Conca de Barberà: visitando Montblanc, Sarral, L’Espluga de Francolí y Poblet

En la 1ª escapada de #descubriendoCatalunya para Minube y Turismo Costa Daurada, además de visitar la comarca de L’Alt Camp, recorrimos buena parte de la Conca de Barberà.

Una tierra que también vive de la agricultura, sobre todo del cultivo de la vid, hasta tal punto que sus vinos tienen su propia denominación de origen.

Pero a parte del vino, del que somos unos auténticos inexpertos, el gran atractivo de la comarca son sus conjuntos monumentales: El pueblo medieval de Montblanc, el gigantesco Monasterio de Poblet o la espectacular Cueva de la Font Major de L’Espluga de Francolí.

¿No te mueres por conocerlos?

¡Pues vamos a recorrer la comarca!

Montblanc

Comenzamos la ruta con su capital, Montblanc, un precioso pueblo anclado en la época medieval que presume de tener una de las murallas mejor conservada de Cataluña.

Para llegar al casco antiguo (al estar dentro del recinto amurallado) tendrás que hacerlo a través de alguno de sus portales, cómo el de Sant Antoni, el de Castlà o el de Sant Jordi.

Precisamente, este último portal, esconde una de las leyendas más conocidas de Cataluña, la de Sant Jordi.

Fijaros en el detalle de la barandilla: la Leyenda de Sant Jordi

Según cuenta la leyenda, un dragón atemorizaba en los alrededores de Montblanc, matando prácticamente todo el ganado. La población decidió ofrecer cómo comida a un habitante cada día mediante sorteo, sin importar si era de la realeza o no, siendo la hija del rey la primera elegida. Poco antes de ser engullida, el caballero Sant Jordi, se enfrentó al dragón, lo mató y salvo a la princesa. Allí donde cayó la sangre del dragón, creció un rosal, de ahí la tradición de regalar una rosa en el día de Sant Jordi.

Dejamos los cuentos y leyendas para adentrarnos en el casco histórico con sus calles que rebosan de vida, historia y patrimonio.

Es un placer callejear entre sus casas señoriales, tiendas cómo las de antaño e iglesias espectaculares.

La iglesia más importante es la de Santa Maria la Mayor, de estilo gótico y construida sobre una antigua iglesia románica.

Te quedarás embobado con su fachada principal, de estilo barroco.

No dejes pasar la oportunidad de hacer el “paso de ronda”, en el cual podrás recorrer parte de la muralla, adentrarte en sus torres y tener unas magníficas vistas de todo el pueblo.

Mientras, aprenderás como se construían estas murallas medievales.

Precio: 4 €  –  Horario: Sábados, Domingos y Festivos a las 12:30 h

Con tanto andar, merecemos una pausa, ¿no?

Caminando por el Carrer Major, dimos con Cal Tullet, una pequeña panadería/cafetería en la que podrás probar  las conocidas “Cocas de Montblanc”.

Se trata de una coca salada a base de conejo asado con sofrito de cebolla y tomates. Pero no sólo las hacen saladas, también las hay dulces, que es la que nosotros probamos y ¡estaban riquísimas!

Ojo, no es el único sitio del pueblo que vende estás cocas.

Mmm, ¡quiero otra!

Por último, en Montblanc es muy común que siempre haya alguna actividad o festival, como por ejemplo el 23 de Abril, día de Sant Jordi, en el que el pueblo se ambienta durante dos semanas en la época medieval, con mercadillos, actividades y luciendo las banderas y estandartes señoriales. Nosotros, por ejemplo, coincidimos con Clickània, un festival de Clicks de Playmobil que se celebra cada año.

El festival se hace en el interior de la Iglesia de Sant Francesc e instalan varios escenarios temáticos al que no les falta detalle.

Una isla pirata; una batalla medieval con los ejércitos enfangados en el barro; una ciudad de principios de siglo; o el que más me gustó, la recreación del propio pueblo de Montblanc, con su muralla e incluso el pequeño monte que hay dentro de las murallas.

Pero no sólo había escenarios, sino también varios puestos vendiendo cajas de Playmobil, así cómo piezas sueltas a los que van los coleccionistas a la caza de alguna que les falte.

Nos os voy a engañar, a mi me parecía un festival sólo para los más peques, pero tuve que comerme mis palabras. Los escenarios están muy “currados” y por mucho que lo evites, te entrarán ganas de sacar del trastero tus antiguos clicks.

Cómo podéis ver, el pueblo es precioso y además tiene muchas cosas para ver  y hacer.

Sarral

Abandonamos Montblanc dirección al centro geográfico de la Conca de Barberà, donde  se ubica Sarral. Este pequeño pueblo, al igual que los de la zona, se dedican básicamente a la agricultura, en particular el cultivo de la viña, siendo sus vinos uno de los que forman parte de la denominación de origen Conca de Barberà.

Bien, ¿qué podemos hacer por Sarral?

Pues cómo no, pasear por sus calles.

Cerca del ayuntamiento encontrarás algunos resquicios del antiguo barrio judío, en especial, una callejuela muy estrecha (de apenas 60 cm.) con varios arcos muy singulares y tiene el honor de ser la calle más estrecha de Cataluña.

También, justo al salir de esta callejuela, darás con la Iglesia de Santa María, que fue construida sobre una iglesia románica.

Pocos restos antiguos quedan en este pueblo, aunque es cierto, que se tiene constancia de la existencia de un castillo, justo donde está ahora el Ayuntamiento.

Nosotros, cómo siempre, paseamos por sus calles, en busca de detalles y rincones interesantes, como por ejemplo el Molí del Potau, un antiguo molino de aceite del que se han conservado casi todas las piezas; como la solera de granito, la viga que ejercía la presión y la muela, de casi dos metros.

Este molino utilizaba el tipo de prensa de viga y quintal, que funcionaba a través del principio de palanca. Fueron muy habituales entre los siglos XVII y XIX, hasta que empezaron a aparecer los sistemas de presión hidráulicos.

Saliendo del pueblo y con un agradable paseo de apenas 1 km, llegamos a la Ermita de los Sants Metges (Santos Médicos), desde la cual tendrás unas vistas magníficas de todo el pueblo.

El origen del santuario fue una pequeña capilla gótica que se levantó durante la epidemia de la peste que asoló toda Europa en los siglos XIV y XV, de ahí el nombre, Santos Médicos. De esta capilla gótica poco queda y tras varias ampliaciones en el año 1700 y 1854, quedó abandonada durante el siglo XX, hasta que el año 1966 se reconstruyó.

Te llamará la atención la reja vidriada, obra del artista Josep Grau-Garriga, en la que soldó herramientas del campo y de profesiones liberales como si de un tapiz se tratase.

L’Espluga de Francolí

La siguiente parada es en L’Epluga de Francolí, la segunda población más importante de la comarca.

Su nombre proviene del latín, el cuál significa cueva, algo que se entiende a la gran cantidad de cuevas y grutas que hay por la zona, en especial, la Cueva de la Font Major, la atracción más importante del pueblo. Pero antes de contar cómo fue nuestra visita a la cueva, vamos a recorrer el pueblo de una manera original.

Ruta Templaria y Hospitalaria

L’Espluga es un pueblo que desgraciadamente perdió por completo su muralla medieval y sus construcciones antiguas, así que el visitante, de primera mano, puede llegar a considerarlo como un pueblo “feo” si lo compara con la vecina Montblanc.

Por ello, desde la oficina de turismo, han decidido realizar una ruta en la que se recrea de forma didáctica e imaginativa parte de su pasado, en concreto, los siglos XIII y XIV. De esta forma, se pretende reconstruir, mediante explicaciones, imágenes, vídeos e incluso hologramas, la propia historia del pueblo.

En ella conocerás desde la división del propio pueblo en dos villas (Sobirana y Jussana), hasta las historias más cercanas, cómo la de los judíos y sus rituales, las de los templarios, o las “batallas” del pueblo con los monjes vecinos del Monasterio de Poblet.

La ruta empieza en la Iglesia de Sant Miquel, más conocida como la Iglesia Vieja, donde el guía, caracterizado con un traje templario de la época, te empezará a ambientar en el entorno.

Seguidamente se van recorriendo las diferentes calles, viendo por donde pasaba la muralla, las diferentes casas, los talleres artesanos de algunos de sus habitantes, el castillo, el hospital e incluso el cementerio.

Pasarás por la fuente baja o más conocida en el pueblo como la fuente de los 17 caños. Se dice que en un principio solamente tenía 11 caños pero unos años más tarde colocaron un caño por cada una de las letras del nombre de la villa.

Actualmente, están incorporando nuevos métodos de visualización, como por ejemplo una gafas virtuales que a través de una app, el visitante podrá vivir una experiencia 360º, paseando por las calles de pueblo como si estuviese en aquella época.

Este viaje al pasado guiado, hay que solicitarlo previamente en la oficina de turismo.

Precio: 10 € / persona  – Duración: 2 horas aprox.

¡Nos encantó!

Fassina de Balanyà

Justo a la entrada del pueblo, dentro de la oficina de turismo, se esconde esta antigua destilería de aguardiente.

Gracias a su antigua maquinaria, conservada en lo que ahora es un museo, podrás ver cada una de las técnicas que utilizaban para obtener esta bebida. Además, te asombrará la capacidad de “reciclaje” que tenían en esa época, aprovechabando hasta los restos de madera y uva (que ya no servía para el producto), secándolos para utilizarlos como combustible para la caldera.

El aguardiente que obtenían después de todo el proceso, no se vendía al público como bebida ya que su sabor no estaba del todo refinado. Por ello, lo enviaban a otras destilerías para conseguir el toque ideal.

Cómo no, podrás probar los licores que son hechos por aficionados de la zona.

Precio: 3 €

Cueva de la Font Major

Como os conté al principio, la Cueva de la Font Major es la atracción más conocida y visitada del pueblo y motivos no le faltan, ya que es una de las cuevas más largas del mundo, pero del tipo conglomerado, ¡qué os emocionáis! 🙂

Exactamente son 3.590 metros de galerías, aunque este dato aumentará, ya que poco a poco van descubriendo más galerías.

Formada por los sedimentos que se fueron acumulando durante millones de años cuando la Conca de Barberá era un gran mar y una vez que se fue éste, los sedimentos se compactaron, convirtiéndose en una roca sólida y dura. Poco a poco, el agua de los ríos provenientes de las montañas cercanas, se fue filtrando hasta tal punto de generar las grutas, discurriendo el río literalmente por estas galerías. Precisamente esta cueva, es considerada como el nacimiento del río Francolí.

Gracias a su fácil acceso, prácticamente a nivel del suelo, la cueva ha estado ocupada desde el paleolítico, pasando por el neolítico, edad de bronce e incluso los romanos, habiéndose encontrado restos de vasijas, utensilios, huesos, etc.

Hoy día, gracias al museo, podemos visitar las primera parte de las dos cavidades principales, de gran espacio y en el que a través de recreaciones y audiovisuales, podrás conocer el proceso de formación, la historia de la cuevas y como era el día a día de sus habitantes.

Si además, eres aventurero, el museo organiza varias rutas de nivel de iniciación a la espeleología, en las que empezarás allá donde termina la visita estándar.

Sí, ¡nos quedamos con las ganas!

Precio: 7,20 € – Duración de la visita: 1,15 horas aprox.

Para más info: www.covesdelespluga.com

Ermita de la Santísima Trinidad

Para terminar, a tan solo 3,5 km de L’Espluga de Francolí, en la montaña de la Pena, se encuentra la Ermita de la Santísima Trinidad construida en el siglo XV al estilo barroco.

Su ubicación te dejará sin palabras, pues está en un lugar boscoso y rico en mucha agua, desde donde parten diferentes rutas. En medio de toda esta naturaleza está el santuario, la capilla del Ángel de la Guarda y una pequeña gruta artificial.

Aparte de los aspectos monumentales, también podrás disfrutar de su área recreativa la cual dispone de diferentes mesas, barbacoas e incluso un bar.

¡No te arrepentirás de subir a desconectar!

Poblet

Terminamos la ruta con la “Joya de la Corona” de la Conca de Barberà: el Monasterio de Poblet.

Este monasterio, junto al de Santes Creus y Vallbona de les Monges, forman la conocida Ruta del Cister, algo que ya comenté en este post.

Construido en el año 1150 por orden del Conde de Berenguer IV, se entregó a una pequeña comunidad de monjes cistercienses venidos del monasterio de Fontfroide (Francia).

Poco a poco, esta abadía empezó a coger importancia y poder, llegando a tener más de 15 granjas y una población con enfermería, panadería, etc. Cómo colofón, el monasterio se convirtió en el panteón real, siendo el lugar de sepultura de los reyes de la Corona de Aragón.

El resultado de este poder no es más que un espectacular conjunto arquitectónico y uno de los monasterios más grandes de Europa.

Pero no siempre le ha ido bien al monasterio y en el año 1835, con las leyes de desamortización de Mendizábal, los monjes abandonaron el monasterio, siendo “carne” de expoliadores, en busca de los objetos de valor que pudieran tener las tumbas.

No fue hasta el año 1940, cuando se recuperó el monasterio, volviendo a ser ocupado por monjes y reconstruido poco a poco hasta lo que vemos hoy día, un rincón precioso declarado como Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Una vez entres por la Puerta Real llegarás al claustro, muy parecido al que vimos en Santes Creus. Poco a poco, el guía irá llevándote por las salas, a cual más bonita.

Hay que tener presente, que muchas de las dependencias están restringidas al visitante ya que los monjes de clausura siguen instalados en el recinto.

Abriendo una pequeña puerta, damos con una iglesia que sigue los cánones cistercienses de simplicidad y es el lugar en el que se ubican los sepulcros reales de hasta 8 reyes de Cataluña y Aragón, entre ellos,  Jaime I.

Tras maravillarnos con todos los detalles de la iglesia, seguimos al guía, subiendo una de las escaleras para llegar al antiguo dormitorio de los monjes y al sobreclaustro, una especie de azotea.

En definitiva, es un rincón precioso y una suerte el que lo hayan reconstruido, ya que cómo dije con Santes Creus, seas o no religioso, estos monasterios son una obra de arte.

Ahora la gran pregunta, ¿cual nos gustó más, Santes Creus o Poblet?

Difícil respuesta, aunque probablemente, el que más nos gustó fue Santes Creus, más que nada por la libertad a la hora de recorrer las salas, algo lógico al estar ya sin habitar.

Bueno, shhhhhhhhh, que los monjes quieren descansar. 🙂

Intento fallido de fotografiar el monasterio iluminado 😦

Damos por concluida la ruta por la Conca de Barberà, una comarca muy similar a L’Alt Camp y en la que has podido ver qué esconde preciosos pueblos con murallas medievales e historias de templarios y hospitalarios; tierra de vinos y buena gastronomía, un monasterio casi milenario y cientos de rincones por descubrir.

¡Hasta la próxima!

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