10 cosas que ver y hacer en la Serranía de Ronda

La Serranía de Ronda es una de las nueve comarcas de Málaga y en su interior se esconden algunos de los mejores atractivos de toda la provincia.

Una comarca en el que la naturaleza es la principal protagonista, siempre presente con sus bosques de castaños, alcornoques e incluso pinsapos; y con pequeños ríos de aguas cristalinas que van de un lado para otro y que nos brindan de un buen baño refrescante en los días de calor.

Y salpicados por la montaña, como si fueran gotas de pintura blanca, sus pequeños y recónditos pueblos.

Pueblos con un mismo origen y pasado andalusí que han conseguido conservar hasta nuestros días, con sus laberínticas calles, sus casas encaladas e incluso sus costumbres.

Como si el tiempo apenas hubiese pasado.

La Serranía de Ronda sigue siendo un lugar lejano y aislado, tal y como ocurría en los siglos XIX y principios del XX, en el que las diligencias eran continuamente atacadas por los bandoleros que escondían en las numerosas cuevas que hay en esta zona, siendo toda una aventura adentrarse y cruzar por ellas.

Hoy día estos bandoleros han dado paso a los turistas que venimos buscando paradójicamente esa ansiada tranquilidad y desconexión que tan difícil es de conseguir.

Pero la Serranía de Ronda es mucho más y para ello está la propia Ronda.

Una ciudad con alma de pueblo que enamoró a ilustres escritores que vinieron buscando la inspiración para sus obras y que hoy día se ha convertido en uno de los atractivos más conocidos no sólo de Andalucía, sino de España entera.

En definitiva, se trata de un completísimo destino que mezcla historia, patrimonio y naturaleza.

Sólo hay un problema, ¡que hay mucho por ver y hacer!

Por tanto, en este artículo, os contamos 10 cosas que ver y hacer en la Serranía de Ronda:

  1. Cueva del Gato
  2. Montejaque
  3. Acinipo
  4. Ronda
  5. Bosque de Cobre
  6. Alto Genal
  7. Alpandeire
  8. Benalauría
  9. Genalguacil
  10. Gaucín

1. Refrescarte a las puertas de la Cueva del Gato

Comenzamos la ruta casi en la frontera con Cádiz, en el pueblo de Benaoján aunque nuestra parada es en los alrededores del mismo, la famosa Cueva del Gato.

Se trata de uno de los rincones más conocidos y refrescantes de la zona, aunque como podéis imaginar, sus frías aguas sólo son aptas para los días de verano.

Hay que decir, que este Monumento Natural está ya dentro del Parque Natural Sierra de Grazalema.

Realmente, se trata de la entrada de uno de los sistemas espeleológicos más importantes de toda la Andalucía, el de Hundidero-Gato, con 10 km de recorrido en 10 rutas distintas. En su interior hay salas de hasta 70 metros de altura, antiguas galerías fósiles, cañones, lagos, simas y algunas pinturas rupestres. Eso sí, debido a su peligrosidad, la cueva sólo es visitable con guía y autorización especial.

Así que solo nos podemos conformar con ver la entrada desde el manantial de aguas permanentes y cristalinas que brota desde la misma cueva, también llamado charcón del río Guadiares.

Como hemos dicho al principio, toda esta zona estaba minada de bandoleros o contrabandistas y como podéis imaginar, ésta era de una sus guaridas.

Cualquiera se atrevía a pasar por aquí…

Como nuestra visita fue en Noviembre, nos limitamos a jugar con las hojas que había en el suelo y a echar un rato bien relajado escuchando el sonido del agua.

No estaba el clima como para darse un baño.

Por cierto, aunque el acceso a la zona es gratis todo el año, en verano, si quieres quedarte y darte un baño, hay que pagar 2 € de Lunes a Viernes y 2,50 € los fines de semana y festivos (1€ y 1,50€ los menores de 12 años).

2. Visitar el escondido pueblo de Montejaque

Sin irnos muy lejos, llegamos a este bonito pueblo encajonado entre montañas de origen kárstico.

Limítrofe con la provincia de Cádiz, Montejaque también pertenece a la Sierra de Grazalema pero como nos pillaba de paso, no dudamos en hacerle una breve visita.

La idea era hacer una pequeña ruta por Los Llanos de Líbar, que cuenta con unos bonitos prados donde se alimenta el ganado y al cual se llega a través de una sencilla ruta de senderismo.

Pero cuando uno viaja con un bebé de poco más de un año, los planes son más difíciles de cumplir y al final nos limitamos a recorrer una pequeña parte del recorrido.

Vamos, que no vimos ni los llanos.. 🙂

Eso sí, la enana disfrutó con las cabrillas y de una buena merendola al aire libre.

Con la noche ya encima, era el turno de pasear por el pueblo.

Montejaque se extiende a lo largo de la colina con sus hileras de casas blancas, sus tejas árabes y cómo no, sus flores de colores adornando las calles.

La mejor forma de visualizar el pueblo es subiendo al Mirador del Karst.

Subir ya es un gustazo, ya que te obligará a recorrer la parte alta del pueblo que aún conserva el original trazado musulmán de estrechos y retorcidos callejones.

Una vez arriba, disfrutarás de unas excelentes vistas del pueblo y de algunas del montañas que lo rodean, como son el Peñón de Mures (865 metros), el Cerro Tavizna (899 metros), El Hacho (1.065 metros) o el Pico Ventana (1.298 metros).

La pena fue que ya era noche cerrada…

El origen de Montejaque se remonta al siglo XI y toma el nombre de Monte-Xaquez que en árabe significa Montaña Perdida. Durante esta etapa, el pueblo contó además con un castillo que lamentablemente ya no queda nada de él.

Muy recordada es la victoria que tuvieron sobre los franceses en la Guerra de la Independencia. En ella, un grupo de 200 habitantes, tanto de Montejaque como de varias localidades cercanas, vencieron a 700 del bando contrario.

No te puedes marchar sin visitar la Iglesia de Santiago el Mayor o el Lavadero de la Fuente Vieja, hoy convertido en un Centro de Interpretación.

Y cómo no, siempre hay que hacer alguna paradita en la plaza del pueblo.

Por cierto, aquí encontrarás también el Centro de Espeleología, que cuenta con un museo multimedia sobre la formación de las cavidades y simas; además de ser un punto de información y contratación de actividades. No hay que olvidar que justo al lado del pueblo está la entrada a la Cueva del Hundidero, que como antes comentábamos, está conectada con la Cueva del Gato.

3. Viajar en el tiempo visitando los restos de Acinipo

Nuestra siguiente parada se ubica a 18 kilómetros de Ronda, a uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de toda la provincia.

En su interior podrás contemplar los restos de la antigua ciudad romana de Acinippo, una de las más importantes de Andalucía y que gracias a la altura sobre la que se asentó (999 metros sobre el nivel del mar) y las tierras fértiles del alrededor, dispuso de un gran valor estratégico.

Y es que desde aquí se obtienen unas vistas impresionantes que abarcan tanto Málaga, Cádiz y Sevilla.

Aunque el origen del asentamiento se sitúa en el Neolítico con excavaciones arqueológicas que datan de año 3.000 a.C. y una población fija durante la Edad del Cobre, Bronce e incluso Íbera. Pero fue a partir del año 206 a.C., ya con los romanos, cuando la ciudad se hizo importante y con ello la construcción de los edificios monumentales. Incluso tuvieron la acuñación de una moneda propia algo que demuestra la gran importancia que tuvo desde el punto vista político y administrativo.

De todos estos edificios, el que más destacaba era su impresionante teatro, un teatro que hoy día es uno de los mejores conservados de toda la Hispania romana.

Con un diámetro de 62 metros y una gradería que fue excavada sobre la misma roca caliza con capacidad para 2000 personas, ponerse ante él es todo un viaje al pasado.

En el yacimiento también destaca una gran vivienda señorial (domus), el foro y unas termas.

La ciudad quedó abandonada en el siglo III pasando el control territorial a Arunda, la actual Ronda y quedando Acinipo catalogada como «Ronda la Vieja».

Lástima el gran expolio que durante siglos sufrió el yacimiento, incluso hasta hace pocas décadas. Por suerte, la protección del lugar está ya asegurada y a día de hoy se siguen realizando excavaciones que cada cierto tiempo nos desvelan más detalles sobre este impresionante lugar.

💶 Precio:

Entrada Gratuita

También puedes contratar este free tour.

🕓 Horario:

Los horarios son bastante reducidos y variables. Estos horarios se van actualizando en su página de Facebook.

ℹ️ Información:

www.juntadeandalucia.es/cultura/enclaves/enclave-arqueologico-acinipo

4. Enamorarte de Ronda

Tras abandonar las ruinas, es el turno de Ronda, para muchos una de las ciudades más bonitas de Andalucía.

Y es que en ella aún se respira el romanticismo de otra época mientras se pasea entre sus calles, plazas y palacios señoriales, recordando aquellas leyendas de nobles, damas apasionadas y por supuesto, bandoleros.

Y en medio de todo este plantel teatral, el impresionante Puente Nuevo de Ronda, posiblemente, uno de los monumentos más conocidos de España en el mundo entero.

Igual de impresionante que de importante, el puente fue levantado en el año 1793 para unir las dos «Rondas», hasta entonces separadas por el Tajo, un imponente desfiladero que el río Guadalevín ha ido moldeando con el paso del tiempo.

Ésta es, sin duda, la postal más famosa de Ronda.

Pero antes de volver a ella, vamos a dar un paseo por esta bella ciudad y sus grandes atractivos.

Siempre recomendamos hacer un freetour o reservar una visita guiada.

Uno de ellos es el Enclave Arqueológico de los Baños Árabes, el mejor conservado de toda la península.

Ubicado junto al Puente Viejo y a los pies de la muralla, entrar en él es todo un viaje al pasado, sobre todo en la sala central con sus arcos de herradura y tragaluces en forma de estrella.

La entrada al recinto son 3,5 € y sólo está abierto de Jueves a Domingo.

A la salida, no olvides fijarte en la muralla y en algunas sus antiguas puertas de estilo musulmán como son el Arco de Felipe V o la Puerta de la Cijara.

Atravesando una de estas puertas llegarás a la Casa del Rey Moro, un precioso palacio del siglo XVIII. En su interior hay un jardín de esos que enamoran, con sus bonitas fuentes y estanques, el olor de las flores, antigüedades y azulejería andaluza. Además, desde este jardín se accede a la Mina del Agua a través de unas escaleras de 200 peldaños que te llevarán hasta la misma orilla del río Guadalevín, al fondo del desfiladero. La entrada son 8 € y está abierto todos los días.

Pero éste no es el único palacio a visitar. Justo al lado de él está el Palacio de Salvatierra, con una fachada en el que hay labradas símbolos bíblicos e iconografía precolombinas. Y unas manzanas más arriba, está el Palacio de Mondragón, la antigua residencia de los gobernadores musulmanes hasta la conquista cristiana. Hoy día es el Museo de la Ciudad y cómo podéis imaginar, en su interior hay un bonito patio mudéjar que se abre a la inmensidad del Tajo. La entrada son 3 € (Miércoles gratis).

Y si en Ronda hay palacios, tampoco iban a faltar iglesias. Y de hecho, hay unas cuantas que deberás, cómo mínimo, contemplarlas.

La primera es la Iglesia del Espíritu Santo, construida por los Reyes Católicos sobre una antigua mezquita de la ciudad.

Y un poco más arriba, dirección al puente, te toparás con la impresionante Iglesia de Santa María la Mayor, la más importante de Ronda. La iglesia aún conserva algunos detalles de su pasado musulmán, pero es el campanario octogonal el que se lleva todas las miradas. Y todo ello en una monumental plaza rodeada de edificios importantes.

Para nosotros, esta zona de Ronda es la más bonita y a la que os animamos a que os perdías por ella.

Más tarde o temprano llegaréis al Tajo y a su espectacular Puente Nuevo.

Al otro lado del puente se ubica la Ronda «mas moderna» y «comercial».

Allí encontrarás la Plaza de Toros, para muchos la más bonita y famosa por sus Corridas Goyescas en el que todo se ambienta en el siglo XVIII.

Pero aquí lo realmente importante es asomarse desde el Mirador de Ronda, ubicado justo a las espaldas de la Plaza de Toros.

Es ahí donde se te encogerá el estómago ante tan impresionante abismo.

De esos lugares que te dejan boquiabiertos.

Recuperada la respiración, dirígete al Parque de María Auxiliadora y si puede ser a última hora de la tarde, mejor. Y es que desde aquí se accede al Mirador frente el Puente Nuevo y es, sin lugar a dudas, la postal más famosa de toda Ronda.

Y lo de venir a última hora de la tarde os podéis imaginar por qué, ¿verdad?

Para poder contemplar como se enciende esta maravilla arquitectónica.

Ante ti, el imponente puente de 98 metros de alto y «su cola de caballo», que es como llaman a la cascada que siempre cae al fondo del despeñadero.

Sin duda alguna, la mejor forma de despedirse de esta impresionante ciudad.

Por cierto, no te puedes ir de Ronda sin probar sus Yemas del Tajo. 🙂

Por cierto, si estás en Málaga y solo quieres conocer Ronda, siempre puedes contratar esta excursión a Ronda y Setenil de las Bodegas.

5. Alucinar con el color de los castaños del Valle del Genal

Dejamos atrás la romántica Ronda para adentrarnos en uno de los mayores atractivos de la Serranía de Ronda: el Valle del Genal.

Se trata de una de las maravillas naturales de la provincia. Un valle tapizado de bosques de castaños y alcornoques que además alberga hasta 15 pequeños pueblos, a cual más bonito.

Una joya natural perfecta para perderse por algunos de los muchos senderos que hay por la zona.

Pero es en Otoño, sobre todo a partir de la segunda quincena de Noviembre y la primera de Diciembre, cuando el Valle del Genal se vuelve mágico. Y es que los bosques de castaños nos regalan los colores más típicos del Otoño, con sus intensos amarillos, naranjas y ocres.

De hecho, se ha ganado el sobrenombre de Bosque de Cobre.

Durante estas semanas, las hojas secas de estos árboles caducos se van cayendo lentamente, dejando una colorida estampa otoñal.

Los más llamativos son los castaños ubicados entre Pujerra, Igualeja y Parauta, pueblos conectados con sencillos senderos que atraviesan estos bosques.

Algunos de estos castaños son centenarios, con grandes troncos y ramas que se extienden a lo largo del camino y que son dignos de fotografiar.

No es de extrañar que todos los años, cientos de aficionados a la fotografía se dejen caer por aquí para tratar de capturar la magia y atmósfera del paisaje.

Nuestra pequeña disfrutó de lo lindo, correteando sobre las hojas secas y descubriendo el que es, posiblemente, el fruto estrella del Otoño: la castaña.

Eso sí, aunque tu visita no coincida con el Otoño, no dudes en recorrer algunos senderos de esta zona. Es un plan ideal para disfrutar de la naturaleza sin grandes esfuerzos.

Además, el agua siempre estará presente gracias al río Genal, que cómo podéis imaginar, discurre al fondo del valle.

De hecho, en Igualeja, se puede visitar su nacimiento.

6. Visitar los coquetos pueblos del Alto Genal

Visto los espectaculares castaños del Valle del Genal, es hora de visitar sus pueblos, que no son menos bonitos.

Comenzamos con el Alto Genal, una de las dos zonas en el que se divide el valle. En ella, hay desperdigados hasta 7 bonitos pueblos blancos. Bueno, mejor decir 6 blancos y uno azul.

Porque aquí es donde se ubica Júzcar, el famoso pueblo Pitufo, ideal para visitarlo con los más pequeños de la casa.

Los otros 6 pueblos son Igualeja, Pujerra, Parauta, Cartajima, Faraján y Alpandeire.

Todos son pequeños, encaramados a las montañas y repletos de callejones y cuestas.

Por la cercanía de la ruta del Bosque de Cobre que hicimos, decidimos visitar Pujerra.

Pujerra es muy pequeño, de esos pueblos que se recorren en un par de horas, incluso parándote mucho.

Durante la Guerra de la Independencia, Pujerra tuvo una heroica participación, consiguiendo aguantar las embestidas de los franceses, quedando para la historia el dicho de:

«Napoleón, Napoleón conquistaste a toda España, pero no pudiste entrar en la tierra de las castañas«.

Además, cuenta la leyenda que el rey visigodo Wamba nació y vivió en la cercana aldea de Cenay, la cuál pertenecía a Pujerra. Incluso hay un busto dedicada a este rey.

En Pujerra puedes visitar el Museo de la Castaña, donde conocerás la historia y costumbres agrícolas del pueblo, todas muy ligadas al cultivo del castaño.

Tampoco te puedes perder la Iglesia del Espíritu Santo, el principal monumento del pueblo que data del siglo XVI.

Pero lo realmente impresionante es el Mirador de los Castaños, un balcón natural que permite contemplar el maravilloso paisaje.

7. Conocer en Alpandeire el legado de Fray Leopoldo

Sin abandonar el Alto Genal, no dirigimos a Alpandeire, aunque todos lo conocen como el pueblo de Fray Leopoldo.

Fray Leopoldo fue un monje capuchino muy conocido y querido en toda España por su caridad y honestidad. De hecho, raro es que no haya alguna estampita de él en cualquier casa de Andalucía, seas o no creyente.

Vivió gran parte de su vida en Granada pero siempre estuvo unido a este pequeño pueblo que lo vio nacer y cómo no, su recuerdo está muy presente.

El pueblo de Alpandeire es muy pequeño, posiblemente de los más pequeños de toda la zona con apenas 250 habitantes.

Pero en cambio, tiene la iglesia más grande de todos ellos, la Iglesia de San Antonio de Padua.

De hecho, se la conoce como la Catedral de la Serranía.

Y es que su tamaño, en comparación con el pueblo, es bastante llamativo y mires por donde mires, siempre sobresale del resto.

El templo, con un exterior de ladrillo visto, fue construido a principios del siglo XVI y reconstruida 200 años después. En su interior, se puede ver la pila bautismal donde fue bautizado Fray Leopoldo la cual atrae a muchos peregrinos y además, en la nave lateral izquierda hay dos momias conservadas en perfecto estado.

Cómo no, también se puede visitar la Casa Natal de Fray Leopoldo, en la calle Doctor Duarte.

No obstante, lo mejor es pasear por sus tranquilos callejones en el que te cruzaras con apenas un par de vecinos.

Y es que Alpandeire es un remanso de paz.

Para comer, no dudes hacerlo en La Bodeguita Cueva de la Higuera para probar los mejores productos locales dentro de un establecimiento incrustado en una cavidad de la montaña.

Por cierto, si tu visita coincide en días de lluvias, podrás ver El pozancón, ubicado junto a las últimas casas de la zona baja del pueblo. Se trata de una alfaguara seca que cuando llueve, revienta soltando una enorme cantidad de agua. Estas aguas, se despeñan kilómetro abajo de Alpandeire, formando una cascada de unos 50 m de gran belleza conocida como Chorrera de Vasijas.

Antes de marcharte, no puedes irte sin visitar el Mirador de Fray Leopoldo, ubicado a las afueras del pueblo.

Allí hay un monumento al monje, siempre lleno de amuletos y ofrendas.

Lo mejor son las vistas al pueblo, donde una vez más, podemos ver la gran envergadura de la iglesia y el trazado sinuoso de sus calles.

Y un poco más arriba, siguiendo la carretera, hay otro mirador con mejores vistas aún del pueblo y todo el entorno.

8. Perderte por los callejones de Benalauría

Dejamos atrás el Alto Genal y nos adentramos en el Bajo Genal, la otra zona del Valle del Genal de igual belleza y que integra 8 pueblos: Atajate, Benadalid, Benalauría, Algatocín, Benarrabá, Gaucín, Jubrique y Genalguacil.

De todos ellos, hacemos la primera parada en Benalauría, para muchos, uno de los más bonitos de toda la zona.

De blanco impoluto, colgado en la ladera del monte, rodeado de naturaleza y a rebosar de detalles.

La Iglesia de Santo Domingo es su principal monumento y las calles Iglesia y Estación, sus principales vías.

También puedes visitar el Museo Etnográfico ubicado en uno de los antiguos molinos con su antigua almazara y numerosos utensilios y herramientas de tareas agrícolas y ganaderas.

Aunque volvemos a recomendar lo mismo, que os perdáis por el pueblo sin rumbo alguno.

No te preocupes, es muy pequeño, así que allá por dónde vayas, llegarás al punto de inicio.

En esta pequeña villa apenas viven 400 habitantes, quiénes se hacen llamar jabatos aunque como ocurre en otros pueblos de la zona, son cada vez más los extranjeros que han decidido venirse a vivir aquí.

Nosotros también lo haríamos.

Y es que aquí se respira una tranquilidad a la que uno se acostumbraría bastante rápido.

A estas alturas no hace falta decir que el origen del pueblo es musulmán, de alrededor del siglo VIII y tomando el nombre de la tribu que lo habitaba, Banu-l-Hawria. Tras la reconquista cristiana, los musulmanes fueron expulsados y el pueblo fue repoblado por habitantes de Sierra Morena y el Valle del Guadalquivir. No obstante, las duras condiciones del campo y las malas cosechas hicieron que el pueblo se fuera despoblando cada vez más.

Pero en las últimas décadas, Benalauría está más vivo que nunca, con una clara apuesta por el ecoturismo y la agricultura ecológica que la han convertido en una parada casi obligada para todos aquellos que visitan la zona.

Y es que como dijimos al principio, todo el pueblo se ha volcado para que los callejones y plazas luzcan de maravilla con sus balcones llenos de flores, sus puertas de madera y cómo no, sus casas encaladas.

Todo ello, complementado por talleres de artesanía en el que se crean cerámicas, objetos de madera o de forja; o tiendas en el que venden los mejores productos locales.

Lo dicho, no dudes en visitar este coqueto pueblo.

9. Disfrutar con el arte de las calles de Genalguacil

Seguimos en el Bajo Genal para visitar el pueblo con «más arte»: Genalguacil.

Se trata de otro pequeño pueblo asentado sobre un terreno abrupto y rodeado de un frondoso paisaje de montaña compuesto por castaños, alcornoques, quejigos y pinsapos.

De blanco inmaculado, está repleto de calles sinuosas y un entramado urbano que ha logrado conservar toda la esencia de su origen musulmán.

Podría ser un pueblo más como todos los que hay repartidos por el valle, pero Genalguacil es diferente a todos ellos gracias a las obras de arte que decoran sus calles.

Tantas que se ha ganado, con todo derecho, el pseudónimo de Pueblo Museo.

El origen de esto está en los Encuentros de Arte, un evento que se creó allá por los años 90 y que aún se sigue celebrando los años pares.

En él, unos 10 prestigiosos artistas, previamente seleccionados, se instalan en el pueblo para producir sus proyectos, con la condición de que luego formen parte del museo al aire libre, siendo instaladas y expuestas de forma permanente en algún lugar del pueblo.

Es así como, poco a poco, el pueblo va engordando su inventario de obras, algunas de ellas muy chulas.

El objetivo era doble, aumentar el turismo y combatir la despoblación.

Así que lo mejor que se puede hacer en Genalguacil es ir en busca de sus mejores obras.

Camina por sus callejuelas descubriendo algunas de sus más de 200 obras: esculturas, murales pintados en las fachadas, troncos tallados, cerámicas, fotografías e incluso persianas decoradas.

Sólo tenéis que buscarlas.

Además, Genalguacil también cuenta con un Museo de Arte Contemporáneo, donde se exhiben aquellas obras que no se pueden dejar a la intemperie y exposiciones itinerantes de otras partes del mundo. El edificio es fácilmente distinguible por el lápiz gigante que hay en su fachada.

Con independencia de las obras de arte, la verdadera esencia de Genalguacil es la de perderse y deambular sin rumbo por sus infinitas callejuelas.

Déjate llevar, callejea y descubre los mil y un detalles que esconde este precioso pueblo en el que no pueden faltar los maceteros decorando las fachadas con sus buganvillas y geranios; sus interminables cuestas; y las calles que no llevan a ningún lado.

En definitiva, sumergirse en el embrujo de este entramado laberíntico de origen musulmán.

Y por supuesto, antes de irte, visita algunos de sus miradores, como el Mirador del Lentisco.

Ubicado en la misma carretera de acceso, tendrás ante ti la postal más conocida de Genalguacil.

Fue aquí donde decidimos terminar nuestra visita, viendo como poco a poco se iban iluminando cada una de las casas y calles del pueblo.

En esta entrada os contamos al detalle todo lo que puedes ver y hacer en Genalguacil.

10. Divisar el estrecho desde Gaucín

Nuestra última parada es en el pueblo de la serranía más cercano a la costa: Gaucín.

De nuevo, nos encontramos con el típico pueblo serrano de casas blancas, pequeñas callejuelas y rodeado de un bonito entorno natural.

No obstante, a diferencia de los anteriores, en este si se ve que tiene más vida gracias a que no está tan aislado.

Aquí hay un monumento que resalta sobre el resto, el Castillo del Águila ubicado sobre un impresionante peñón que domina todo el pueblo. Y justo al lado, la Ermita del Santo Niño, otro de los atractivos de Gaucín.

Realmente se trata de los restos de la fortaleza que fue levantada en un inicio por los romanos y terminada por los árabes en el siglo X. Tuvo un gran valor estratégico y fue testigo en importantes acontecimientos, como son la Guerra de la Independencia o las Guerras Carlistas.

Su última reconstrucción se hizo en el 1842, pero en 1948, tras un explosión del polvorín que lo dañó de forma importante, quedó abandonado, deteriorándose poco a poco. Hoy día, queda únicamente en pie parte de las murallas, la torre Homenaje y algunas construcciones.

La entrada es gratuita y el horario es de miércoles a domingos de 10:30 a 13:30 y de 16:00 a 18:00. Lunes y Martes cerrado.

Hay que decir que el acceso no está adaptado y por ello, al ir con la pequeña y el carrito, decidimos no subir. Eso sí, nos quedamos con las ganas de poder disfrutar de sus espectaculares vistas a todo el estrecho.

Y es que como decíamos al principio, ya estamos muy cerca de la costa y en días despejados podrás casi tocar con la mano las montañas de África y el puntiagudo Peñón de Gibraltar.

De hecho, se ha ganado el apodo de Balcón de la Serranía de Ronda.

Lo que no nos perdimos fue pasear por el pueblo con un trazado que, como podéis imaginar, tiene una gran influencia árabe.

Sin rumbo alguno, fuimos descubriendo sus rincones y algunos de sus monumentos, como son la Parroquia de San Sebastián, el Museo Etnográfico o la Fuente de los Seis Caños, que data del siglo XVII.

Pero serán sus blancas casas adornadas con rejas, lo balcones con flores, las callejuelas y su relajado ambiente, los que hagan que te enamores de este bonito pueblo.

Información Práctica

¿Cómo moverse en la Serranía de Ronda?

Para poder recorrer la Serranía de Ronda, es prácticamente indispensable moverse en coche. Existen líneas de transporte público que conectan algunos de los pueblos, pero si quieres conocer la zona en profundidad, sí o sí tendrás que tener coche.

Por ello, si no dispones de vehículo propio, os animamos a que alquiléis un coche. Resérvalo al mejor precio directamente desde este enlace.

¿Dónde alojarse en la Serranía de Ronda?

En la Serranía de Ronda, como podéis imaginar, abundan los alojamientos rurales y las pequeñas pensiones de los pueblos, salvo en Ronda, en el que sí hay establecimientos más grandes.

Nuestra base de operaciones fue en el Hotel Horcajo, ubicado cerca de Montecorto, tal vez un poco lejos de la zona a visitar. Nuestro viaje realmente era para ir a la Sierra de Grazalema, pero justo unos días antes, cerraron la provincia de Cádiz por las restricciones COVID. Así que tuvimos que cambiar de planes manteniendo el hotel.

Se trata de un precioso cortijo andaluz rehabilitado y ubicado en plena naturaleza.

Dispone de todos los servicios, incluso piscina. Además admiten mascotas.

La verdad, es que el alojamiento cumple todas la expectativas.

Aquí os dejamos este enlace para reservar al mejor precio.

No obstante, si queréis buscar algo más cercano, nuestra recomendación es que busquéis a través de este enlace el alojamiento de la Serranía de Ronda que mejor se adapte a vuestras necesidades.

Serranía de Ronda con niños

Como habéis podido comprobar a lo largo de todo el post, la Serranía de Ronda es un lugar ideal para ir con niños pequeños.

Nosotros fuimos con nuestra pequeña Alba cuando tenía año y medio y no tuvimos ningún problema.

Disfrutarán de la naturaleza o del ambiente tranquilo de los pueblos, sin apenas tráfico.

En cuanto a la logística, nosotros fuimos tanto con el carrito como con la mochila de porteo. Hay que tener en cuenta que en los pueblos hay muchas cuestas, algo que pueden fastidiar a la hora de moverse con el carrito.

Para las rutas de senderismo, obviamente, siempre hay que llevar porteo. Son rutas sencillas pero no son viables con carritos.

Hasta aquí este completo itinerario por algunos de los puntos más importante e interesantes de la Serranía de Ronda.

Para nosotros, se trata de una de las zonas más variadas de toda la provincia de Málaga mezclando historia, patrimonio y naturaleza, lo cual es imposible que uno se aburra en ella.

Sólo hay que dejarse llevar, creando vuestra propia ruta de viaje.

Porque un viaje a la Serranía de Ronda se basa en eso mismo, en desconectar de mundanal ruido y del estrés de la ciudad para volver a esa época en el que el tiempo fluía de un modo más lento.

Ojalá esta guía os sirva de ayuda y por supuesto, ¡os guste la serranía tanto como a nosotros!

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