20 cosas que hacer en Berlin en 2 días

Berlín no es una ciudad bonita, no nos vamos a engañar, ni tampoco monumental, aunque no es más que una consecuencia de su tumultuosa historia. Una ciudad que parece que está hecha a trozos, con grandes descampados cerca de lugares de interés, modernísimos edificios junto a sobrias estructuras de hormigón de la parte comunista; y obras, muchas obras.

Pero algo más tiene que tener, ¿no?

Pues sí, por algo millones de turistas la visitan cada año.

Si te gusta la historia, Berlín es tu ciudad, pero también presume de ser una de las capitales con más energía de Europa, tanto en el sentido cultural como humano. Las mejores fiestas las podrás encontrar aquí, así como las mejores galerías de arte o los movimientos artísticos más independientes. Tampoco te faltarán centros comerciales y sobre todo, la multiculturalidad de una ciudad que se reinventa cada día. Con todo aquel que he podido hablar y que haya estado en Berlín más de una vez, siempre me dicen que la ciudad ha cambiado.

Y seguirá cambiando.

Y si todavía no te convence, Berlín también presume de ser barata, sobre todo si la comparamos con otras grandes capitales europeas como París, Londres o Ámsterdam.

Nosotros, que solo estuvimos 2 días, apenas pudimos rascar la parte más superficial de una ciudad de la que se necesita mucho tiempo para conocerla en profundidad.

No bostante, 2 días de visita pueden dar mucho de sí, así que te contamos 20 cosas que podrás ver y hacer en Berlín en 2 días:

1. Conocer su historia

Resumir en varios párrafos la historia de Berlín es prácticamente imposible, ya que probablemente pocas ciudades hayan marcado tanto el devenir del mundo moderno.

El final de la I Guerra Mundial y sus consecuencias, desembocaron con la llegada al poder del Nazismo con Adolf Hitler como canciller. El III Reich estaba en marcha iniciando una de las peores épocas que se recuerdan: la II Guerra Mundial y el Holocausto Judío

La guerra se cebó con toda Europa, pero fue Berlín la que se llevó los peores daños, primero por los bombardeos y después por la invasión de más de 1,5 millones de soviéticos que tomaron la ciudad. Quedó totalmente arrasada.

La guerra terminó y Europa se empezó a recuperar, pero para Alemania y Berlín había otro plan. Dividieron Alemania en 4 partes: EEUU, Gran Bretaña, Francia y la URSS. Berlín, que quedó dentro del lado soviético, también fue partida en 4 sectores.

dos-mapas

Los tres primeros se unieron para formar la República Federal de Alemania (RFA) y los soviéticos crearon la República Democrática Alemana (RDA) quienes levantaron el Muro de Berlín, partiendo barrios, calles, y lo peor, familias enteras. El muro duró 28 años y muchos murieron al intentar cruzarlo.

Fue el 9 Noviembre de 1.989, aprovechando la caída de la Unión Soviética, cuando la gente se hecho a la calle para destruir el muro.

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Sin duda, una de las imágenes más importantes del siglo XX.

Alemania se volvió a unificar y cómo un “Ave Fenix”, Berlín volvió a resurgir de sus cenizas.

En el siguiente enlace os dejo un artículo del Huffingtonpost en el que se ve Berlín con el muro y como es ahora después de su caida: www.huffingtonpost.es

Sobran las palabras.

Si os interesa la historia, podéis contratar la visita guiada “Berlín durante la Guerra Fría”, en el que os llevarán y explicarán en español todo lo que debes saber mientras el muro estuvo en pie y la ciudad dividida. También podéis contratar la visita guiada “Paseo histórico por el Berlín del nazismo”.

2. Ahorrar dinero con la tarjeta Berlin Welcome Card

Como en otras ciudades, Berlín también tiene su tarjeta turística, la Berlin Welcome Card la cual te proporciona descuentos en casi todas las atracciones de la ciudad y el uso ilimitado del transporte público.

Si la queréis contratar, lo podéis hacer directamente aquí.

3. Recorrerla en Bicicleta

Una buena primera toma de contacto con la ciudad es hacerlo en bicicleta, unos de los medios de transporte más utilizados en la ciudad.

Berlín es una ciudad muy llana, así que sin apenas esfuerzo, conseguirás llegar a cualquier punto de la ciudad.

Si queréis hacer un tour en bicicleta, os recomendamos que contratéis este o si simplemente queréis ir a vuestro aire, alquilarla.

4. Desconectar en el inmenso Tiergarten

Es el principal parque de la ciudad y un auténtico pulmón verde en medio del cemento berlinés. Aunque no es el único parque de estas dimensiones (incluso hay otro más grande, el Grünewald), es el más conocido gracias a su ubicación, justo al otro lado de la Puerta de Brandeburgo.

Una vez que te adentras en el parque, es como si estuvieses en un bosque y donde apenas podrás ver algún edificio. Hay varios lagos inter-conectados por ríos artificiales, extensas praderas y hasta un rincón nudista.

4. Descubrir la Columna de la Victoria

Ubicado en medio del Tiergarten, entre la avenida Straße des 17. Juni, y la conocida calle Unter den Linden, encontramos la famosa Columna de la Victoria. Esta columna de 69 metros de altura tiene un mirador que te proporcionará una vista perfecta de 360º, gracias a que no hay ningún edificio alto en los alrededores.

5. Tomar conciencia de la guerra en la Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm

Justo al final del Tiergarten, bordeando al Zoo de Berlín, tenemos unos de los monumentos más curiosos de la ciudad con el único propósito de no dejar en el olvido el terror y la destrucción de la guerra: la Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm.

Esta iglesia que se edificó en 1.895 en honor la primer Kaiser, quedó prácticamente destruida por los bombardeos de la II Guerra Mundial. Una vez pasada la guerra, cuando se iba a derruir por completo, la gente protestó, pidiendo su conservación tal y como había quedado. Y así fue, y no sólo eso, también dejaron rienda suelta a imaginación para la construcción, justo al lado, de la nueva iglesia.

Sin duda, un rincón para reflexionar sobre la dureza y estupidez de todas las guerras.

6. Rendir respeto en el monumento a los judíos asesinados en Europa

Situado justo al lado de la Puerta de Brandeburgo, es un monumento que no deja indiferente a nadie.

2.711 bloques de hormigón repartidos en 19.000 metros cuadrados de una superficie suavemente ondulada e inclinada que conforme te vas adentrando, te transmite una mayor sensación de agobio.

Al contrario a otros monumentos, este te transmite algo siendo muy original, y lo más importante, la causa del mismo, que no es más que pedir perdón por una de las mayores atrocidades cometidas por la humanidad.

Si además quieres informarte, en uno de los extremos hay un punto de información subterráneo con exposiciones sobre las víctimas y lugares donde se llevaron a cabo las masacres.

7. Adentrarse en el corazón político de Alemania visitando el Reichstag

Sin duda, el Reichstag es unos de los edificios más emblemáticos de Berlín y sinónimo de la nueva Europa, aunque también fiel reflejo de lo que ha sufrido esta ciudad, habiendo sido incendiado, bombardeado, reconstruido, apuntalado y olvidado durante la separación alemana.

Cuando en 1.993 decidieron reconstruirla, el famoso arquitecto Norman Foster se hizo con el proyecto, presentando un diseño que miraba al futuro, intentando olvidar todo el mal pasado y de forma metafórica (al utilizar mucho cristal), demostrar la transparencia del Parlamento Alemán. Hablamos sobre todo, de la famosa cúpula que corona al edificio.

En el interior de la cúpula, hay una rampa en espiral que te llevará hasta el punto más alto,  y en medio una columna un tanto extraña cubierta de espejos.

Lo mejor, es que la visita es gratis, pero eso sí, tendrás que reservar con antelación, registrándote e indicando a que hora quieres la visita.

Para reservar: www.bundestag.de

Nosotros reservamos para el atardecer, seguramente la mejor hora para disfrutar de los reflejos y el ambiente rojizo.

Fuera de la cúpula, en la azotea, podrás disfrutar también de unas buenas vistas de toda la ciudad, aunque también es verdad que no son las mejores.

En primera línea el gigantesco Tiergaten y al fondo la modernísima Potsdamer Platz
La Puerta de Brandeburgo desde arriba

Sin duda, visita obligada.

8. Fotografiar la Puerta de Brandeburgo

La Puerta de Brandeburgo es el monumento que todo el mundo conoce y asocia con Alemania, tal y como la Torre Eiffel es para Francia o el Big Ben para Inglaterra.

Pero la Puerta de Brandeburgo no es tan famosa por el monumento en sí, ya que si te fijas, no es nada del otro mundo. Mas bien es por lo que significa, siendo el símbolo de la reunificación alemana y desde la caída del muro, el lugar en el que se celebran los actos más importantes, desde festivales, conciertos y sobre todo la fiesta de Año Nuevo.

De estilo neoclásico, está coronado por una cuadriga de cobre que ha tenido un recorrido muy largo. Fue robada y llevada a París por Napoleón, luego recuperada, destruida durante la guerra, sustituida por una réplica y oxidada durante la separación. Hoy día luce de maravilla.

Siempre habrá cientos y cientos de turistas abarrotando la Pariser Platz, la plaza que da a la puerta y desde donde se obtiene la foto más típica y obligada del viaje.

No muy lejos queda el período de la separación, en el que la puerta quedó en tierra de nadie durante los 28 años del muro. Tenía que ser muy triste ver como el símbolo glorioso de una nación permanecía abandonado e inerte durante tantos años.

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Fuente: Huffingtonpost

Fue aquí cuando John F. Kennedy dio uno de sus discursos más famosos en plena Guerra Fría en contra de los comunistas: Ich bin ein Berliner” (yo soy berlinés).

Historia viva.

9. Hacer un freetour

Como siempre decimos, la mejor forma de tomar contacto con la ciudad si no sabes mucho de ella, es haciendo un Free Tour. Desde aquí podéis reservar uno de los mejores.

10. Descubrir la alemania comunista en el DDR Museum

En DDR Museum te explican cómo era el día a día en la antigua RDA, con ejemplares reales de revistas, latas de comida, ropa y todo lo que te puedas imaginar.

¿Y sabéis qué?, nos encantó.

Todo se puede tocar, fotografiar y en definitiva es más una atracción que un museo en sí.

Eso sí, todo muy “kitsch”.

Nos gustó la recreación de una típica casa comunista, con el salón, la cocina y el cuarto de baño. No falta detalle y cómo no, es ideal para hacer un poco el chorra.

Tampoco se queda atrás el Trabant, el vehículo más común de la Alemania del Este. Puedes meterte en él y conducirlo, dándote un paseo virtual por las calles, tal y cómo eran en aquella época cómo si de un videojuego se tratase.

El “Trabbi” (cómo lo suelen llamar) era el vehículo del pueblo, siendo el modelo más accesible de los pocos que se comercializaban en el país y el que lo quisiera, ¡tenía que apuntarse a una lista con una media de 10 años de espera! También se podían comprar en el mercado negro, pero obviamente a un precio mayor. No te rías de su apariencia, eran coches duraderos, ligeros y muy queridos por la población de la RDA, que lo trataban con mucho mimo, conduciéndolo con cuidado y hasta incluso convertirse en unos expertos a la hora de arreglarlos.

Pero el museo no sólo muestra nostalgia de aquella época, sino también muestra la dureza con la que el régimen oprimía a su población. En una de las esquinas, hay un pequeño puesto de escucha en la que la Stasi espiaba a familias pinchando sus teléfonos en busca de críticos al régimen o sospechosos de abandonar el país.

¡No sonrías tanto espía!

En definitiva, es un museo turístico para echar un buen rato pero del que se puede aprender mucho de como era la vida en la RDA.

Precio: 7 €

Para mas info: www.ddr-museum.de

11. Admirar la majestuosa Berliner Dom

Justo al lado del DDR Museum, se alza imponente la Catedral de Berlín (Berliner Dom), el edificio religioso más importante y unos de los monumentos más espectaculares de la ciudad, sobre todo por su enorme cúpula de cobre color verdoso.

Fue construida a principios del 1900 por orden de la dinastía Hohenzollern, junto al Castillo de Berlín, donde residían. Llegó la guerra y cómo no, una bomba cayó sobre la gran cúpula dejando la iglesia casi destruida. Quedó allí abandonada, hasta que la RDA empezó a reconstruirla hacía el año 1975, tareas que terminaron en el año 1993, 4 años después de la caída del muro.

En la parte delantera, hay un agradable parque que cómo haga Sol, estará repleta de turistas y berlineses buscando un poco de vitamina D.

En la parte trasera, el río Spree bordea la catedral y al otro lado del río, verás las esculturas en recuerdo de 4 jóvenes que solían bañarse aquí desnudos, pero que murieron ahogados al intentar salvar a una de ellas cuando quedó atrapada en la maleza del río. Para mí, la mejor panorámica de la catedral la conseguirás desde aquí.

Por último, te recomiendo que también te pases por aquí por la noche.

Tendrás una magnífica postal nocturna, posiblemente de las mejores de la ciudad.

12. Visitar Museumsinsel

A la derecha de la catedral, uno se adentra en la Isla de los Museos, un conjunto museístico formado por 5 museos de gran renombre, hasta tal punto de ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La lista de museos:

  • Museo de Pérgamo (Pergamonmuseum).
  • Museo Antiguo (Altes Museum).
  • Museo Nuevo de Berlín (Neues Museum).
  • Antigua Galería Nacional de Berlín (Alte Nationalgalerie)
  • Museo Bode (Bode Museum)

Si sólo tienes tiempo de ver uno, el de Pérgamo es sin duda el más impotante.

13. Sentirse un espía en el famoso Checkpoint Charlie

Sin duda, una de las visitas imprescindibles de Berlín, es el antiguo puesto fronterizo Checkpoint Charlie.

Creado en 1961, fue uno de los tres puestos fronterizos que se instalaron tras el levantamiento del muro de Berlín. Sólo podían usarlo los empleados militares y de embajadas de los aliados, extranjeros, trabajadores de la delegación de la RFA y funcionarios de la RDA. No obstante, éste fue el que más actividad tuvo, ya que era el que daba paso a la zona controlada por los americanos.

Su nombre proviene de la tercera letra del alfabeto fonético de la OTAN, designando a cada puesto fronterizo una letra (Alpha para el paso que había en Helmstedt y Bravo para el de Dreilinden).

Si Berlín era el epicentro de la Guerra Fría, el Checkpoint Charlie era el lugar más tenso de ella. La mayor crisis ocurrió en el año 1961, cuando la RDA denegó el paso a un subjefe de la misión de E.E.U.U. cuando se dirigía con su esposa a un teatro de la parte oriental. El incidente desencadenó en lo que se conoce como la “confrontación de los tanques”, en el que cada bando desplegó 10 tanques cargados frente a frente en cada uno de los lados del puesto fronterizo.

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Faltó muy poco para que la III Guerra Mundial comenzase en ese instante, pero por suerte sólo quedó en eso.

Pero a parte de la tensión, lo que si era más común era ver cómo intentaban cruzar a la parte occidental, algunos engañando a los propios militares, otros escondidos bajo el capó de un coche o simplemente a la desesperada. Precisamente a la desesperada fue el intento de Peter Fechter, posiblemente la muerte más famosa que se cobró el muro. En el intento, Peter fue alcanzado en la cadera por un disparo de los guardias y en lugar de ir a socorrerlo, lo dejaron allí, desangrándose, bajo la atenta mirada de los alemanes occidentales, entre ellos periodistas. Los occidentales por miedo tampoco pudieron hacer nada por el, muriendo una hora después.

Cómo se puede ver, en casi los 30 años en los que estuvo operativo el puesto, hay miles de historias a la cual más sorprendente. Muchas de estas historias quedan recogidas en el Mauermuseum, donde se muestran las distintas y curiosas formas con las que intentaron o llegaron a cruzar la frontera y además de todo lo relacionando con la Guerra Fría y el Muro.

Hoy día, el Checkpoint Charlie es uno de los puntos más turísticos de la ciudad, aunque como dice la guía Lonely Planet, es una trampa para turistas bastante hortera.

Aunque a mí no me lo pareció tan hortera, cierto es que los que hacen de guardias son unos auténticos granujillas, locos por sacarte el dinero haciéndote una foto con ellos. Me recordaron mucho a los soldados romanos del Coliseo. Nosotros pasamos de la foto, pero lo que si queríamos era sellar el pasaporte con los sellos de paso de la época. Pero ojo, no es gratis. El “amigo”nos pidió unos 10 euros por todos los sellos, pero al final pudimos regatear un poco. Aun así, lo vimos caro por unos sellitos de nada.

14. Probar el mejor currywurst de la ciudad

Unos de los platos de comida rápida más conocidos de Berlín es la currywurst, una salchicha troceada y embadurnada en una salsa hecha a base de ketchup y curry. Hay muchos locales y puestos repartidos por toda la ciudad, pero el mejor es el Curry 36.

Es tan famoso, que hasta venden su propia salsa. Además, el precio te sorprenderá. Nosotros, en los dos días que estuvimos, caímos dos veces en sus redes.

15. Morir de amor con el mejor kebap del mundo

Según dicen, fue en esta ciudad donde se inventó unos de los platos de comida rápida más extendidos por el mundo: el kebap.

Al igual que la currywurst, lo encontrarás por todos lados, pero si buscas el mejor, estás de suerte, ya que justo al lado del Curry 36, está el Mustafa’s Gemüse Kebap, un pequeño puestecillo instalado en la acera.

No te dejes influenciar por las apariencias, es el mejor kebap que he probado en mi vida, no exagero. Y encima por sólo 3 €. Lo único malo, la cola que siempre suele haber, de media 1 hora (nosotros tuvimos suerte y apenas tardamos 20 minutos).

16. Recorrer el East Side Gallery

Si el Muro de Berlín fue puesto en pie en una sola noche, su caída y destrucción fue prácticamente igual de rápida.

Prácticamente no quedó nada en pie, salvo la parte que bordeaba la ribera del río Spree. La razón: se convirtió en una galería de arte, o mejor dicho, la galería de arte al aire libre más grande del mundo.

En sus 1,3 kilómetros, artistas de todo el mundo dieron rienda suelta a su imaginación y plasmaron su ansia de paz y libertad en el mundo.

Las obras más conocidas son la de Breschnew y Honecker (el líder ruso y el de la RDA) dándose un beso, y la del Trabant atravesando el muro.

Pero el resto de obras tampoco se quedan atrás, así que lo mejor es ir poco a poco viendo cada una de ellas dando un agradable paseo.

Además, en la ribera del río hay varios bares perfectos para descansar de tanta obra con una buena cerveza.

17. Sorprenderse en la bulliciosa Alexanderplatz

La plaza urbana más grande de Berlín, es sin duda, unos de los rincones más importantes y concurridos de la ciudad y pasarás tarde o temprano por ella. Realmente no es una plaza, sino más bien un conjunto de ellas, con varias calles peatonales que se cruzan repletas de raíles para los tranvías.

Durante la época de las dos Alemanias, “Alex” era el centro neurálgico de la parte Oriental, y eso se nota, hasta tal punto que la arquitectura de hoy día es prácticamente la misma que la de los años 60. Por ello, la plaza no es precisamente bonita, pero tiene esa vida que a uno le engancha, como por ejemplo pasa con Times Square o Piccadilly Circus.

Cómo antes comentaba, en los años 60, el gobierno llevó a cabo un plan para revitalizar la zona, peatonalizando las calles y elevando la Torre de Televisión (Fernsehturm). Esta torre fue construida en 1969 como muestra de poder del gobierno y para demostrar a la otra Alemania (y mundo capitalista) de lo que eran capaz de hacer al otro lado del muro.

No obstante, el efecto sobre la población occidental no fue precisamente el de la admiración, si no más bien de burla. Una de las más conocidas es la “venganza del Papa”, una gran cruz que se refleja por lo rayos del Sol en la esfera que hay en la punta.

Hoy día, este mastodonte de cemento con sus 368 metros de altura, sigue siendo uno de los edificios más altos de Europa y se ha convertido en una de las atracciones más importantes de la ciudad al funcionar de mirador. Incluso hay un restaurante giratorio en el que se puede disfrutar de una comida o cena con Berlín a tus pies.

Nosotros no tuvimos tiempo de subir y ojo, se suelen formar largas colas para entrar.

Precio: 13 €.

Para más info: www.tv-turm.de

Pero Alexanderplatz no sólo es la torre, sino mucho más. Justo al lado de la torre, se alza desde el año 1250 la iglesia gótica de Marienkirche y junto a ella la fuente de Neptuno.

Por otro lado, la estación de cercanías, una de las más concurridas de la ciudad, es una auténtica pasada, con ese encanto añejo que tienen las estaciones antiguas y sobre todo el luminoso de “ALEXANDERPLATZ”.

Pero si hay algo que nos encantó, fue el Reloj Mundial “Urania”, una estructura cilíndrica rotatoria con las 24 zonas horas del mundo y el nombre de las principales capitales del mundo. Como curiosidad, hace unos cuantos años corrigieron algunos errores que tenían las placas, en el que algunas ciudades estaban ubicadas en una zona incorrecta. Además, en lo alto hay un modelo simplificado del sistema solar, con los planetas y sus órbitas alrededor del Sol rotando una vez cada minuto.

Es el punto de quedada tanto para los berlineses como turistas; ¡hasta Jason Bourne queda aquí en la segunda película de la saga!

Lo que sí estaba claro, es que este reloj mundial tenía una gran foto por la noche.

¿Alguien dijo larga exposición?

No sabemos durante cuanto tiempo se mantendrá la plaza así, ya que cuando reunificaron las dos alemanias, se convocó un concurso público para modernizar la plaza. El proyecto ganador incluía demoler las construcciones actuales y elevar 13 rascacielos al más puro estilo neoyorkino. Pero a este paso, no se sabe cuando se hará e incluso si definitivamente se llevará a cabo. En mi humilde opinión, la dejaría tal y como está.

18. Visitar la preciosa Gendarmenmarkt

Es considerada cómo la plaza más bella de Berlín y posiblemente llevan razón, gracias a una composición arquitectónica perfecta.

En cada lado, se alzan las iglesias gemelas, a la izquierda la Deutscher Dom (la Catedral alemana) y a la derecha la Französischer Dom (la Iglesia Francesa).

Y en el centro, el Konzerthaus (la sala de conciertos).

La foto panorámica era obligada.

El origen del nombre de la plaza proviene del regimiento de coraceros “gens d’arms”, que se instalaron aquí con sus guardias y establos.

Además de la belleza de la plaza, en los alrededores hay numerosos restaurantes y hoteles de lujo.

19. Descubrir el Berlín más antiguo en Nikolaiviertel

Adentrarse en el barrio de Nikolai es hacerlo en el Berlín más medieval y eso es mucho decir.

Aquí fue donde nació la ciudad, allá por el año 1200, en torno a la Iglesia de San Nicolás, las más antigua de Berlín y que hoy día se sigue alzando con sus dos agujas por encima de los edificios.

Vistas de la Catedral de Berlín desde el barrio

Son sólo varias manzanas que se extienden desde el río Spree hasta la parte trasera del Ayuntamiento Rojo, pero aunque sea pequeño, te hará viajar en el tiempo.

Obviamente, al igual que el resto de la ciudad, el barrio quedó destruido por las bombas de la guerra, siendo durante muchos años una zona abandonada llena de escombros.
No fue hasta los años 80, cuando reconstruyeron el barrio de la forma más fiel posible, utilizando como guía los modelos históricos, fotografías y todo lo que permitiera volver a levantar un pequeño a parte de la antigua Berlín.

El resultado: una preciosa zona peatonal repleta de cafés, restaurantes, tiendas artesanales, de antigüedades y cómo no, bellos edificios.

Y lo que más me gusta: un rincón muy fotogénico.

20. Patear la extensa Potsdamer Platz

Terminamos el día en otro de esos rincones obligados: Postdamer Platz.

Antes de la guerra, esta plaza era el corazón de la ciudad, bulliciosa, moderna, vamos un Times Square de Berlín.

Tan importante era, que el primer semáforo de Europa se instaló en este cruce de calles. El semáforo no era mas que una casetilla en el que el operario activaba de forma manual las señales luminosas.

Hoy día, ese semáforo sigue en pie (reconstruido), pero prácticamente no queda nada de aquella época, siendo una de las zonas más castigadas por los bombardeos. Solo se mantuvo en pie la Haus Huth, un edificio de acero de seis plantas. El resto escombros y para más inri, durante la época del Muro, la plaza quedó dividida en dos, quedando abandonada y olvidada. Hoy día, se puede ver como la línea de adoquines que simboliza el muro, cruza toda la zona, así como varios trozos del mismo.

No fue hasta la reunificación alemana, cuando recuperaron la zona, dando cita a los mejores arquitectos del mundo con único fin: devolver el esplendor pasado a la zona.

Ampelmännchen, el hombrecillo de los semáforos de la antigua RDA, hoy símbolo turístico de la ciudad.

En pocos años, los edificios más modernos se fueron levantando hasta lo que es hoy día, una de las zonas más punteras.

En uno de esos rascacielos, el edificio Kollhoff, se ubica en la azotea el Panoramapunkt, uno de los mejores miradores de Berlín.

Para llegar arriba, el ascensor más rápido de Europa, que en sólo 20 segundos alcanza los 100 metros de altura.

¡Cómo se taponaban los oídos!

Allí arriba, tendrás unas vistas 360º de toda Berlín.

¡A fotografiar!

Precio: 6,50 €

Para más info: www.panoramapunkt.de

Una vez abajo, era la hora de disfrutar de la plaza por la noche iluminada.

Si hay una parte que gana de noche, sin duda es el Sony Center. No sabría como describirlo, ya que todo es un poco amorfo pero a la vez espectacular. Son varios edificios unidos por una gran cúpula de lonas que por la noche va cambiando de color. En su interior, hay restaurantes, cines e incluso una pantalla gigante para ver el fútbol.

Nos encantó.

Es la hora de acabar con la visita a Berlín, una ciudad que para nuestra opinión no es que sea precisamente bonita pero que tiene algo que engancha.

Lo que sí estamos seguro, es que cuando volvamos, nos encontraremos con un Berlín totalmente diferente, culpa de una ciudad que se reinventa cada día.

¡Hasta la próxima Berlín!

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