Hanoi: una fiesta para los 5+1 sentidos

Hanoi fue la carta de presentación del que sería nuestro primer contacto con Asia, un viaje de dos semanas en el que recorreríamos Vietnam y Angkor Wat. 

¡Un sueño por fin cumplido!

Bien es sabido que las capitales asiáticas están sobrepobladas, que sus niveles de contaminación dejan en ridículo a cualquier capital europea, y  que, por si fuera poco, había que sumarle el cambio cultural.

La capital vietnamita no iba a ser menos, así que teníamos todos los ingredientes para que nuestros sentidos se volvieran locos.

¡Efectivamente! hasta tal punto que hemos decidido contar como reaccionaron cada uno nuestros sentidos ante tanta estimulación externa.

¡Una fiesta para lo sentidos!

1. Vista

El primer gran “schock” cultural entró a través de nuestros ojos, imposible negarlo.

Nada más salir del aeropuerto de Nội Bài ya entendimos que Vietnam era otra historia, viendo de primera mano que el uso del intermitente / carril está muy sobrevalorado. Una  hora después, ya estábamos metidos de lleno en uno de los muchos mercados callejeros que hay repartidos por todo Hanoi.

¡Este será un momento que nunca olvidaremos!

Por un lado, una mujer cortándole la cabeza a un pescado que aún aleteaba;

por otro, un hombre partiendo en dos un costillar en una improvisada carnicería;

y mientras, una bicicleta cargada de frutas, nos pedía paso.

Para rematar, motos y más motos pasaban casi rozándonos. Sin apenas detenerse, los  vietnamitas hacían la compra tal y como si estuviéramos en los pasillos del “Carrefour” pero sin bajarse de la moto.

Por otro lado, llegaba el momento de cruzar la calle, donde realmente no nos hubiese importado tener dos ojos más, o por qué no… una vista en plan cámara 360º, ¡porque… vaya show de tráfico!. Aquí los pasos de peatones sirven de decoración, así que hay que echarle valor, agudizar la vista y tomarse algo para que no te de un infarto.

Un paso adelante, valor… y ¡al toro!.

¡No hay que asustarse!

Y todo para cruzar una calle… ¡This is Asia!.

2. Olfato

No lo vamos a negar, hay momentos en los que la ciudad huele mal, sobre todo en algunos puntos de los mercados callejeros, ya sea por culpa de algún alimento en malas condiciones o bien por el durián (la maldita fruta apestosa que estaba por todos lados).

Pero de un segundo para otro, ese olor cambiaba a un agradable mejunje floral que provenía de las antiquísimas herboristerías con su género repartido en sacos al aire libre.

Por otro lado, están los templos con el inconfundible olor de los cientos de inciensos que se van acumulando tras las plegarias de los fieles.

Y cómo no, tampoco se queda atrás el olor que proviene de los puestos de comida callejera, un olor que a modo de “flautista de Hamelín”, te hipnotiza y hace que caigas en la trampa. 🙂

3. Oído

¡Ainsss el oído!, pobre mío como sufrió en su primer contacto con Hanoi.

Si hay algo que les gusta hacer a los vietnamitas es tocar el claxon, ¡PARA TODO!. Si adelantan, tocan el claxon; si van a pasar el cruce, tocan el claxon; si alguien pasa al lado, pues también tocan el claxon; y así todo el día…

Aquí el que más pite manda. De hecho, intentamos cronometrar 5 segundos sin que hubiera un pitido y tras 5 minutos intentándolo, desistimos.

Por otro lado, está el incesante griterío de los vendedores, a todos horas, tanto en vietnamita como en “inglés”. Todo el mundo vende su producto a “grito pelao” para que (si por casualidad no te hayas fijado en su improvisado puesto) sepas que están allí.

En definitiva, Hanoi es un caos para los oídos pero no os vamos a negar que tiene su puntillo.

¡Bueno… lo de los pitos no tanto!

4. Gusto

Posiblemente el sentido que más disfrutó.

Sabéis a lo que nos referimos, ¿no?.

¡COMIDA CALLEJERA!

Hanoi tiene fama de ser una de las mecas del “street food”, así que las expectativas estaban por las nubes.

¿Veredicto?

E S P E C T A C U L A R

Y que se lo digan a Lorena, que en España la comida asiática ni probarla.

Ese era su miedo, un miedo que se esfumó nada más probar uno de los platos más típicos de Vietnam: el Bún Chả.

Abierta la veda con la comida callejera, no solo disfrutamos en Hanoi sino que, en cada una de las ciudades que visitábamos, la comida era una fiesta.

Podemos decir con la boca llena que ha sido el país donde mejor hemos comido y, por supuesto, el más barato.

No exageramos.

5. Tacto

Tras ver, oler, oír y saborear, no podíamos olvidarnos del tacto.

Como podéis imaginar, en una ciudad como Hanoi con tanto mercado callejero, uno disfruta tocando los productos frescos de sus mercados.

Por otro lado están los templos, tocando sus centenarios relieves de madera ya desgastados por el paso de los fieles que vienen día tras día en busca de algo de fortuna, salud o amor.


Y por supuesto, ¡no nos podemos olvidar de los palillos!.

Menudo espectáculo montamos el primer día intentando comer con los palillos, algo digno de ver:

¡De matricula de honor! 🙂

Hay que decir, que conforme pasaban los días, le íbamos cogiendo el tranquillo…

Seguiremos practicando.

5+1. Fotográfico

Por último, no nos podemos olvidar del sentido fotográfico, un sentido que nosotros entendemos como la facilidad de sacar una buena foto. Sí, nos lo hemos inventado, pero queríamos expresar la sensación de saturación fotográfica que vivimos las primeras horas tras pisar suelo vietnamita. Fueron instantes en los que, ante tantas escenas que  sucedían a la vez y al querer retratarlo todo, nos bloqueamos.

El dedo se quedó parado en el disparador, sin poder fotografiar todo lo que veíamos alrededor.

Daba igual para donde mirásemos, en cada esquina había una escena digna de inmortalizar, como por ejemplo, la de los dos jóvenes cortando hierro en la acera;

o la vendedora de flores en su añeja bicicleta cargada hasta los topes;

o ese muchacho agotado tras una durísima jornada en el mercado que comenzó seguramente a las 5 de la mañana.

Nunca nos había pasado, aunque también os confesamos, que tras unos minutos, ya estábamos a la carga de nuevo.

¡Había que aprovecharlo!.

En resumen, nuestra primer experiencia en Asia significó un shock cultural muy fuerte e intenso que jamás olvidaremos.

Lo mejor de todo, es que durante el resto del viaje los sentidos seguirían igual de despiertos y estimulados, con más mercados callejeros, paisajes de película, experiencias humanas y muchas más sensaciones que os iremos contando poco a poco.

Así es Vietnam, un torbellino sensorial.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: