar de suerte, ya que desde aquí parten varias rutas circulares que incluso se adentran en las montañas, pasando por varias fuentes y cascadas. Lástima que no tuviéramos tiempo, si no, alguna hubiese caído.

La Mussara

Si te gustan los rincones espectaculares y dramáticos, coge el coche y dirígete hacia las montañas, para ser más exacto a La Mussara.

¿Os gustas los pueblos abandonados, la naturaleza y las vistas?

Pues La Mussara te lo ofrece todo, junto y remezclado.

Se trata, como he comentado, de un pueblo o mejor dicho aldea, que hasta los años 60 estuvo habitado. Sí, te preguntarás, al igual que yo, cómo eran capaces de sobrevivir con las durísimas condiciones de vida del lugar, sobre todo si vas un día como el que estuvimos nosotros, con apenas 2ºC y un viento que te cortaba la respiración.

Pues lo hacían, teniendo incluso en los años 20 unos 169 habitantes. Pero la anexión con Vilaplana en el año 1961, significó el fin de esta singular aldea, una aldea de origen musulmán que supo amoldarse a las inclemencias del tiempo siglos tras siglos.

Hoy día, poco queda de la estructuras de las casas, estando medio derruidas; pero la iglesia, gracias a los puntales, aun mantiene en pie su fachada.

¿Te atreves a entrar?

Y como punto estrella, el “Xalet de les Airasses”, el antiguo refugio situado al borde del abismo y del que sólo quedan sus paredes.

Obviamente, este sería el punto desde el que contemplaríamos el atardecer.

Precioso, mágico y cómo he dicho antes, dramático.

Os dejo este enlace con varias fotografías que muestran como era el pueblo: www.vilaplana.oais.org

Botarell

Dejamos atrás las Muntanyes de Prades para dirigirnos un poco más la sur, en el que encontramos 4 pueblos muy pegados entre ellos y que son perfectos para recorrerlos en un día.

El primero de ellos fue Botarell, el que menos nos gustó de los cuatro, pero por algo parecido a Vilaplana: no es tan “autentico” como los que después visitaríamos.

Por ello, sin menospreciar al pueblo, hicimos un breve recorrido por su calles. Cómo no, el punto más importante del pueblo es su iglesia, con su esbelto campanario.

Si te diriges por la callejuela que hay a la izquierda, tendrás una buena toma.

Riudecanyes

Situado cerca de la Sierra de la Argentera, está rodeado de tierras montañosas además del pantano y el río que llevan su mismo nombre.

Callejear por sus calles es muy agradable, además el nombre de éstas son los días de la semana (excepto el jueves), algo muy peculiar y que según he leído, tiene su origen en las fiestas del Corpus. No fue hasta hace poco, cuando tuvieron que usar otro tipo de nombre para las nuevas calles, así que se podría decir, que era un pueblo de siete calles, o mejor dicho, seis. 🙂

En cuanto a las atracciones más importantes, sin duda el Castillo Monasterio de Escornalbou es el más conocido. Gracias al castillo, durante toda la Edad Media y hasta el año 1811, el pueblo fue sede de la baronía, dándole bastante importancia en la zona.

Por importancia, seguiría el pantano, en el que podrás practicar algunas de las actividades acuáticas que se ofertan. No obstante, cuando nosotros estuvimos, estaba en muy malas condiciones. Esperemos que pronto vuelva a recuperar un nivel de agua aceptable.

Si vas con los más peques de la casa, sin duda el Centro de Interpretación de los Frutos del Paisaje es tu lugar.

Ubicado en el antiguo edificio de la Cooperativa Agrícola del pueblo, se conservan  los antiguos elementos que se utilizaban para la elaboración del aceite, cómo por ejemplo el molino de piedra o la prensa. Además, a través de audiovisuales, paneles interactivos y juegos, explican de forma amena todos los productos agrícolas y no agrícolas que se pueden obtener en las Muntanyes de la Costa Daurada.

Las explicaciones van desde las setas, pasando por las patatas, algarrobas, hortalizas, avellanas, etc. Precisamente, éstas últimas se pueden probar, cogiendo un cascanueces para abrirlas tú mismo.

Además, hacen hincapié en las diferentes denominaciones de origen de estos productos, como el aceite de oliva DO Siurana o la avellana DO Reus.

¡Nos encantó!

Castillo de Sant Miquel d’Escornalbou

Ante comentamos que la atracción más importante de Riudecanyes es este castillo/monasterio, aunque bien podríamos decir que es lo más importante de toda la zona.

Situado literalmente sobre una colina de 649 metros de altura, fue levantado en el siglo XII para establecer un asentamiento cristiano en plena reconquista. No obstante, desde la época romana, pasando por visigodos y sarracenos, ya había presencia militar debido a la importancia estratégica del lugar.

El recinto está compuesto por varias instalaciones: el complejo con el propio Monasterio, la Fuente del Sarraceno, el Paseo de los Frailes y la Ermita de Santa Bàrbara.

Para verlo todo, hay que dedicarle tiempo, más del que disponíamos así que como “la cabra tira al monte”, para el ermita que fuimos.

Aviso, respira hondo y prepárate para subir unas buenas cuestas por medio de un bosque frondoso hasta llegar a la ermita. Pero no te preocupes, las vistas merecen muchísimo la pena, ¡te lo aseguro!

¿Hemos subido ya?

Pues antes de deleitarnos con las vistas, os aburro un poco con el origen de la ermita. Fue construida entre los siglos XVIII y XIX, en honor a Santa Bárbara, protectora de los relámpagos y tormentas, con el objetivo obvio de proteger a los habitantes del complejo y de las poblaciones cercanas que pertenecían a la baronía.

Las vistas son insuperables, divisando perfectamente los pueblos de L’Argentera y Duesaigües; todo el complejo del convento; y por supuesto toda la Costa Daurada.

Por cierto, antes de marcharte, dirígete al pequeño mirador que hay justo a la entrada del recinto y si eres como nosotros, te quedarás para contemplar el atardecer.

A un lado el mar, en los otros dos las montañas y por último el castillo, escondiéndose el Sol por detrás de su silueta.

¿Qué os voy a decir?

Espectacular.

¡Un rincón increíble que es de obligada visita!

Duesaigües

Dejamos atrás el pueblo y el propio pantano de Riudecanyes para adentrarnos un poco en el bosque, mediante un bonita carretera de montaña.

De pronto, nada más llegar a Duesaigües, te darás de frente con los dos gigantescos viaductos ferroviarios que literalmente pasan por encima del pueblo.

El de la derecha es el más grande y tiene 14 arcos repartidos en dos niveles, teniendo la categoría de Elemento del Patrimonio Industrial de Catalunya. El otro, a la izquierda, es un poco más pequeño, con 9 arcos, pero igual de espectacular.

Para verlos mejor, coge la carretera T-313, la que va hacia Falset y pasarás por debajo del viaducto más grande, pudiendo parar un segundo y recorrer su base. Si tienes suerte, ¡hasta pasará el tren!. En cuanto al otro viaducto, si coges la carretera que va dirección L’Argentera, lo verás perfectamente, aunque no hay sitio para para pararse.

No obstante, el pueblo no son solo estos dos viaductos, aunque eso sí, es muy pequeñito.

Date un pequeños paseo por sus calles las cuales aun conservan la autenticidad rural que tanto nos gustan a los fotógrafos.

Ya sabéis de que os hablo de ventanas antiguas,

puertas centenarias

y bonita decoración.

L’Argentera

El pueblo de L’Argentera, situado a los pies de la sierra que lleva su mismo nombre, sería nuestra última parada del día, habiendo estado antes en los pueblos de Botarell, Riudecanyes y Duesaigües; y fue sin duda el que más nos gustó. Se podría decir que es el más rústico o “auténtico” de los cuatro.

Recorriendo sus calles, darás con la Iglesia de Sant Bartomeu, construida en el 1750 sobre la antigua abadía, debido al crecimiento demográfico del pueblo. Justo enfrente, verás el ayuntamiento, con una fachada de estilo modernista muy peculiar.

No te olvides de visitar, a las afueras del pueblo, su cementerio municipal, conocido por ser una reproducción a escala reducida de un cementerio de París.

Además, desde el mismo pueblo, parte un pequeño camino que te llevará al Castell Monestir d’Escornalbou.

¡Te encantarán las vistas!

Y… Siurana

¡Por fin hemos llegado la final!

Sí, la sorpresa era Siurana, nuestra invitada al post, que aunque no tenga nada que ver con las Muntanyes de la Costa Daurada, al estar tan cerca, es obligado desviarse para conocer el que es posiblemente uno de los pueblos más bonitos de Cataluña.

Ya os adelanto que por este blog volverá a aparecer junto a su comarca, el Priorat.

Hay varios ingredientes que hacen que Siurana sea espectacular.

El primero, sin duda, su ubicación, que al estar colgado literalmente de un desfiladero, las vistas te quitarán el hipo y harán que las piernas te tiemblen un poco.

Y ni que decir de la carretera que da acceso al pueblo es preciosa, de las mejores por las que hemos conducido, atravesando paredes verticales llenas de escaladores, razón por la que Siurana es una de las mecas mundiales de este deporte.

Seguido de la ubicación, hay que añadir lo bonito y cuidado que está el pueblo, conservando por completo la esencia rústica de antaño.

Para terminar, no podía faltar su historia, llena de batallas y asedios, siendo el último reducto de la reconquista en Cataluña, resistencia que terminó trágicamente con el salto de la reina mora la precipicio.

Es desde este justo lugar, donde DEBERÁS contemplar el atardecer.

Te aseguro que en pocos lugares tendrás un atardecer tan espectacular como este.

Sin palabras.

Pues hasta aquí el recorrido por estos pueblo pequeños, esperamos que les haya gustado y si aun no conocen alguno de ellos, ya sabéis, a montarse en el coche y disfrutar de las Muntanyes de la Costa Daurada.

¡Hasta la próxima!

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4 Comments

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  1. Muy buen reportaje sobre la zona donde vivo, y sobretodo gracias por las palabras bonitas sobre mi pueblo, L’Argentera. De hecho, las primeras fotos son de mi casa, La Guineu! Sólo es una lástima que quieren poner una cantera en una de las zonas más bellas del municipio, justo por debajo del Castell de Sant Miquel.
    El proyecto de cantera se llama LEMAR, y duraria 22 años. Si queréis información, podéis contactar con DEFENTERRA, que somos la asociación que lucha contra la cantera, en defenterra@gmail.com.

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  2. Preciosa ruta. Tomo nota.
    Saludos.

    Le gusta a 1 persona

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