Qué ver y hacer en el Cabo de Gata

Nos adentramos en el Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar, un lugar aislado, árido, deshabitado y a merced de las inclemencias de la madre naturaleza.

Podría parecer el inicio de cualquier western americano, pero es que en realidad no hay rincón en el mundo que se le asemeje más.

Se trata de uno de los últimos rincones salvajes del mediterráneo, un remanso de paz que ha conseguido salvarse del turismo salvaje, ese turismo que ha llenado de cemento la mayoría de nuestro litoral.

63 kilómetros de línea costera con decenas de playas e infinitas calitas, todas ellas bañadas por un agua turquesa, cristalina y rebosante de vida marina.

Un litoral cortado una y otra vez por escarpados acantilados fruto de la intensa actividad volcánica que hubo aquí hace millones de años y que el viento y el mar han ido cincelando y moldeando hasta crear unos de los paisajes más bellos de España.

Un paisaje desértico, en el que las pitas, palmitos, chumberas y algún que otro oasis de palmeras son los únicos que le dan un toque de color verde a esta tierra de cerros y acantilados de color negro, ocre e incluso blanco.

Además, por si fuera poco, dispone de una temperatura media anual 20 grados, siendo bastante agradable durante todo el año.

Con todos estos ingredientes, uno se pregunta el por qué ha conseguido llegar intacto hasta nuestros días. La razón es bastante simple: el Cabo de Gata está perdido de la mano de Dios.

Aquí la vida no era sencilla y de ahí las pocas localidades que consiguieron llegar a convertirse en un pueblo como son Las Negras, La Isleta del Moro, Agua Amarga o San José.

Pocas tierras para cultivar, sin proyección económica y encima arrasada continuamente por los piratas berberiscos que venían desde Túnez, Tánger o Argelia y que se mantenían escondidos en las recónditas calas.

Estos piratas desvalijaban las poblaciones en un visto y no visto, desapareciendo tal y como si fueran fantasmas y llevándose a prisioneros que luego vendían como esclavos. El más famoso y temido de ellos fue Baba Aruj, conocido como Barbarroja. De ahí las decenas de torreones y fortificaciones que se construyeron a lo largo de toda la costa, con el único propósito de intentar de mantenerlos a raya.

Hoy día los piratas han sido sustituidos por hippies que inundan de buen rollo y sosiego las calles encaladas de los pueblos. Una paz que solo es interrumpida en verano, cuando todos los turistas nos acercamos a disfrutar de este cercano paraíso.

No nos quedaríamos cortos si dijéramos que estamos ante uno de los parajes naturales más bonitos no solo de Andalucía, sino de España entera.

Para que no te pierdas nada, os contamos 15 cosas que tenéis que ver y hacer en el Cabo de Gata:

  1. Playa de los Muertos
  2. Las Negras
  3. Cala San de Pedro
  4. Cala del Cuervo
  5. Senderismo
  6. El Playazo de Rodalquilar
  7. Paseo en barco
  8. Mirador de la Amatista
  9. La Isleta del Moro
  10. Los Escullos
  11. Playa de los Genoveses
  12. Playa de Mónsul
  13. Arrecife de las Sirenas
  14. Iglesia de las Salinas
  15. Playa de la Almadraba de Monteleva

1. Abrumarse con la majestuosidad de la Playa de los Muertos

Aunque su nombre eche un poco para atrás, se trata de una de las mejores playas del Cabo de Gata.

Un arenal completamente recto de más de 1 kilómetro longitud encajonado entre escarpados acantilados y un entorno 100% virgen.

No es de extrañar que haya sido elegida algunas veces como unas de las playas más bonitas de España.

Tanta belleza contrasta con su nombre tétrico, un nombre que deriva de los náufragos ahogados en alta mar y arrastrados hasta la orilla por las corrientes marinas que convergen a esta playa.

No es fácil llegar hasta aquí, ya que su único acceso es a través de varios senderos que parten desde el aparcamiento (justo en la carretera AL-5106). Son unos 15/20 minutos de bajada, por caminos de piedras y arena, así que lo mejor es no ir muy cargados, sobre todo por la subida que te esperará luego. Y de calzado, si puedes evitar chanclas, mejor.

Y si vas con niños pequeños, nada de carritos. Lo mejor es ir con una mochila de porteo.

Aunque maldigas durante el trayecto, una vez abajo, sabrás que ha valido la pena.

La playa en realidad no es de arena, sino más bien de piedrecitas muy pequeñas (cantos rodados) y que al andar por ellas, hace que sea todo un disfrute.

Además, para los que vamos con enanos, es un gustazo que no se te queden embadurnados de arena, ya que las piedrecitas se despegan fácilmente nada más secarte. 🙂

Gracias a estas piedrecitas, el agua es muy cristalina y tiene un color turquesa que te enamorará.

El más bonito que vimos en esta zona.

Como podéis imaginar, es ideal para hacer snorkel y es que además del agua limpia, también es rica en fauna. Ya verás la gran cantidad de peces que hay en el agua.

¡No te olvides las gafas!

Curiosamente, toda esta belleza contrasta con la mastodóntica central térmica y la zona industrial de Carboneras que hay a la izquierda, con esos grandes buques oxidados y la chimenea que rompe la estética natural.

Así pues, mejor mirar siempre hacia la derecha, donde se encuentra la descomunal e icónica roca incrustada sobre la orilla y que la da el toque dramático a la playa (por si ya no lo tuviera con el nombre).

Es allí donde todo el mundo desea plantar la sombrilla ya que además de estar resguardado los días de viento, los acantilados proporcionan sombra durante buena parte del día.

Gracias a esa roca, se ha formado la Cala del Peñón Cortado, con un agua mucho más calmada y por tanto, ideal para las familias y hacer snorkel.

En cuanto al agua de la Playa de lo Muertos, ya hemos dicho que es preciosa, la mejor a nuestro gusto del viaje. Pero ojo, se trata de una de las playas con mayores corrientes y no solo del Cabo de Gata, sino incluso de España. Esto se da, sobre todo, en los días de fuerte viento de levante, cuando las olas rompen con fuerza en la orilla, haciendo que salir de ella sea una tarea bastante complicada.

Además, la orilla tiene bastante desnivel, y por tanto, cubre prácticamente al entrar al agua siendo un gran problema para los niños, que si de normal nunca se les debe quitar el ojo, en esta playa sería ya una temeridad.

Y sí, como puedes imaginar, no hay vigilantes, ni nada.

Así pues, ¡mucho cuidado con el baño y precaución!

No hay que olvidarse que desde el aparcamiento también se puede acceder a un mirador con el que podrás disfrutar y contemplar la magnificencia del lugar.

Nosotros nos quedamos en la playa hasta casi la última hora del día, en pleno atardecer y cuando casi todo el mundo ya se había marchado. Fue un gustazo disfrutarla casi para nosotros solos.

Un último consejo: en verano recomendamos que vengáis bastante temprano y si podéis evitar el fin de semana, mejor, ya que el aparcamiento se suele llenar, teniendo que dar media vuelta. Además, durante estos meses, el aparcamiento cuesta 5 €.

Como opción “guay”, siempre puedes llegar en barco desde Carboneras.

Podéis ver que es una playa preciosa, pero que debido a su ubicación, condiciones e historias de naufragios, le dan un aire extraño y misterioso.

Sin duda, visita obligada en tu viaje al Cabo de Gata.

2. Disfrutar del buen ambiente de Las Negras

Y es que con tanto entorno natural, tampoco viene mal algo de civilización y en Las Negras tienes todo lo que necesitas para disfrutar un buen rato.

Se trata de una de las pocas poblaciones que encontrarás en todo el parque, un oasis de casitas blancas, pequeñas barcazas varadas en la orilla y ambiente hippie.

Cuenta la leyenda que una noche, los pescadores de la vecina Cala de San Pedro (donde se encontraba el antiguo núcleo poblado), se vieron envueltos en alta mar por una tormenta y jamás regresaron. Sus viudas, que tuvieron que buscarse la vida, se trasladaron a lo que hoy es el pueblo, levantando una pequeña aldea de apenas diez casitas encaladas. Y como podéis imaginar, fue ese atuendo de luto el que bautizó al pueblo con el nombre de Las Negras.

No obstante, también se dice que el nombre proviene del cercano acantilado Cerro Negro, de origen volcánico y que ha teñido la playa de negro tras siglos y siglos de erosión.

Hay que hacerse la idea de que es un pueblo muy pequeño (apenas 350 habitantes), pero que por suerte, tiene de todo. Desde restaurantes para comer buen pescado como en La Sal, disfrutar del buen tardeo en La Buganvilla o una deliciosa pizza en La Chumbera Honest Food.

Pero sin duda, lo mejor de Las Negras es su ambiente atemporal. Un lugar donde parece que el tiempo ha ido un poco más despacio y que nos permite sacar nuestro lado más bohemio y sosegado.

Ese lado que te permite disfrutar de las pequeñas y cotidianas cosas de la vida.

3. Llegar a la recóndita y salvaje Cala de San Pedro

Precisamente, desde Las Negras, es la única forma de acceder a una de las playas más bonitas del Cabo de Gata.

Un paraíso escondido entre acantilados y que cuenta con la última comunidad hippie aislada de España.

Esta comunidad lleva aquí instalada unos 40 años y han aprovechado los restos de las casas que pertenecían al antiguo núcleo poblado de Las Negras y que fue abandonado en los años 60.

Subsisten gracias a las piezas de artesanía (pulseras, tobilleras, pendientes, …), bebidas y comidas que venden a los visitantes. Pero sobre todo, y lo más importante, es que disponen de agua potable del manantial que hay en la propia playa y que ha creado un pequeño vergel fértil que les permite poder tener sus propios huertos.

Entiendo perfectamente por qué no se mueven de aquí: agua turquesa, buen clima y un entorno natural.

Una maravilla.

A lo lejos se ve La Cala de San Pedro

La playa es de apenas 250 metros y cuenta con el que es posiblemente el agua más bonita de todo el parque gracias a la arena blanca de su fondo marino y que le da un color turquesa que nada tiene que envidiarle al Caribe.

Para completar la postal, la Cala de San Pedro cuenta también con un castillo, o más bien, las ruinas de un castillo que fue construido para evitar, primero la piratería y más tarde el contrabando.

Para llegar a ella solo hay dos opciones:

  • En coche tomando desde Las Negras una pequeña pista forestal (en mal estado) que acaba a medio camino en una especie de parking. Tendrás que dejar allí el coche y terminar a pie los 2 kilómetros restantes (unos 30 minutos de caminata). En Verano, si no llegas temprano, es posible que el parking esté lleno y encima el calor puede ser bastante abrasador. Hay que decir también, que el sendero no es sencillo, habiendo tramos que van literalmente al borde del acantilado, siendo no recomendable para hacerlo con niños pequeños
  • En zodiac desde Las Negras. Este servicio solo suele estar en temporada alta (aunque si preguntas por el pueblo seguro que alguien te ayuda). Salen cada 15 minutos desde la misma orilla y el precio por trayecto oscilan entre los 5 y 10€.

Lamentablemente, nosotros, que íbamos con la peque, tuvimos que dejar esta visita para otra ocasión. Pero tenemos clarísimo que para la próxima no pasa.

4. Visitar la pequeña Cala del Cuervo

Seguramente, si no hubiésemos estado alojado en el camping que hay a la entrada de la playa, ni nos habríamos acercado, ya que hay muchas más calitas que la mejoran.

Pero es cierto que el rato que pasamos allí estuvimos muy a gusto.

Se trata de un pequeña cala de apenas 140 metros de arena fina mezclada con algunas piedras bastantes grandes, sobre todo a la entrada al agua y la zona más pegada al acantilado. Pero una vez que te metas dentro del agua, las piedras desaparecen por completo.

Además, en los días de mar tranquila, el agua se vuelve perfecta para practicar snorkel, pudiendo observar una gran fauna marina, sobre todo, en la zona más pegada al acantilado.

A pesar de estar bastante escondida, desde esta calita se obtienen unas buenas vistas de los acantilados más cercanos, como el Cerro Negro o la recóndita Cala San Pedro.

Y cómo no, también se puede ver el cercano pueblo de Las Negras.

Por cierto, si te gusta hacer kayak, desde aquí parte esta ruta en kayak que te llevará hasta El Playazo de Rodalquilar. Podrás contemplar la Cueva del Cuervo o de Las Palomas, darte un baño en zonas inaccesibles e incluso te harán algunas fotos que podrás descargarte gratuitamente. Será un gran recuerdo.

Para llegar a la Cala del Cuervo, solo tienes que tomar el pequeño camino que parte desde Las Negras hacia al Camping La Caleta, pudiendo aparcar justo a la entrada del mismo.

5. Recorrer algunos de sus senderos

Precisamente, por la Cala del Cuervo pasa uno de los senderos más conocidos del parque, el Sendero de La Molata (SL-A 102), que parte desde Las Negras y llega hasta el Playazo de Rodalquilar en un recorrido de ida y vuelta al borde de preciosos acantilados

Pero este es solo uno de las decenas de senderos que hay repartidos por todo el parque. Y es que prácticamente todo el litoral está bordeado por senderos.

Así pues, el Cabo de Gata es todo un paraíso para los amantes del senderismo, aunque hay una única pega: el terrible calor del verano. En esta estación, lo mejor es dejar las rutas para primera o ultima hora del día.

En este enlace podéis consultar y descargar en pdf las mejores rutas.

Si por el contrario, prefieres hacerlo en grupo y con guía, siempre puedes reservar esta ruta por la zona de los Genoveses.

6. Pasarlo en grande en El Playazo de Rodalquilar

Porque en esta playa podrás hacer de todo: tomar el sol, hacer snorkel, saltar desde las rocas, practicar senderismo e incluso contemplar un castillo.

Para nosotros, la playa más divertida de todo el parque y por supuesto, de las más bonitas.

El Playazo de Rodalquilar está ubicado a unos 3 km del pueblo, al cual se llega a través de una pequeña pista de tierra.

Es una de las más extensas, con 400 metros de arena fina y dorada, así que no tendrás problema para encontrar sitio.

En cuanto al agua, pues otra maravilla.

Poca profundidad, cristalina y con bastante fauna marina en las zonas más pegadas a las rocas.

Gracias a ello, es una playa ideal para ir con los peques.

Hay que decir que El Playazo se ubica sobre los restos de un antiguo volcán (de hace 15 millones de años) y que el viento y el mar ha ido modelando hasta el día de hoy.

Al sur, está el Cerrico Romero, con ese típico perfil de acantilado que tanto se ve por el parque.

Pero es al norte, donde encontramos las formaciones más interesantes gracias a la moldeada duna fosilizada con unas formas caprichosas que invitan a saltar desde ellas para darse un buen chapuzón en el agua turquesa.

Y entre medias, la recogida Calilla del Playazo, perfecta para los días de viento.

No podemos olvidarnos de la Batería de San Ramón, un bastión defensivo construido en el siglo XVIII como otros tantos que hay repartidos por toda esta costa para protegerse de los piratas.

Estuvo en uso por la policía de vigilancia hasta 1875, cuando se vendió a un particular por 1500 (¡casi 10€!), convirtiéndose en una residencia privada. Hoy día es noticia, ya que desde 2018, se busca comprador por poco más de 3 millones de euros.

¡Quién tuviera ese dinero!

Desde aquí tendrás unas excelentes vistas tanto del Playazo como de los acantilados de La Molata.

La verdad, es que nos lo pasamos muy bien en esta playa.

Además, como estuvimos alojados bastante cerca, no perdí la ocasión de venirme a contemplar el amanecer.

Y como podéis ver, fue una buena idea.

7. Dar un paseo en barco para conocer los lugares más inaccesibles

Buena parte del litoral del Cabo de Gata es abrupto e inaccesible. Por tanto, un paseo en barco es la única manera de poder contemplarlo. Aunque también es verdad que no hace falta buscar buenas razones para subirse a un barco y disfrutar de un buen rato relajado y con la brisa del mar como compañero de viaje.

Con estos paseos, podrás acceder a algunas de esas calas escondidas, adentrarte en cuevas marinas y por supuesto, ver el litoral desde una perspectiva diferente.

Hay multitud de empresas que se dedican a ello y suelen partir desde cualquiera de las localidades del parque. Reserva directamente dese aquí tu paseo en barco con salida desde Las Negras, San José o Carboneras.

Y si lo que quieres es darte un lujo, puedes reservar este paseo en yate privado al atardecer.

Sin duda alguna, uno de los mejores planes por hacer en el Cabo de Gata y que si tenéis oportunidad de hacerlo, lo hagáis.

Otra buena opción es hacer una ruta en kayak, que aunque no es tan relajado como en un barco, la experiencia será incluso más interesante.

Encuentra aquí la ruta en kayak que más te apetezca.

Nosotros nos quedamos con las ganas de hacer ambas cosas, pero seguro que para la próxima lo haremos.

8. Sentirse pequeño desde el Mirador de la Amatista

A mitad de camino de la carretera AL-4200, entre Rodalquilar y la Isleta del Moro, te encontrarás con este espectacular mirador.

Desde aquí podrás contemplar el abrumador paisaje del Cabo de Gata, ese paisaje tan característico de escarpados acantilados, montañas de origen volcánico y un mar de azul intenso.

Construido sobre un antiguo puesto de vigilancia de la Guardia Civil, divisarás algunas de esas calitas que son prácticamente inaccesibles, el Pico de los Frailes y la Isleta del Moro.

Creo que no hace falta decir que merece la pena hacer un alto en el camino para pararse en este espectacular rincón.

9. Relajarte y saborear buen pescado en La Isleta del Moro

Porque aquí es, posiblemente, donde se come el mejor pescado y arroz caldoso del Cabo de Gata o por lo menos el que tiene más fama.

Pero La Isleta del Moro es mucho más que un lugar para comer. Y es que en ella encontrarás la típica postal de pueblecito pesquero con sus pequeñas casitas blancas;

sus barquitas fondeando en la orilla o varadas en plena calle;

y por supuesto, un ambiente tranquilo y sosegado.

Aquí también se ha detenido el tiempo.

Te preguntarás el origen del nombre, ¿verdad?

Se dice que viene de Mohamed Arráez un guerrero berberisco que desembarcó en este rincón y que terminó quedándose allí. De hecho, incluso hay vecinos del pueblo que llevan ese apellido.

Normal que eligiera este sitio para vivir, porque básicamente es una maravilla de lugar.

El paisaje está dominado por dos grandes peñones. El primero está casi separado de la tierra, unido por una estrecha hilera de casitas blancas. El otro si está separado de la tierra y cuenta con un fondo que rebosa de vida marina. Es por ello, que esta aldea sea uno de los centros de buceo más importantes de la zona, contando con varias empresas que organizan inmersiones.

Para los que somos más de sol y playa, a la izquierda del pueblo (norte) está la Playa del Peñón Blanco, de oscura arena fina y un mar con poca profundidad. Así que es otro buen lugar para echar un buen día de playa.

A la derecha del pueblo (sur) no hay playas, pero sí un bonito embarcadero que es el sitio ideal para contemplar el atardecer.

Además, hay un mirador con unas vistas perfectas de la aldea y el Volcán de Los Frailes. Eso sí, como todo lo volcánico del Cabo de Gata, se trata de un volcán apagado desde hace millones de años, aunque a pesar del tiempo y la erosión, aún conserva su forma cónica o mejor dicho, su formología de domo.

Hay un panel informativo que explica bastante bien lo que ocurrió aquí hace millones de años.

Para terminar, lo hacemos tal y como comenzamos, hablando del buen pescado que se come aquí.

El restaurante más conocido es La Ola pero nosotros, que no hicimos reserva, tuvimos que probar otro. Preguntando a un vecino del pueblo, nos aconsejó el Club Municipal de la Tercera Edad. La verdad es que comimos de maravilla y de hecho, luego nos dimos cuenta que también es bastante conocido. Está justo al lado del mirador.

Resumiendo, ¡nos encantó La Isleta del Moro!

10. Alucinar con la caprichosas formaciones de Los Escullos

Muy cerca de la Isleta del Moro nos encontramos con la que es, posiblemente, la duna fósil más fotografiada (y grande) del Cabo de Gata: la de Los Escullos.

La principal razón es por esa formación única que desafía la leyes de la gravedad y que todo el mundo se sube para fotografiarse.

Pues bien, NO LO HAGÁIS.

Nosotros lo hicimos sin ser conscientes de la gravedad y la poca responsabilidad que supone maltratar este monumento natural. No lo sabíamos y como todo el mundo lo hacía pues nosotros no fuimos menos, hasta que subimos una foto a Instagram. Allí nos sacaron los colores y fue cuando nos informamos de que además de peligroso, es un atentado contra la naturaleza. Se no cayó la cara de vergüenza.

Así que por favor NO HAGÁIS COMO NOSOTROS y hacedle la foto sin subiros en el risco.

Además de este increíble monumento natural, en Los Escullos encontrarás la Playa del Arco, bastante amplia y con una arena dorada y fina.

Hacia el otro lado de la duna fósil, está el Fondeadero de Los Escullos y la Punta del Esparto, un rincón muy conocido entre los buceadores. Y cómo no, también hay un castillo, el de San Felipe y que estaba destinado (adivinad) a la protección frente a los ataques de los piratas.

11. Visitar la Playa de los Genoveses

Sin duda alguna, una de las playas top del Cabo de Gata.

Virgen, de arena dorada, agua limpia y un entorno 100% natural.

Esta es la carta de presentación de uno de los parajes más bonitos de todo el parque.

Ubicada en medio de la nada, no hay ni una sola construcción en toda la zona y esto, en pleno Mediterráneo, es casi un milagro.

La playa, que ocupa toda una bahía, cuenta con más de 1 kilómetro longitud y está rodeada de pequeñas dunitas y la típica vegetación del desierto de Almería: pitas, chumberas y agaves.

Al contrario de otras playas, como la de Los Muertos, ésta si tiene una entrada al mar bastante suave, siendo ideal para las familias. Aunque como pasa en casi todas las playas del Cabo de Gata, hay que tener mucho cuidado con los días de viento de Levante y sus peligrosas corrientes de resaca.

La playa está divida por la Duna Fósil de los Genoveses, siendo la parte que queda al norte donde está la zona más amplia de arena y donde se suele poner casi todo el mundo. Al sur, el arenal se vuelve mucho más estrecho (y tranquilo), como si fuesen pequeñas calitas hasta llegar al impresionante Morrón de los Genoveses, desde el cual se obtienen una vistas maravillosas de todo el Campillo del Genovés.

La Playa de los Genoveses, además de ser ideal para pasar un día inolvidable de playa, también lo es para practicar surf, siendo el mejor sitio para ello de todo el parque.

Raro será no encontrarse con algún surfero.

Hay que decir que el nombre de esta playa es en homenaje a las 200 naves genovesas que en 1147 desembarcaron y acamparon en la bahía. Allí esperaron varios meses hasta partir hacía Almería para luchar contra los musulmanes junto a las tropas de Alfonso VII. Y por este motivo, la bandera de Almería es similar a la de Génova.

Cómo no, al ser una playa virgen, no hay ningún tipo de servicios: ni baños, papeleras o chiringuitos.

Por último, y no menos importante, es como llegar a esta playa. Ojo, porque esta información te ahorrará que tengas que dar media vuelta, como nos pasó a nosotros.

Para llegar a esta playa, y al resto que le siguen (Mónsul, Barronal o Cala Carbón), el único acceso es a través de una pista de tierra que parte desde San José. El problema está que para evitar la masificación, en Verano solo se permite la entrada a número limitado vehículos y una vez que se sobrepase, se corta el acceso, siendo el transporte público (o andando) la única forma de llegar hasta ella. Así que si quieres llegar con tu coche, tendrás que madrugar y aviso que muchos tendrán la misma idea.

Una vez pasado la barrera, tendrás que abonar 5 € en concepto de aparcamiento.

Sí, es un fastidio, pero el paraíso tiene su precio.

Autobús San José – Playas

💶 Precio:

  • Ida y Vuelta: 2,7 €
  • Ida: 2 €
  • Traslado entre playas: 2 €

📍 Paradas:

  • San José (Calle San José): parada Autobuses Bernardo
  • Playa de los Genoveses
  • Playa de Barronal
  • Playa de Mónsul
  • Playa de Cala Carbón

🕓 Horario:

  • 10:30 a 20:00 con una frecuencia de paso de 60 minutos. Línea operativa solo en Verano.

ℹ️ Información actualizada:

www.autocaresbernardo.com

12. Disfrutar de un buen amanecer en la peliculera Playa de Mónsul

Siguiendo esa pista de tierra un par de kilómetros más, llegamos a otro must del Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar: la Playa de Mónsul.

Un paraíso natural que también ha logrado salvarse del “ladrillo” y que bien merece el esfuerzo de llegar hasta aquí.

Una playa que resume a la perfección la fisionomía del parque: lenguas de lava fosilizadas,

agua cristalina

y una fina arena negra fruto de la erosión del viento.

No es una playa amplia, ya que apenas cuenta con 400 metros de longitud, pero la lengua de arena es bastante ancha y es por ello que puede albergar bastante gente en temporada alta.

Esa es la razón por la que decidí visitarla al amanecer, un buen madrugón que costó pero que me recompensó con una playa solitaria durante unas horas.

¡Todo un privilegio!

El icono de esta playa es su singular roca con forma de ola petrificada e incrustada en la orilla, también llamada La Peineta de Mónsul y que te resultará bastante familiar, ya que es la razón por la que esta playa haya aparecido en multitud de películas, anuncios o series. La más conocida Indiana Jones y La Última Cruzada.

En cuanto al agua, pues una maravilla: cristalina, con entrada progresiva en el mar y como está resguardada, un poco más templada que en el resto de playas de la zona.

Ideal para poder ir con niños pequeños.

Y por supuesto, no te puedes olvidar de las gafas de snorkel, aunque como has podido ver en todo el post, lo mejor es que las gafas vayan siempre contigo. 🙂

Tampoco debes dejar la oportunidad de llegar a la Ensenada de Mónsul, una pequeña cala que hay a la derecha y que dependiendo del estado de la mar, es accesible a pie desde a orilla. Estarás mucho más tranquilo y resguardado tanto del viento como del Sol.

Al igual que la Playa de los Genoveses, se trata de una playa virgen, sin ningún tipo de servicios y que debemos dejarla tal y como nos la hemos encontrado. Además, hay que decir que está prohibido subir a la duna, ya que se trata de un ecosistema protegido. Es verdad que todo el mundo lo hace, sin tomar conciencia de que poco a poco se va deteriorando.

Sinceramente, no te puedes marchar del Cabo de Gata sin antes visitar esta maravilla natural.

13. Viajar a otro planeta con el Arrecife de las Sirenas

El Arrecife de las Sirenas es uno de los puntos más fotografiados del Cabo de Gata. De hecho, en cualquier búsqueda que hagas en Google, siempre saldrá alguna instantánea nocturna del arrecife con la Vía Láctea de fondo.

Normal, porque es un rincón único.

Estas formaciones rocosas, que de manera caprichosa asoman por encima del agua, son en realidad unas antiguas chimeneas volcánicas. De ahí su color oscuro y sus afilados peñascos originados por la cristalización del magma.

Tiempo atrás, era el hogar de una colonia de focas monjes. De hecho, se dice que el nombre proviene por la confusión de los pescadores, quienes creían que los gritos de las focas eran los cantos de las sirenas. Lamentablemente, desde mediados del siglo XX, ya no queda ninguna foca.

Para contemplar el arrecife, que mejor que hacerlo desde el Mirador de las Sirenas, justo al lado del Faro de Cabo de Gata. Desde allí podrás ver, a través del agua cristalina, el espectacular fondo marino.

Pero no os quedéis solo allí. Se puede acceder al arrecife a través de una pequeña bajada que parte desde el mirador. Llegarás a unas antiguas guías para embarcaciones bastante oxidadas, con un toque de abandono que le da aun más misterio.

Evidentemente, no es el lugar más adecuado para echar la toalla y tomar el sol.

Aquí se viene a bucear o hacer snorkel y es que se está ante unos de los fondos marinos más interesantes de España.

No obstante, si caminas a la izquierda del embarcadero, a través de las rocas, encontrarás algunas calitas escondidas en las que apenas cabe una toalla. 🙂

Si quieres disfrutar al máximo de este rincón, desde la cercana playa de La Fabriquilla parte esta ruta en kayak que te llevará hasta el Arrecife de las Sirenas. Allí también podrás hacer snorkel.

¡Un plan perfecto!

Por cierto, a pesar de estar muy cerca de las playas anteriores (Genoveses, Mónsul, …), la única forma de acceder aquí es desde la carretera que parte desde San Miguel de Cabo de Gata, ya que la pista forestal que une ambas zonas está cortada a mitad de camino.

Sin duda alguna, el Arrecife de las Sirenas es un lugar de otro planeta.

14. Contemplar la misteriosa Iglesia de las Salinas

Porque una iglesia, tan solitaria como ésta, tenía que esconder sus misterios.

Ubicada a medio camino de la nada, entre las barridas de Cabo de Gata y La Almadraba de Monteleva, fue construida a principios del siglo XX para los trabajadores que trabajaban y vivían cerca de las salinas.

Está tan cerca del mar, que incluso tuvieron que construirla sobre una plataforma para que el agua y la arena no entrase.

Durante mucho tiempo estuvo en ruinas, con un aspecto tétrico, hasta que en 2012 fue restaurada. Se dice que durante el tiempo que estuvo abandonada, se hacían ritos satánicos o que en su interior se daban sucesos paranormales.

La verdad, es que daba un poco de yuyu.

Hoy día, se trata de uno de los monumentos más icónicos de la zona e incluso ha salido en multitud de anuncios publicitarios, videoclips y por supuesto, películas o series, como por ejemplo La Casa de Papel.

15. Resguardarte del viento en Playa de la Almadraba de Monteleva

Terminamos en la que es la playa más extensa del Cabo de Gata, la de Almadraba de Monteleva, también conocida como la Playa de las Salinas.

5 kilómetros de playa rectilínea que discurre en paralelo a la única carretera que da acceso al Faro del Cabo de Gata.

Se trata de una playa familiar, con aguas tranquilas y tramos de arena fina. Lo mejor es que en los días de fuerte viento de Levante y que suele castigar al resto de playas del parque, aquí afecta mucho menos.

Hay que decir que la parte más pegada a la montaña pasa a llamarse la Playa de la Fabriquilla, mucho más resguardada del viento.

Por cierto, muy cerca de la iglesia, hay unas casitas de pescadores muy pintorescas. Son de madera y están reconcomidas por el salitre, dándole un toque muy pintoresco.

Información práctica

¿Cómo moverse en el Cabo de Gata?

En el Cabo de Gata solo hay varias líneas de autobuses que comunican los principales pueblos del parque, así que salvo la línea que nos lleva a las playas de San José (Genoveses, Mónsul,…), para el resto de playas nos tendremos que buscar la vida.

Por lo tanto, para disfrutar al 100% es casi obligatorio disponer de un coche propio. Con él te moverás con total libertad, pudiendo llegar fácilmente a todos los rincones que hemos comentado. Reserva un coche de alquiler al mejor precio directamente desde este enlace.

¿Dónde alojarse en el Cabo de Gata?

Como podréis imaginar, la oferta hotelera no es ni mucho menos extensa. La mayoría de los hoteles son pequeños y el resto son apartamentos o alojamiento rurales. Y en última instancia, están los campings. Por ello, a veces, en temporada alta es bastante complicado encontrar un alojamiento, sobre todo en los pueblos que están dentro del parque.

Los mejores lugares para alojarse son Las Negras, San José o Agua Amarga, pero encontrarás precios más económicos en poblaciones de fuera del parque como Carboneras o Mojácar.

Nosotros nos alojamos en el Camping La Caleta, muy cerca de Las Negras, y la verdad es que no nos podemos quejar de nada.

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¿Cuándo ir?

En el Cabo de Gata hay un buen clima durante casi todo el año (temperatura media de 20º) y con un gran número de días de Sol. Por ello, es un destino que podemos cuando queramos. Aunque es cierto, que para disfrutar de la playa deberíamos ir cómo mínimo al empezar la Primavera o como mucho en Otoño.

No obstante, la mayoría de visitantes se concentran en Verano y más en particular, en Agosto. Así pues, si tienes la oportunidad, evita el mes de Agosto, ya que los alojamientos suben de precio, los parkings de las playas se llenan pronto y en definitiva, rompe un poco con la esencia del Cabo de Gata.

Mayo, Junio y Septiembre son, sin duda, lo mejores meses para visitar el Cabo de Gata.

Consejos

Aunque muchos de ellos ya los hemos comentado, os detallamos algunos consejos:

  • Muchas de las playas son vírgenes y por tanto no hay ningún tipo de servicio. Lleva siempre agua y alguna bolsa de basura para guardar los desperdicios del día. Y por supuesto, mucho cuidado con el mar, ya que no hay vigilancia.
  • El acceso a algunas playas y calas no es sencillo así que, antes de salir, infórmate bien sobre el acceso y la complejidad del mismo como por ejemplo en la Playa de los Muertos.
  • Usa siempre crema solar, ya que el Sol de Almería no perdona, sobre todo en Verano.
  • Lleva siempre en la bolsa de la playa las gafas de snorkel. Lo agradecerás.

Pues hasta aquí todo lo que no te puedes perder si visitas en Cabo de Gata.

Y ojo, esto solo es un parte de todo lo que puedes encontrar en este Parque Natural. Faltan algunas playas increíbles, como la Cala de Enmedio o del Plomo; pueblos como Agua Amarga o Níjar, con sus coquetas tiendas de artesanía; o las famosas Minas de Oro de Rodalquilar. Y por supuesto, las decenas de calitas escondidas y que todas ellas merecen una visita.

Como podéis ver, el Cabo de Gata tiene rincones para aburrir. La única decisión difícil que tienes que hacer es decidir donde quieres invertir el tiempo que estaréis en este paraíso.

Nosotros solo tenemos claro una cosa: volveremos para recorrer los rincones que aún nos faltan por visitar.

¡Esperemos que disfrutéis tanto como nosotros!

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