25 cosas que ver y hacer en Fuerteventura en una semana

Tenemos que decirlo, Fuerteventura ha sido unos de los lugares que más nos ha sorprendido.

Se trata de la isla más salvaje y desértica de las Islas Canarias y en su repertorio de paisajes no faltan los volcanes, playas paradisíacas o espectaculares montañas de colores rojizos.

Lo más destacable de la isla son sus playas, catalogadas no solo como de las mejores de España, sino incluso del mundo, una fama mundial agigantada por ser además unas de las mecas del surf.

Pero en Fuerteventura también hay pueblos encantadores, increíbles miradores de montaña y una gastronomía que hará que te enamores de la isla.

Si buscas desconexión, bueno rollo y paisajes increíbles, éste es tu lugar.

Os contamos las 25 cosas que hay que ver y hacer en Fuerteventura en una semana:

1. Pasear por el pueblo de Corralejo

Corralejo es uno de los centros turísticos más importantes de la isla con una gran oferta hotelera y de servicios muy dirigida, sobre todo, al público inglés y alemán. Pero a pesar de ello, su casco antiguo aún conserva la esencia marinera, con pequeñas casas de color blanco y una pequeña playa urbana de aguas calmadas, ideales para ir con la familia.

Lo mejor que se puede hacer en este pueblo es dar un tranquilo paseo y cómo no, sentarse en algunas de sus terrazas para comer buen pescado.

Por cierto, para nosotros, Corralejo es el mejor lugar para alojarte en Fuerteventura.

2. Disfrutar de las Grandes Playas de Corralejo

Justo a las afueras de Corralejo se sitúa uno de los atractivos naturales más interesantes de la isla: el Parque Natural de las Dunas de Corralejo.

Este espacio protegido cuenta con 2.600 hectáreas de puro disfrute paisajista, con dunas de arena fina que se entremezclan con preciosas playas de color turquesa y arena blanca de jable.

A lo largo de todo el parque nos encontraremos con playas para todos los gustos, desde extensos arenales en el que se suelen practicar deportes acuáticos como son el surf o el kitesurf; a las playas que hay a las puertas del inmenso Hotel Riu, muy familiares y con bastantes servicios.

Pero es una vez pasado el hotel, donde se encuentran las pequeñas calas, mucho más salvajes y tranquilas que las playas anteriores. Playa del Dormidero, del Moro o la Alzada son algunas de estas preciosas calas que se te quedarán grabadas en la retina.

Para nosotros, las mejores de playas de Corralejo.

3. Posturear en las infinitas Dunas de Corralejo

En un parque natural repleto dunas no podía faltar una buena sesión de postureo.

Y es que a ambos lados de la pintoresca carretera FV-1 encontrarás grandes extensiones de dunas de arena blanca, algunas con hasta 50 metros de altura. Junto con los conos volcánicos de fondo, conforman un paisaje de lo más bello y curioso.

Obviamente, ante tanta belleza, es obligado pararse con el coche al lado de la carretera para lanzarse en la búsqueda de esa típica foto en la que parece que estamos recorriendo un desierto.

Si podéis, intentad coincidir la visita al atardecer o el amanecer.

¡No os arrepentiréis!

4. Subir hasta la cima del volcán Calderón Hondo

El norte de la isla está repleto de impresionantes conos volcánicos que crean un paisaje digno de otro planeta, con unas tonalidades rojizas y anaranjadas que te dejarán hipnotizados.

Se trata de unos volcanes muy recientes que se generaron hace 50.000 años y cuya actividad hicieron que la isla aumentase en 120 kilómetros cuadrados, acercándola a Lanzarote y creando la isla de Lobos.

De todos estos conos hay uno al que se puede acceder hasta su cima a través de senderos muy bien señalizados y tras una caminata bastante sencilla de 40 minutos.

Se trata del volcán Calderón Hondo con un cráter de 70 metros de profundidad y 278 metros de altura.

Una vez arriba tendrás unas de las vistas más espectaculares de la isla pudiendo contemplar todo el norte de Fuerteventura y el resto de conos volcánicos.

5. Relajarte en el pueblo de Majanicho

En el punto más al norte de la isla se ubica este pequeño pueblo pesquero de aguas tranquilas protegidas por una pintoresca bahía.

Más que un pueblo, se trata de una aldea con pequeñas casitas blancas, puertas de colores desgastadas por el salitre y las pequeñas barcazas varadas en las arena.

Hay que decir que aquí no hay nada, ni comercios ni restaurantes, sólo la esencia auténtica de un lugar que parece anclado en el tiempo.

Relax en su máxima expresión.

Al estar muy cerca del hotel, vinimos un par de veces a contemplar el amanecer, brindándonos de algunas de las postales más auténticas de la isla.

Un rincón que nos encantó.

6. Divertirse en la curiosa Popcorn Beach

Muy cerca de Majanicho y siguiendo el camino de tierra que parte desde allí, llegamos a unas de las playas más instagrameables de Fuerteventura: Popcorn Beach.

Sí, la playa de las palomitas y os podéis imaginar por qué.

El origen de esta peculiar playa de 850 metros de largo (ubicada en la Caleta del Hierro) está en el proceso de erosión del mar sobre algas calcáreas y que con el paso del tiempo le han ido dando esa forma similar al de las palomitas de maíz.

La verdad, es que esta playa es única en el mundo y no es de extrañar que muchos turistas vengan hasta aquí para hacerse las divertidas fotos.

El problema está en que la gente es bastante inconsciente y son muchos los que se llevan como recuerdo estas peculiares “palomitas”. Uno tras otro, están dejando la playa si ellas y hasta el ayuntamiento ha tenido que lanzar una campaña de sensibilización.

Por favor, hazte todas las fotos que quieras pero después, déjalas allí. 😉

7. Encontrar un buen alojamiento

Si hay algo que no faltan en Fuerteventura son hoteles, muchos de ellos espectaculares.

Por ello, un buen viaje a esta isla debe contener al menos un día de puro relax en algunas de esas piscinas infinitas o toboganes.

Nosotros nos alojamos en el Pierre & Vacances Fuerteventura Origo Mare, donde disfrutamos de lo lindo con nuestra pequeña Alba.

En esta entrada os contamos todo lo que debes saber sobre el alojamiento en Fuerteventura.

8. Visitar algunos de sus faros

Como en cualquier otra isla, en las costas de Fuerteventura podemos encontrar varios faros, algunos de ellos preciosos. Siempre decimos que lo faros tienen un halo de misterio que nos atrae, seguramente por ese sentimiento de soledad que tenían los antiguos fareros en aquellas noches largas de pleno temporal.

Sí, nos encantan lo faros y siempre que tenemos la oportunidad de visitarlos, allá que vamos.

Nosotros, por cercanía del hotel, visitamos el Faro del Tostón, muy cerca de El Cotillo.

Además de estar ubicado en unos de los entornos más bonitos del norte de Fuerteventura, como son las Playas de los Charcos, a sus pies está el Museo de la Pesca Tradicional.

Pero lo dicho, no es el único faro de la isla y os animamos a que los visitéis.

9. Darte un tranquilo baño en la Playa de La Concha

La Playa de La Concha, ubicada la norte del Cotillo, es posiblemente la playa con el agua más tranquila de la isla, gracias a que está protegida por un arrecife natural.

Esta playa, sin apenas oleaje y aguas cristalinas, tiene además una de las arenas más finas y blancas de la isla que la convierten en un pequeño Caribe de 220 metros de longitud.

Sería un pecado no darte un tranquilo baño en sus aguas.

10. Darte un homenaje en el restaurante Vaca Azul

La Vaca Azul es el restaurante más famoso de El Cotillo y para muchos, el lugar donde se sirve el mejor pescado de la isla.

Con esas opiniones teníamos claro que si nos íbamos a dar un homenaje, este sería el lugar elegido y la verdad es que no nos arrepentimos para nada.

Por si fuera poco, el restaurante tiene una ubicación privilegiada, en pleno acantilado y con vistas al puerto viejo, siendo una gozada comer en su terraza con el sonido de las olas rompiendo al lado tuya.

¿Se puede pedir más?

Una vez terminemos con la comilona, que mejor que dar un pequeño paseo por el casco antiguo de El Cotillo.

Se trata de un pueblo tranquilo de estilo marinero con casas bajas, blancas y azules.

Sorprende mucho los varios murales de fotografías relacionadas con el mar y la práctica de deportes acuáticos.

11. Contemplar el atardecer desde El Cotillo

Al contrario del norte, las playas del sur de El Cotillo son mucho más salvajes, con imponentes olas y fuertes corrientes que incitan a todo menos al baño.

Y es que la mayoría de las playas que dan a la costa oeste de la isla tienen un comportamiento similar.

Pero es esta bravura del mar lo que atrae a surfistas de todo el mundo a cabalgar sobre sus olas, convirtiendo a la isla en unos de los puntos más idóneos del mundo para la práctica de este deporte.

Estas playas del sur de El Cotillo son preciosas, con extensos arenales encajonados entre dramáticos acantilados.

Cuanta más baja esté la marea, más espectacular se vuelve la playa.

Así, a lo largo de varios kilómetros se van sucediendo una tras otra como son la Playa del Castillo, la Playa del Aljibe de la Cueva, la Playa del Águila o la Playa del Esquinzo.

Todas iguales de espectaculares.

Nosotros os proponemos que contempléis el atardecer desde el borde de algunos de estos acantilados.

Estaréis ante unos de los mejores atardeceres de toda Fuerteventura.

12. Aprender a practicar surf

A pesar de todas las cosas que hicimos en Fuerteventura, hubo una de la que nos arrepentimos de no haber hecho: apuntarnos a clases de surf.

Y es que llevamos mucho tiempo queriendo aprender a practicar surf.

Al final por una cosa o la otra, no pudo ser, aunque también tenemos que reconocer que nos da un poco de miedo. No obstante, estar en playas tan surferas como son las de El Cotillo, La Pared o la costa de Majanicho han hecho que esas ganas de surfear aumenten y esperamos que pronto podamos hacerlo.

Así pues, te animamos a que no hagas como nosotros y que si puedes, intentes al menos apuntarte a algún curso de iniciación de surf.

Fuerteventura es uno de los mejores lugares del mundo para ello.

13. Rendir tributo a la montaña sagrada de Tindaya

Los majos de Fuerteventura consideraban a Tindaya (montaña grande en aborigen) como la montaña sagrada con la creencia de que tenía propiedades mágicas, de ahí que en sus laderas se puedan encontrar hasta más de 300 grabados.

A pesar de no ser una montaña muy alta, destaca por el hecho de estar en medio de un paisaje bastante llano y por supuesto, árido, muy árido.

Aunque se puede subir a la cima (con permiso y guía autorizado), nosotros os recomendamos que la contempléis desde el Mirador de Vallebrón, justo al lado de la montaña.

Desde este mirador, obtendrás unas espléndidas vistas tanto de la montaña de Tindaya como de toda la zona noroeste de la isla.

14. Ir en busca de los pintorescos molinos de viento

A lo largo de la isla de Fuerteventura se reparten cientos de molinos de viento, unos molinos que ya forman parte del paisaje más característico del interior de la isla.

Es por ello, que en una ruta por ese interior no debe faltar la visita a algunos de estos molinos para así conocer la otra cara de Fuerteventura, la que se dedicaba a explotar las extensas áreas de cultivo de cereales y que a través de dichos molinos llenaban las alacenas de otras islas de pan, grano y por supuesto, el famoso gofio.

La aparición de estos molinos vino favorecida por la constante presencia de los vientos alisios, de ahí que durante los siglos XVIII al XIX se fueran instalando a lo largo de las extensas llanuras del centro y norte de la isla.

Muchos de estos molinos han sido minuciosamente restaurados, luciendo el aspecto que tenían en sus mejores días siendo declarados como Bien de Interés Cultural (BIC).

Nosotros, a pesar del poco tiempo que teníamos, nos desviamos para visitar los dos que hay en Villaverde y el de Tefía, considerado como el más bonito de la isla.

Pero como hemos dicho, hay muchos más que merecen la pena conocer.

¿A qué molan?

15. Enamorarse de Betancuria

Y es que Betancuria es el pueblo más bonito de Fuerteventura.

Lo más curioso, es que este pequeño pueblecito, que en la actualidad tiene apenas 800 habitantes, fue durante cinco siglos la capital de la isla (hasta 1834) y el primer pueblo que se tenga constancia de todas las Islas Canarias, de ahí la cantidad de atractivos que se esconden en su minúsculo casco antiguo.

La razón, no es más por el capricho de Jean de Béthencurt, conquistador de la isla y que decidió crear “su” propia ciudad.

Sus casas, de impoluto blanco; la decoración de sus calles, con plantas que adornan todos los rincones; y la ubicación del propio pueblo, encajonado en un valle montañoso rodeado de palmeras, lo convierten en unos de los lugares más fotogénicos de la isla.

Imprescindible visita.

16. Contemplar las montañas desde el Mirador Astronómico Sicasumbre

Ubicado al sur de Fuerteventura, en la carretera FV-605 que une Pájara y la playa de La Pared, nos encontramos con unos de los miradores más particulares de la isla.

Se trata del primer mirador astronómico de la isla, instalado aquí gracias a la poca contaminación lumínica de la zona y que lo convierte en el rincón perfecto para contemplar las estrellas. Incluso hay paneles informativos que te ayudaran a la identificación de las constelaciones y soportes para que los aficionados puedan instalar sus propios telescopios y equipos fotográficos.

Nosotros, que teníamos el hotel al norte de la isla, decidimos no quedarnos para ver sus estrellas, pero lo que no perdonamos fue contemplar su precioso atardecer con un paisaje de ensueño de fondo.

Y por supuesto, también nos hicimos la foto con la escultura más molona de la isla. 🙂

17. Disfrutar de su gastronomía

Hay que decirlo, en Fuerteventura y en general en todas las Islas Canarias se come de maravilla.

Como os podéis imaginar, el buen pescado no falta en las cartas de los restaurantes de los pueblos de costa y en el interior, la carne de cabrito es lo más común.

Luego están las papas arrugadas, nuestro mayor vicio en la isla.

¡Hay que ver lo buenas que están las papas con mojo!

Pero si hay algo que nos sorprendió, fue el queso Majorero, el queso autóctono de la isla de Fuerteventura. Se elabora con leche de cabra y lo puedes encontrar en varias modalidades: fresco, semicurado, curado e incluso con pimentón. Es muy normal que en los restaurantes sirvan tablas con los distintos tipos de queso.

Tan importante es este queso para la isla que incluso hay un Museo del Queso Majorero.

¡Nos encantó este queso!

18. Y por supuesto de su cerveza

Dorada y Tropical son las dos cervezas más famosas de las Islas Canarias.

La que más vimos por Fuerteventura fue la Tropical ya que es la que se fabrica en Gran Canaria y que os vamos a decir, a nosotros nos encantó.

Nunca hay excusa para tomarse una buena cervecita en alguna terraza.

La buena vida. 🙂

19. Conocer su fauna más característica

Fuerteventura es una isla casi desértica y por lo tanto su fauna no es muy extensa, destacando los insectos y las aves marinas.

Pero entre los turistas, hay tres animales que llaman especialmente al atención, sobre todo porque se encuentran en los lugares más turísticos de la isla, especialmente en los miradores del interior.

La cabra majorera es el más conocido, pilar básico de la industria ganadera de la isla y el símbolo más característico de la isla.

De hecho, en Fuerteventura hay más cabras que habitantes. De su leche sale el delicioso queso majorero que antes comentábamos y en los restaurantes del interior, raro es que entre sus platos más demandados no esté el cabrito asado. Pero a nosotros nos gusta más verlos en libertad, viendo como rebuscan comida en los escasos matorrales y saltando de roca en roca. Será muy difícil no encontrarse con ellas en algún punto de la isla como son las dunas, las montañas e incluso en las playas.

El siguiente animal más famoso entre los turistas son las graciosas ardillitas que suelen rondan por los miradores o en cualquier punto del interior de la isla.

Se trata de la ardilla moruna y por mucho que sorprenda, se trata de una especie invasora que se ha ido expandiendo poco a poco hasta llegar al millón de ejemplares.

El origen de la invasión se produjo en 1965, cuando un vecino de Gran Tarajal trajo dos ejemplares de una antigua colonia española del norte de África. Tras el escape de unas de ellas, soltaron a la otra y en apenas tres años ya habían creado una colonia, algo que se convirtió en una atracción para los vecinos, que no paraban de alimentarlas, fomentando aún más la invasión. Por ello, no está permitido darles de comer y además, se recomienda extremar la precaución con estos animalillos, ya que por muy simpáticos que parezcan, con una sola mordedura podrán transmitirte varias enfermedades.

Por último, no nos podemos olvidar de los cuervos.

Sí, en Fuerteventura también hay cuervos y suelen rondan los miradores del interior en busca de algo de comida de los turistas.

Se trata del Cuervo de Canarias y aunque en el resto de las islas es una especie que está bastante amenazada, en Fuerteventura pasa justo contrario, siendo incluso un problema para los ganaderos debido a la gran cantidad de ejemplares que hay y que atacan con bastante frecuencia a las baifos (crías de las cabras).

Lo dicho, si visitas algún mirador del interior de Fuerteventura, lo más normal es que algunos de estos cuervos te estén observado.

20. Hacer una excursión a la Isla de Lobos

La Isla de Lobos es una pequeña isla de poco más de 4 kilómetros cuadrados ubicada a tan solo 2 kilómetros del norte de Fuerteventura.

Dicen que contiene una representación de los mejores paisajes de Fuerteventura, ya que en su diminuto espacio podrás encontrar un volcán, un pequeño pueblecito marinero, varias playas paradisíacas e incluso un faro.

La isla es una auténtico remanso de paz, sin carreteras y con únicamente una decena de pequeñas casitas que hacen de “pueblo”.

Entre sus atractivos, el más destacado es su puertito, donde se ubican las casas y donde podemos bañarnos o practicar snorkel en las que son posiblemente las aguas más cristalinas de toda Fuerteventura.

Una delicia para los sentidos.

Cómo no, no puede faltar la foto de rigor al borde del muelle de madera, de las más famosas de la isla.

No nos hubiera importado habernos quedado el día entero aquí disfrutando de la vida.

Otro lugar que no os debéis perder es la Playa de la Concha, con un arenal mucho más extenso que la anterior y sin prácticamente turistas.

Si os sobra tiempo, os recomendamos que recorráis la isla a través de los varios senderos que hay, aunque debido a la protección de la flora y fauna, está totalmente prohibido salirse de de ellos, algo que debemos respetar para conseguir preservar y conservar este espacio natural.

Para acceder a la Isla de Lobos, lo más fácil es tomar alguno de los ferrys que parten casi cada hora desde el puerto de Corralejo en un trayecto que no dura más de 15 minutos. También existe la posibilidad de contratar un watertaxi o una excursión en catamarán con comida incluida.

Importante: es obligatorio sacar un permiso para poder visitar la isla, un normativa que trata de limitar a 200 el número simultáneo de visitantes con el objetivos de proteger el entorno natural de la isla.

El permiso, que es gratuito, se solicita online en la siguiente dirección: www.lobospass.com

Se puede solicitar hasta 5 días antes y tendrás que elegir entre dos horarios distintos:

  • Pase de mañana (10 a 14 horas)
  • Pase de tarde (de 14 a 18 horas).

Comentar que nosotros pudimos acceder con el carrito de nuestra pequeña y aunque no pudimos recorrer por completo la isla, si disfrutamos de sus dos principales playas sin problema.

Sin duda alguna, es algo que tenéis que visitar sí o sí en Fuerteventura.

21. Maravillarte con la carretera FV-30 y sus impresionantes miradores

La carretera FV-30, que da acceso a Betancuria y termina en Pájara, es sin lugar a dudas la más espectacular de toda la isla.

Esta sinuosa carretera, que por cierto está en un estado perfecto, atraviesa todo el Parque Nacional de Betancuria brindándonos de un paisaje que quita el hipo.

Y lo mejor de todo es que en sus pocos más 20 kilómetros, nos encontramos con cuatro de los mejores miradores de la isla.

Uno de estos es el Mirador de Guise y Ayose, famoso por las dos grandes estatuas que representan los antiguos reyes autóctonos de la isla que gobernaban los reinos de Jandía y Maxorata.

Las vistas son más que espectaculares.

Unos metros antes, está el Mirador de Morro Velosa, famoso por ser obra de César Manrique aunque nosotros, por falta de tiempo, decidimos no pararnos.

Pasado Betancuria y en dirección a Pájara, la carretera se va volviendo cada vez más espectacular y no apta para los que sufren de vértigo. De verdad, las tonalidades y formas de las montañas son hipnóticas y hay que hacer un esfuerzo muy grande para no perder la mirada de la carretera.

Por suerte, hay dos miradores más para poder contemplar con tranquilidad el paisaje, el de las Peñitas y el del Risco de las Peñas.

Por cierto, como ya comentamos antes, este es un lugar muy frecuentado por los cuervos.

22. Alucinar con los abruptos acantilados de Ajuy

Ajuy es un tranquilo pueblo pesquero muy conocido por unas espectaculares cuevas costeras que el mar ha ido moldeando con el paso del tiempo. Estas cuevas son accesibles por medio de un sendero que parte desde la misma playa y que en marea baja te permite incluso adentrarte en ellas.

Pero además, este rincón tiene una gran importancia desde el punto de vista geológico por el hecho de ser el lugar con las rocas más antiguas de las Islas Canarias, cuando hace 70 millones de años se empezaron a formar.

Nosotros, que llegamos bastante tarde y que ademas íbamos con el carrito de la pequeña, decidimos quedarnos al borde del acantilado para contemplar el atardecer sobre la bonita playa de arena negra.

Nos quedamos con las ganas de ver esas cuevas pero mejor, así tenemos la excusa perfecta para volver de nuevo a Fuerteventura. 🙂

23. Visitar la surfera playa de La Pared

Seas a o no surfero, La Pared no deben faltar en tu ruta por Fuerteventura.

Son dos las principales playas de esta localidad costera, la del Viejo Rey y la propia de La Pared.

Este lugar se ha convertido en meca del surf por tener unas de las mejores olas de la isla, además de ser unas de las más bonitas, con su arena negra y encojada en unos abruptos acantilados.

Realmente, son muy parecidas a las de Ajuy o las del sur de El Cotillo y como podéis imaginar, con un atardecer de ensueño.

Y eso justo hicimos. 🙂

24. Pasear por los inmensos arenales de la Playas de Sotavento

Probablemente estas sean las playas más icónicas de Fuerteventura y la imagen más común en los folletos turísticos o de cualquier búsqueda de Internet.

Sí, esa playa con infinitos arenales que según el estado de la marea se crean gigantes lenguas de arena que se entremezclan con un mar de intenso azul turquesa.

Realmente se trata de una laguna-playa de casi 10 kilómetros formado en su conjunto por hasta cinco playas: La Barca, Risco del Paso, Mirador, Malnombre y Los Canarios.

Durante la marea baja la laguna se queda completamente seca, convirtiéndose en una gigantesca playa, pero es al subir la marea cuando el lugar se vuelve mágico. El agua vuelve a llenar la laguna y en ambos extremos se forman dos inmensas lenguas de arenas que se mantienen firmes antes los suaves embates de las olas.

¡Una maravilla de paisaje!

Aquí el agua es mucho más tranquila que en otras partes de la isla, pero el viento si suele estar presente y es por ello que en esta playa se celebre el campeonato mundial de windsurf.

Aunque también es muy común aquí la práctica del kitesurf.

Como podéis imaginar, es un lugar ideal para volar un dron, sobre todo para conseguir captar la inmensidad del paisaje a través de las perspectivas aéreas, pero a falta de dron, buenos son los varios miradores que hay repartidos por el lugar.

El más lejano es el Mirador El Salmo, donde pondrás ver la laguna y la barra de arena que se levanta a unos cientos metros de ella.

Un poco más cerca, está el Mirador del Sotavento, ubicado en el punto más alto de una pequeña colina que hay justo al lado del aparcamiento de la playa.

Las vistas son muy parecidas al anterior mirador pero mucho más cercanas a la playa.

Y si queréis otra mirador un poco más secreto, desde el Hotel Meliá parte una pista de tierra que te llevará a una vistas privilegiadas de la zona central de la laguna.

La verdad, es que esta playa no puede faltar en un viaje a Fuerteventura.

25. Visitar la recóndita Playa Cofete

Para el final, dejamos la que es posiblemente la playa más salvaje e inaccesible de Fuerteventura: la Playa de Cofete.

Y es que para llegar, no solo tendrás que desplazarte hasta casi al extremo sur de la isla, sino que además, hay que recorrer casi 20 kilómetros de una pista sin asfaltar, llena de curvas y bastante estrecha en algunos de sus puntos.

Sí, el camino es desalentador, pero no desistas.

Cuando llegues al mirador, podrás vislumbrarla por primera vez desde la lejanía.

Pero es una vez abajo cuando sabrás que ha merecido la pena venir hasta aquí.

12 kilómetros de playa virgen de preciosa arena dorada, un agua de azul turquesa intenso y escarpadas montañas que parecen salvaguardar y proteger del exterior a este impresionante lugar.

Aquí te sentirás pequeño, abrumado por lo que la naturaleza ha sido capaz de moldear y esculpir a lo largo del tiempo.

La única pega, es que el mar aquí es muy peligroso, así que nada de bañarte, solo disfrutar del paisaje y a dar largas caminatas por la orilla.

Como podrás imaginar, es una playa prácticamente desierta, sobre todo cuanto más te alejes del único aparcamiento que hay pie de playa.

Y en cuanto a servicios, pues imagínatelos: ninguno.

Ni duchas, ni vigilantes y por supuesto, ni chiringuitos. Sólo un cementerio…

Lo único que encontrarás, poco antes de llegar al aparcamiento, es la aldea de Cofete, con un restaurante donde podrás comer o simplemente comprar unos bocadillos.

Nosotros, que íbamos con nuestra pequeña, no pudimos dedicarle todo el tiempo que merecía el lugar y menos aún, quedarnos hasta tarde con el camino de vuelta que quedaba.

Pero Lorena y yo nos hicimos la promesa de que algún día volveremos para hacer noche en esta playa contemplando el atardecer y amanecer desde la furgo de nuestros sueños.

Ojalá podamos cumplirlo.

Creo que no hay mejor manera de acabar este post que con este impresionante lugar.

Una playa que por sí sola representa todo lo que es Fuerteventura: playas salvajes, días soleados y una naturaleza casi indomable.

Ya lo dijimos al principio de la entrada: Fuerteventura ha sido unos de los lugares que más nos ha sorprendido.

Y es que volvimos enamoramos de esta isla y si hay algo que tenemos claro, es que volveremos a visitarla.

¡Ojalá os guste tanto como a nosotros!

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